Sobre la elegancia. Por Carmen Álvarez

 

Escribo uno de esos textos con los que nadie va a estar completamente de acuerdo. Cada uno tiene una idea acerca de la elegancia. Probablemente, muchos pensarán que voy a escribir sobre estilo en el vestir. Nada más lejos. Aclaro que tampoco sé de eso. Así que ahí van unas pinceladas de lo que yo entiendo por una persona elegante:

La elegancia es  lo contrario de la ostentación, de la excesiva exhibición del exterior y del interior. Resulta grosera e incómoda una muestra extemporánea de sentimientos, afectos, desafectos y desahogos varios. (Sí, me viene a la cabeza Belén Esteban ¡lo siento!, pero puede servir perfectamente como ejemplo límite). La persona elegante es comedida, prudente, inteligente y se esfuerza por controlar las emociones negativas. Piensa dos veces antes de hablar y es capaz de pedir disculpas cuando se equivoca o pierde los nervios. Muchos pensarán que qué tiene que ver esto con la elegancia. Lo tiene todo. Nada existe más desagradable que la soberbia. Me río yo sola imaginando a grandes celebrities iconos de la elegancia en el vestir en la intimidad. Se nos caerían un par de mitos. Y es que, teniendo una estructura ósea determinada y un buen estilista, mal se tiene que dar para no dar una excelente imagen pública. Pero no es eso.
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