No hay nada ganado. Por Carmen Álvarez

Después de cinco años y unos últimos meses devastadores para cualquiera que tenga un mínimo de sentido común, parece que estos últimos días empezamos -los del sentido común- a levantar cabeza. La mayoría silenciada en Cataluña está rompiendo su silencio de forma espontánea, sin nadie que la lidere más que el hartazgo, el asco y el sentimiento más fuerte que el miedo de no dejarse doblegar.

De pronto, al independentismo chuleta y descarado, al Pepito piscinas de la política, al macarra de barrio,  las cosas le están viniendo mal dadas. No sólo por el despertar de la mitad de la sociedad de la catalana sino porque las grandes empresas y los principales bancos han decidido no esperar ni media tontería más y cogen los trastos y se van. Si hay un indicador de la fe en un proyecto es el dinero. Y ha quedado más que demostrado que el dinero no cree en la República Independiente Feminista Bolivariana Catalana y de todos los Santos. Pero esto no creo que afecte demasiado al fanático de la calle. Es más, el separatista pata negra se vendrá arriba y arengará a las masas aludiendo a su superioridad: “no se van, los echamos”. La prueba está en sus primos de Compromís en Valencia que han dicho que no los quieren allí. La ideología y la patria por delante. Así cavilan.

Así las cosas, todos estamos un poco más contentos y animados ante el futuro. Pero el peor error que podríamos cometer es pensar que todo esto se lidia en unos días. Después de la euforia de las manifestaciones del fin de semana, necesitaremos dos cosas: firmeza y constancia.

Firmeza con la ley en la mano, vigilando al gobierno para que no haya ni media concesión a los sediciosos y, llegado este caso, saliendo a la calle cuantas veces haga falta para hacerle entender a los políticos que con España no se trafica más y que no votaremos a quien venda lo que es de todos.

Firmeza de ánimo no sólo contra el nacionalismo catalán, sino contra todos los nacionalismos que se mueven por España. Aprendamos y miremos hacia Valencia, Baleares, Navarra, Galicia y algo en Andalucía. No he nombrado las vascongadas porque allí ya no existe España. Muchos creen que el nacionalismo allí está apagado. Gravísima equivocación. Está, simplemente, cómodo porque ha logrado copar absolutamente toda la vida de los vascos y el Estado español no tiene presencia allí. Así que con el cupo están estupendamente, ¿para qué necesitan más?

Si no queremos que esto se repita en más lugares de España hagamos algo por proteger y solidarizarnos con los ciudadanos de estas regiones contra el  supremacismo excluyente cuyo aliento ya sienten en la nuca. La lucha no es contra el separatismo catalán. Ha de ser una lucha total contra el nacionalismo como ideología racista, mentirosa, totalitaria, xenófoba, violenta, antidemocrática y por supuesto, antiespañola. Si no diagnosticamos correctamente el problema que tenemos en España no seremos capaces de vencer.

Constancia en la adversidad. Habrá momentos desoladores. No olvidemos que cuando surgió el espíritu de Ermua todos creímos que era tan fuerte que no habría vuelta atrás. Y la hubo. Los políticos son inconstantes porque se deben a sus propios intereses. Lo que estamos viendo y aprendiendo ahora sobre el nacionalismo no lo olvidemos si esto llega a tranquilizarse. Seamos capaces de sacar algo en limpio de este desastre y dejar atrás complejos patrióticos. A la espera de lo que tenga que hacer el Gobierno de España, que por ahora no se ha lucido precisamente, seamos conscientes de que a España la defendemos los españoles. Nadie lo va a hacer por nosotros.

Sin dejarnos llevar por la euforia del momento, asumamos que vienen tiempos difíciles con altos y bajos y nosotros somos los protagonistas. Cualquier ataque a un español en cualquier lugar es un ataque a todos. Con firmeza, con la ley en la mano y con constancia se puede ganar. Pero no tenemos nada, absolutamente nada asegurado.

 

Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

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