Quita, gordi. Por Carmen Álvarez


Monumento al macho alfa. VuELve. Adanismo en estado puro. Él es la esencia podemita, y sólo él. Irene ha quedado como telonera.

“Quita, gordi”, “déjame a mí, cari” o “aparta bonita, que ya llego yo”, debió de ser más o menos lo que Pablo Iglesias le dijo a Irene cuando acabó la baja de paternidad autoimpuesta para ejemplo de todo macho ibérico que por la piel de toro -espero que nadie se sienta ofendido por decir “toro”- se mueve.

Ahora es fácil entender el mal carácter que Irene se gasta en el Congreso o cuando tiene un micrófono delante; esos chillidos, esa cara desencajada, esa arruga de expresión en el entrecejo, esa mala leche sólo se incuba en casa. No voy a entenderlo yo. Todas aquellas que en algún momento de nuestra vida hemos sufrido el “déjame a mí, bonita” -con su implícito que “tú no sabes”- envuelto en un tono aparentemente cariñoso y condescendiente, sabemos que pone de peor humor que unos cuernos una noche de farra.
Me creerán exagerada, pero ese machismo del feminista militante que luego va de aliado, saca de quicio.

Sí, Pablito se ha lucido. Comentaba el ínclito el otro día sin sonrojo que las encuestas que tan mal resultado le dan, se habían realizado “antes de volver yo”. Monumento al macho alfa. VuELve. Adanismo en estado puro. Él es la esencia podemita, y sólo él. Irene ha quedado como telonera.

Además, viene en mejor forma que nunca, porque “limpiar culos” -bonito resumen de la paternidad full time– proporciona una preparación intelectual, una madurez ideológica, una comprensión de los problemas de la gente que, lamentablemente, su paso por la universidad no le dio. Otra cosa es que deseemos que no tenga oportunidad de demostrarlo.

En fin, Irene, valga este breve comentario para expresarte mi sororidad -que no sé exactamente qué es- y decirte que un hombre así no te conviene. No tanto porque no tenga razón, que eso ya lo veremos en las encuestas y en las elecciones, sino porque no hay nada peor que ir de guayfeministaaliado por la vida y resultar un vulgar machista en el fondo y en las formas. No existe nada más despectivo que el machismo condescendiente. Porque a un hombre que te prohíbe algo lo mandas a por tabaco y cambias la cerradura, pero ese hombre que predica urbi et orbe las bondades del feminismo y se limita a cambiar el nombre al partido, poniéndole ¡Unidas Podemos!, no sólo es machista sino algo peor, un cursi irredento.

En esta vida, queridaIrenehazmecaso, se puede y se debe perdonar casi todo, pero la cursilería y la necedad, nunca.

P.D. Quedo a la espera de que alguna jovencita me diga que no sé nada de machismo.

Podemos y el separatismo. Por Carmen Álvarez

“… un elemento tan distorsionador como el independentismo en estos momentos puede ser un buen aliado para la consecución de su único fin:  conquistar el poder”.

 

A lo largo de estos años, Podemos ha pasado de ser el centro de atención del panorama político español para más tarde ser considerado un partido más dentro del arco parlamentario  y, actualmente, ser una formación en declive. Pero no olvidemos que fue un dolor de cabeza para  buena parte de la sociedad española, que asistió aterrorizada a su meteórico ascenso. No era para menos, en las primeras elecciones generales del 20 de diciembre consiguió, con un casi impecable vestido socialdemócrata  y antes de fagocitar a Izquierda Unida, la friolera de sesenta y nueve escaños y la amenaza del Frente Popular planeó sobre nuestras cabezas hasta el último momento.

Llegada la campaña para las segundas elecciones y habiendo engullido literalmente a la formación de Garzón -ese muchacho que fue dibujado con aspecto de buen seminarista pero que dice ser comunista hasta la médula- Podemos agudizó todavía más su discurso socialdemócrata sin rubor alguno. Pero cualquiera que haya seguido la trayectoria de su líder está ya advertido de que Iglesias no tiene absolutamente ningún problema en disfrazarse de lagarterana si con eso consigue su objetivo. Lo que él mismo llamó “jugar con nuevas identidades que puedan abrir el campo”. Leer más “Podemos y el separatismo. Por Carmen Álvarez”