¿Ya podemos opinar? Texto de Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

“Vergüenza me produce la actuación del Gobierno de España. Lenta, torpe, a remolque como siempre, sin destacar la aportación de las fuerzas de seguridad estatales, permitiendo ser tratado poco menos que como un figurante y resultando totalmente incompetente, como casi siempre, en el terreno de la comunicación”

Liquidado el último terrorista de la célula islamista que atentó en Barcelona y Cambrils, culminada por tanto la parte más visible de la operación de caza de los asesinos, ya podemos opinar con más libertad de todo lo que ha rodeado tan terribles hechos.

De entrada es forzoso reconocer que, en lo que se refiere a esa parte “visible” de la operación (la posterior al atentado), esta se ha desarrollado con una eficacia y contundencia insólitas: seis terroristas muertos en los cuatro días siguientes a los atentados, cinco de ellos en la misma operación, cuatro por el mismo agente. Además, claro está de los dos o tres muertos en la explosión de Alcanar. Pocas veces en la reciente historia policial europea se ha visto, hasta donde recuerdo, una reacción tan fulminante y expeditiva. Ya se ocupará quien corresponda de analizar si había órdenes expresas de matar y quién las dio en ese caso. No seré yo desde luego quien las critique si han existido, pero como en cualquier país democrático es justo y necesario saber si nuestros gobernantes, en este caso los que dirigen directamente a los Mossos, han ordenado lisa y llanamente eliminar a todos los componentes del comando, con las consecuencias que de ello pudiesen derivarse. No me cabe duda de que los tan incisivos miembros de las CUP, tan convencidos de que el terrorismo es culpa del capitalismo y tan críticos siempre con las actuaciones policiales, se interesarán por el sorprendente hecho de que no exista un solo herido al que interrogar y sí casi una decena de muertos. Pero repito para los mal pensados: bien muertos están. Por desgracia estoy convencido de que hay un apreciable número de terroristas islamistas para los cuales la única manera de ser apartados de su particular guerra santa es la eliminación física. Pero insisto: somos una democracia y hemos de saber.

Dicho lo cual, y aplaudidos los Mossos por esta acción (que por cierto debería hacer considerar, en otro contexto, que no se trata de un cuerpo de segunda fila al que se pueda pensar en desactivar fácilmente), hay que referirse lamentablemente a la actuación de los políticos en este asunto. Y ahí los aplausos mutan en bochorno e indignación.

Indignación y exigencia de responsabilidades políticas merece sin duda la alcaldesa de Barcelona, que rechazó la recomendación de la policía española para colocar obstáculos en las zonas peatonales más concurridas, a fin de evitar precisamente (o intentarlo al menos) lo que ha ocurrido. Que la Rambla de Barcelona era un objetivo fácil y jugoso para terroristas que últimamente recurren al camión como arma barata y mortal es algo que cualquiera podía ver. Con lo cual hay que preguntarse por qué ni la alcaldesa ni los responsables de los Mossos atendieron tan sensata y sencilla sugerencia. Por supuesto que, queriendo, siempre se encuentra la manera de subir un coche a una u otra acera, y que a falta de ello siempre queda la otra socorrida especialidad de los carniceros, que es degollar a quien se cruce con ellos. Pero hombre, ponerles dificultades siempre es aconsejable. No es por capricho que en los aeropuertos nos sometemos a intensos y hasta humillantes controles: se trata de dificultarles la masacre. Claro, siempre pueden embarcar, qué sé yo, en Brazzaville. Pero se lo habremos dificultado y habremos disminuido el peligro. Así que espero que la oposición ejerza responsablemente como tal y exija hasta el final las responsabilidades políticas por lo que parece, como mínimo, una negligencia culposa.

Vergüenza me produce la actuación del Gobierno de España. Lenta, torpe, a remolque como siempre, sin destacar la aportación de las fuerzas de seguridad estatales, permitiendo ser tratado poco menos que como un figurante y resultando totalmente incompetente, como casi siempre, en el terreno de la comunicación. Un convidado de piedra que tardó más de siete horas en dar señales de vida y que, como siempre, sigue sin entender en qué juego está metido con los separatistas catalanes. En ningún momento consiguió dar la sensación de estar al mando de la situación y por el contrario en todo instante fue desbordado por las bandas y por el centro por el gobierno desleal de la Generalitat y su inmensa red de medios y entidades. Derrota por goleada, por falta de ambición, por ingenuidad inexcusable, por dejación de funciones y por abandono del terreno de juego. A estas alturas ya deberían saber sobradamente con quién juegan, a qué terreno venían y qué tipo de encerronas iban a padecer. Les pagamos para eso.

En cuanto a la Generalidad y los separatistas, una paradójica mezcla de repugnancia y admiración. Repugnancia por el aprovechamiento miserable que han hecho de los atentados en todos los frentes, utilizándolos para el que es su único propósito desde hace años: la promoción de la independencia de Cataluña. Se ha negado temerariamente información a los cuerpos de seguridad estatales, se ha distinguido entre víctimas españolas y catalanas, se ha mentido al afirmar que se ha recibido a ministros extranjeros cuando han sido simples encuentros en el aeropuerto. Se ha actuado, en definitiva, como si se tratase de un estado totalmente independiente de España. Y es justamente eso, que por la ocasión es repugnante, lo que me hace admirarles y aplaudirles, con rabia, porque ellos sí hacen su trabajo.

La política es dura, es implacable, es a menudo repulsiva. Y hay que intentar moverse por ella con los más altos niveles de honestidad y de fidelidad a unos principios, por supuesto. Pero eso no incluye la ingenuidad. Así no se ganan las guerras, ni las “guerras”. Lo que no tiene sentido es querer ganar o siquiera empatar un partido de fútbol en el que el equipo contrario toque el balón con las manos, empuje al portero, no respete el fuera de juego o rompa los tobillos del contrario. Siempre he sostenido que, más allá de la indignación digamos moral, no tiene sentido sentarse a quejarse de que “los malos” hagan su trabajo: hemos de hacer el nuestro, y hacerlo con todas las armas de que disponemos, que son muchas. Pero claro, hace falta voluntad para usarlas. Por eso aplaudo, repito que con rabia, a quien lo hace. Y lo hago desde la perspectiva de admirar a quien diseña una estrategia eficaz para la consecución de un objetivo por todos los medios, por mucho que yo lo considere ilegal, despreciable, peligroso y perjudicial. Uno puede admirar una operación militar por el mero hecho aséptico de que esté bien planificada, por mucho que suponga, qué sé yo, una invasión ilegítima. Uno puede admirar también, desde el horror, el diseño de la propaganda de Goebbels por su espantosa eficacia. A esa admiración me refiero. Ellos, los separatistas, no cejan ni un instante en su empeño, y no desaprovechan ni una sola ocasión, con fervor militante. Se comportan, para bien o para mal (para mí mal), como políticos. Y tienen enfrente a una gris cohorte de funcionarios, de gestores aturdidos que no alcanzan a comprender en qué terrenos y con qué resortes se mueve la política, mucho menos la propaganda. Churchill sin duda no se sentó a protestar por los avances nazis en el Continente. Actuó.

Por último, el Rey. Qué solo, qué digno, y cuán metafórica resulta su destacada estatura sobre la de todos los que le rodean. Qué buen Señor, si hubiese buenos vasallos. Que los tiene, en el pueblo llano. Pero poco pueden hacer por ayudarle si los gobernantes que le rodean no están, y nunca mejor dicho, a su altura.

Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

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