A por Navarra. Por Carmen Álvarez.

Todavía hay miles de navarros que no quieren ser lo que no son, no quieren ser anexionados por nadie, ni pasar a formar parte de una mentira. Los navarros no son vascos e históricamente nunca lo han sido. Más vale que se organicen y luchen con constancia e inteligencia contra la invasión que se está produciendo en su región. Si no lo hacen ahora, llegará el lloro y el crujir de dientes. Además de las urnas, es necesario arrebatarles la calle y el discurso.

 

En la era de lo políticamente correcto lo suyo es decir que todas las ideologías son respetables. Todas las simplicidades que se les ocurran serán aceptadas gustosamente por el personal si están orientadas en la dirección correcta. Esto es, lo que está de moda. Y ahora se lleva mucho el derecho a decidir de los pueblos. ¿Quién puede decir que no a algo tan hermoso? Este concepto que nos ha colado el nacionalismo como inapelable, es su caballo de Troya para mostrar una cara amable –la revolución de las sonrisas– y un argumento simplón al alcance de los más susceptibles al sentimentalismo y la emotividad.

Pero pongamos las cosas en su justo lugar. Cuando hablamos de nacionalismo, hablamos de una doctrina cuasireligiosa que se sustenta en la superioridad de un pueblo –milenario siempre- con unas características específicas y diferentes al resto de la humanidad. Sobre todo, radicalmente distinto a los pueblos colindantes a su territorio; cosa que no deja de ser curiosa.

Uno de los ejemplos más claros es el nacionalismo vasco, cuya génesis pretende ser tan profunda como absurda es en cuanto a su mitología, no muy diferente a de la de otros nacionalismos. Pero no es necesario ir a la prehistoria –podríamos remontarnos a Túbal, nieto de Noé- teniendo el cuerpo de doctrina del nacionalismo vasco perpetrado por el insigne Sabino Arana a finales del XIX; aplicable sólo para vizcaínos en principio y luego extendido a las otras provincias. Arana, ese héroe que dejó para la posteridad –entre otras cosas- un legado de odio, racismo, supremacismo, el invento de la ikurriña y la denominación actual de las provincias vascongadas: Euzkadi, patria de los vascos, término que ahora todo el mundo utiliza de manera incomprensible.

Pero desde Arana, las cosas han cambiado mucho. Si se analiza el grado de autonomía alcanzado por los vascos en el último periodo de la historia de España, es difícil entender qué pueden reclamar que no tengan ya. De facto, existe en España un miniestado llamado Comunidad Autónoma Vasca, del cual se ha desterrado todo símbolo español, con una capacidad legislativa y de financiación que ya quisieran para ellos muchos Estados federales. La prueba de esto es que, pese a que siempre mantienen un discurso reivindicativo y victimista, los vascos no se han echado al monte como han hecho los catalanes. Por varias razones.

La primera, porque desgraciadamente se recogieron muchas nueces en los años de terrorismo. Sí, a costa de muertos -casi mil- junto con miles de víctimas olvidadas ya por los políticos españoles. Ya no hay muertos, pero del miedo, del terror y de la amenaza quedó el silencio y el exilio impuesto a buena parte de los vascos que no comparten el separatismo. En segundo lugar, porque el Estado -igual que ha pasado con Cataluña- ha hecho dejación de sus funciones durante décadas, entregando enormes cuotas de poder que han permitido a los separatistas educar a varias generaciones en una gran mentira. Por cierto, una mentira bastante burda y fácil de desmontar a nada que se tenga un mínimo conocimiento de historia. Una vez erradicado ese mínimo, la vía es ancha para sembrar sentimientos y emociones.

Pero al nacionalismo vasco le falta lo que ellos consideran la joya de la corona. En palabras del nefasto Jesús Egiguren, el tronco de Euskal Herria: Navarra. Los ojos del separatismo vasco siempre han estado puestos en la mítica Navarra, considerada una realidad vasca incuestionable y no sujeta a negociación. Su proyecto nacional se verá completo sólo cuando Navarra forme parte jurídicamente de Euzkadi. Así pues, llegada al gobierno navarro Uxue Barcos representando a Geroa Bai junto con Bildu, Izquierda Ezkerra y Podemos – lo mejor de cada casa- ya se están utilizando todos los medios para que la realidad social termine imitando a la realidad institucional. Para ello es necesario sustituir los símbolos navarros por los vascos e implantar el nacionalismo identitario en las escuelas y lugares públicos, aunque esto cueste la fractura social que el separatismo produce allá donde aparece. Fijémonos en Cataluña, Valencia o Baleares por ejemplo. No hablamos de una ideología inocua e inocente, sino de una doctrina excluyente que se asienta mediante la imposición y la exclusión del disidente de la vida pública. Por mucho que se hable de pluralidad, no es posible convivir en libertad con ningún movimiento separatista.

Todavía hay miles de navarros que no quieren ser lo que no son, no quieren ser anexionados por nadie, ni pasar a formar parte de una mentira. Los navarros no son vascos e históricamente nunca lo han sido. Más vale que se organicen y luchen con constancia e inteligencia contra la invasión que se está produciendo en su región. Si no lo hacen ahora, llegará el lloro y el crujir de dientes. Además de las urnas, es necesario arrebatarles la calle y el discurso.

El nacionalismo vasco y pancatalanista avanza como una apisonadora sobre sus objetivos y no tiene pensado replegarse. Ahora van a por Navarra, Valencia y Baleares, hasta ahora con excelentes resultados para ellos. Ya hemos visto que del Estado se puede esperar poco, así que todo está en manos de los españoles. Reaccionemos por España.

Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

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