Som la hòstia! Una nota personal y algo emotiva acerca del procés. Por Kiko Alegret @kiko_ac

Que a nadie le extrañe, por muy increíble que debiera parecernos, cómo hemos llegado a este punto – me temo que de no retorno – en el que dos millones de catalanes, no sé si abducidos, pero no me cabe duda de que con autocomplacencia y complejo de superioridad de lo más pueriles, encantados de conocerse a sí mismos, estómagos agradecidos unos cuantos, fieles peones de una causa que les mantiene alejados de sus verdaderas preocupaciones los más, son ya incapaces de preguntarse si realmente son la hòstia.

A nadie le amarga un caramelo, a todos nos gusta que nos regalen los oídos con epítetos positivos. Es más, los necesitamos, como necesitamos sentir cariño y afecto. Durante la infancia nos creemos acríticamente las alabanzas que nos reservan, sobre todo, nuestras bien intencionadas abuelas. Al llegar la adolescencia aparecen las dudas, aunque en el fondo quisiéramos que la balanza siguiera basculando más del lado de la inocencia y credulidad. “¿Si era tan estupendo, por qué no me siento ya así, por qué mis mayores corrigen tantas veces mis actos y mis palabras?” Y ya en la edad adulta, a menos que suframos de algún tipo de déficit psicológico, empezamos a asumir nuestras debilidades y miserias. Con mayor o menor fortuna, pero no nos queda otra que aceptarlas.

Durante mi infancia y adolescencia escuché infinidad de veces, por parte de familiares, amigos y conocidos de estos, vecinos e incluso maestros de escuela (y eso que frecuentaba el Liceo Francés, pero teníamos profesores autóctonos que impartían las clases de lengua castellana, civilización española y, más adelante, lengua catalana) que “els catalans som la hòstia!”

Situémonos. Hablo de finales de los 60, de los 70 y de principios de los 80: tardofranquismo, transición y primeros años de democracia en Barcelona y otras comarcas catalanas que solíamos visitar en familia.

Sí, éramos lo más en medio de una sociedad, la española, que sólo merecía nuestro menosprecio o, como mínimo, cierto grado de aceptación condescendiente, puesto que era un lastre para nuestro desarrollo político, económico y cultural, y el consiguiente reconocimiento internacional, como lo que éramos de verdad: un pueblo avanzado y precursor – al mismo nivel, sino superior, de grandes y avanzadas potencias europeas – de cuanto positivo había ofrecido al mundo la vieja Europa.

¿La democracia y la participación ciudadana en la vida política? Invento catalán, con el Consell de Cent y el Consolat de la Mar. ¿La industrialización? En Inglaterra y Cataluña primero y tirando del carro del resto de España, esa España que no nos había permitido comerciar con las colonias, que había mandado a nuestros bisabuelos y tatarabuelos a ser masacrados en Cuba, esa España siempre atrasada, de señoritos y pordioseros, todos holgazanes viviendo a costa de la laboriosa, educada y disciplinada Cataluña. Agravios, todos. Y teníamos a los charnegos, con los que era mejor no mezclarse. El cinturón rojo de Barcelona era territorio comanche, un gueto que nadie pensaría nunca en pisar. Cuando nos tocaba partido en Bellvitge o Sant Adrià de Besós, no aparecíamos ni la mitad de jugadores del equipo. Los padres de esos compañeros ausentes ni siquiera se molestaban en avisar al entrenador de que no contara con ellos. Esa falta se daba por hecho porque entraba dentro del orden natural de las cosas.

Luego crecimos. No supe cómo evolucionaron mis antiguos compañeros, pues nos perdimos la pista. Me marché a buscarme la vida en París. España todavía no pertenecía a la entonces CEE y allí, los dos primeros años, fui un sin papeles que trabajaba en negro. Incluso, por ese mismo motivo, me gané una expulsión del territorio francés. Conseguí finalmente matricularme en la Sorbonne y, en total, residí en la capital francesa ocho años. A pesar de mi situación de inmigrante, nunca me sentí extraño, nunca sentí rechazo alguno. Vivía y padecía prácticamente lo que cualquier otro joven trabajador y estudiante. No me preguntaban de dónde era. Quien se patea a diario la ciudad y los interminables pasillos de su metro, quien comparte espacio, derechos y obligaciones es parisino, independientemente del origen de cada cual.

Tras París vinieron destinos como Sevilla, Tenerife, Túnez, Turquía, Croacia, Egipto y unos cuantos más. No, Cataluña no era el epicentro del mundo. Era mi tierra y la añoraba, pero mis raíces no me hacían sentir especial ni merecedor de halagos o favores por una cuestión de orígenes fortuitos. Como tampoco lo hacía mi condición de español.

Con ocasión de la celebración de los 30 años del Bachillerato me reencontré por fin con mis antiguos compañeros de colegio. Como llevaba ya unos años residiendo en Mallorca, ¿había mejor ocasión para pasar un fin de semana en la ciudad de mi infancia?

¡Sorpresa! No sólo los catalanes seguíamos siendo la hòstia, sino que además el virus del odio y del asco ya se había apoderado de los cuerpos y las mentes de no pocos de mis viejos amiguitos. Los demás, callaban, aunque en privado, a través de las redes sociales y sabedores de mi filiación política, se sumaban a mi preocupación por la deriva supremacista y asfixiante del incipiente procés, aportándome ejemplos y datos de cuantos desmanes allí eran el oficialmente institucionalizado pan de cada día. Odio y asco que los más radicales dirigieron hacia mi persona, sin necesidad de debate alguno previo, como si de un asesino o violador en serie se tratara, porque los pocos que me habían contactado mediante esas mismas RRSS ya se habían encargado de que corriera la voz: “és d’UPyD”.

¿Habíamos recibido la misma educación, republicana, con todos los valores que ello implica, como si de niños franceses se tratara? ¿Ciudadanía, libertad, igualdad y fraternidad no eran los conceptos básicos que nos habían transmitido durante tantos años profesores del Ministerio de Educación francés escogidos entre los mejores (práctica común al tratarse de un centro en el extranjero)? ¿Qué había ocurrido? Antaño, con la pasión propia de la adolescencia y en la divergencia de opinión, siempre habíamos respetado las ideas que unos y otros defendíamos con mayor o menor fortuna, con sólidos, o no tanto, argumentos, pero nunca con desdén y menos con odio.

Que a nadie le extrañe, por muy increíble que debiera parecernos, cómo hemos llegado a este punto – me temo que de no retorno – en el que dos millones de catalanes, no sé si abducidos, pero no me cabe duda de que con autocomplacencia y complejo de superioridad de lo más pueriles, encantados de conocerse a sí mismos, estómagos agradecidos unos cuantos, fieles peones de una causa que les mantiene alejados de sus verdaderas preocupaciones los más, son ya incapaces de preguntarse si realmente son la hòstia.

Son la hòstia y se lo merecen todo, sin límites, porque así lo han decidido y aunque sea a costa de conculcar derechos de sus conciudadanos, de insultarles y negarles la libertad de decidir su propia identidad.

Escribí en diciembre de 2010 las líneas que siguen y que hoy quiero rescatar.

Hace años tuve la ocasión de interpretar el personaje de Bérenger de la obra Rhinocéros de Ionesco, el padre del teatro del absurdo. En un mundo en el cual primero aparecen unos pocos rinocerontes que destrozan todo a su paso, poco a poco los seres humanos se van transformando en rinocerontes. Todos excepto uno, Bérenger. Si Ionesco mediante la parábola de la “rinocerontitis” denunciaba los regímenes totalitarios, nazismo, fascismo, estalinismo, en los cuales las masas seguían las consignas oficiales sin oponer resistencia, hoy podríamos decir que padecemos de “hipopotamitis”. Los hipopótamos no parecen tan fieros y destructores como los rinocerontes, pero son igual de voraces y, en realidad, temibles y peligrosos. Tenemos hipopótamos por convicción, los menos, por interés, unos cuantos más, o por inercia, la gran mayoría que ha acabado suscribiendo una doctrina que en origen no era la suya. Los poderes reales, y los fácticos también, atentan contra nuestras libertades, pero pocos son los que denuncian tal proceder de cuantos sacan provecho de una sociedad adormecida.

Para el filósofo francés Bernard-Henri Lévy el libre pensamiento “sigue siendo una de las luchas fundamentales de nuestros días. Sólo la libertad de pensamiento es capaz de romper los ladrillos del pensamiento totalitario. Hay que protegerse contra los estados invasores, contra el suelo de prejuicios por el que andamos, contra los pensamientos prefabricados que impiden el pensamiento libre. Es la forma de despegarse de un pensamiento que nos pega al suelo de nuestras tradiciones. […] Hay que cruzar y multiplicar los pensamientos. Los que dicen que cada cultura tiene sus propios pensamientos y hay que mantenerlos inalterados son cerrados de mente. El islamismo radical, por ejemplo, recurre a esta idea. Pero hay que repetirles que la grandeza de una cultura está en la fidelidad a sí misma y la capacidad de adaptar nuevas culturas en su paisaje. Hay que convertirla en un crisol de culturas asumidas. Para tener un pensamiento libre hay que integrar pensamientos diferentes“.

Definitivamente, los grandes males pasados y presentes tienen como punto convergente el creer que sólo quienes comparten la propia identidad pueden llegar a ser la hòstia. Desembarazarnos de tal autoengaño es requisito indispensable para aceptarnos primero a nosotros mismos, luego a los demás. En juego está la convivencia y el respeto en unas sociedades que parecen haber perdido esos mismos valores que las hicieron grandes.

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Untermenschen. Por Antonio Jaumandreu

“…una nueva república que pretende construirse contra la voluntad de la mitad de su población va a requerir dosis masivas de represión para su implantación efectiva. Represión y exilio. Y no parece que esta posibilidad preocupe lo más mínimo al presidente Torra. Total, no existimos”.

 

Con gran esfuerzo he leído una entrevista que el digital separatista Vilaweb ha hecho al Presidente Torra. Es una de esas entrevistas en que entrevistador y entrevistado se masajean mutuamente. Uno coloca balones en la línea de gol para que el otro remate con lucimiento. Las preguntas llevan implícita la respuesta. Nada se cuestiona, nada se inquiere: se da simplemente el pie para que el entrevistado coloque sus mensajes con absoluta comodidad, y este corresponde con paternal delectación. En fin, aquí ( https://www.vilaweb.cat/noticies/quim-torra-veig-lhoritzo-net-veig-que-ens-en-sortim/) la tiene quien desee leerla.

La entrevista contiene todo lo necesario para que cualquier gobierno sensato aplique ipso facto el 155 de manera drástica y sine die: es un compendio de amenazas y un detallado anuncio de un nuevo plan golpista, o mejor, la constatación de que el golpe nunca ha cesado y de que el fugaz y torpe intento de atajarlo no fue lo suficientemente contundente como para que las estructuras golpistas quedasen dañadas. Ello evidencia además que esa estructura golpista era mucho más sólida de lo que se pensaba, que sus ramificaciones llegaban mucho más lejos de lo imaginado y que la deslealtad es el estilo de vida del nacionalismo catalán desde hace muchos, muchos años. Leer más “Untermenschen. Por Antonio Jaumandreu”

Se avecina tormenta. Por Bea Fanjul @bea_fanjul

“Si ya nos esperaba un futuro desolador con los nacionalistas, imagínense lo que puede ser con un gobierno español sometido al yugo nacionalista”.

Se avecina tormenta. Siento  como el cielo oscurece y se tiñe de un gris oscuro, ese color que tanto caracteriza al País Vasco. Una tormenta cargada de cinismo, engaño y desafío.

La hoja de ruta marcada por los nacionalistas nos lleva nuevamente al pasado, volvemos al Plan Ibarretxe y a su afán por quebrar nuestra tierra, que nada nos importa a los vascos. Una reforma del Estatuto, es la última genialidad de las 2 fuerzas mayoritarias en el País Vasco (PNV – EHBILDU).

El nuevo estatuto nos divide en Ciudadanos Vascos vs Nacionales, por supuesto, con distintos derechos y deberes, no pretenderán que los vascos de primera jueguen en la misma liga que los de segunda, y por vasco de primera me refiero a los que se sienten únicamente vascos, sin saber que ser vasco te hace doblemente español. Para que nos entendamos, me recuerda mucho a los tiempos duros, cuando te señalaban por pensar diferente, la diferencia es que antes lo hacían con plomo y ahora lo harán con un “carné de identidad”. Todo ello acompañado de un referéndum, porque no nos olvidemos que su fin justifica los medios, y su última parada es la independencia.

Esta reforma del estatuto también contempla dejar exento cualquier mecanismo constitucional de intervención, por ejemplo, el artículo 155. En resumidas cuentas, el PNV y sus socios filoetarras pretender hacer del País Vasco una tierra sin ley: ciudadanos encasillados en categorías y decidiendo por los demás que nuestro futuro es la independencia.

En su hoja de ruta también está el acercamiento de los presos de ETA, el disfraz a una amnistía encubierta, con pulsera o sin ella. En lo que llevamos de gobierno, dos han sido los presos acercados al País Vasco, nada que objetar cuando se hace bajo los requisitos de la Ley. Pero lo que no puede ni debe darse es el acercamiento masivo de todos los presos, sin exigencias, sin contemplaciones, sin arrepentimiento  y menos aún, sin tener en cuenta a las víctimas. Víctimas que muchas veces han sido injustamente instrumentalizadas, haciendo de su lucha una defensa férrea en el gobierno y un azote en la oposición.

Pero hagamos memoria, 20 de Junio de 1995, cinco meses después del asesinato de Gregorio Ordoñez el Grupo Vasco (PNV) hacía una proposición de Ley a Grupos Parlamentarios del Congreso, donde instaba a que los candidatos a las alcaldías y concejalías fuesen residentes del municipio al que presentaban sus candidaturas, así que no solo recogieron nueces, se aprovecharon del miedo, las lágrimas y la solidaridad de una sociedad asfixiada de dolor. Quizá unos pidan tenerlos cerca, pero otros se hubiesen conformado con tenerlos vivos.

Su empeño en fracturar y enfrentar a la sociedad ya no tiene límites. Pero qué podemos esperar de una tierra en la que se vitorean a asesinos no arrepentidos alzándoles cómo héroes, o de asumir como pelea de bar una agresión cargada de odio, y todo ello con el beneplácito de las instituciones.

Si ya nos esperaba un futuro desolador con los nacionalistas, imagínense lo que puede ser con un gobierno español sometido al yugo nacionalista.

Pero ¿qué podemos esperar de Moncloa que más que el Gobierno de España parece la república independiente de IKEA, montando y desmontando a su antojo lo que con tanto sacrificio hemos construido los españoles? ¿Soberanía Nacional? Fuera ¿Dignidad? Ninguna. ¿Transparencia? Ni está ni se la espera.

Un embajador de España. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

“…(los nacionalistas)no están habituados a que nadie se les enfrente. Y eso explica la leyenda de la revolución de las sonrisas, del buen rollo separatista, radicalmente falso: el separatismo es cordial solo y únicamente mientras no se le opone nada ni nadie”.

El incidente ocurrido en Washington entre el presidente de la Generalidad de Cataluña, Sr. Torra, y el embajador de España, Sr. Morenés, es enormemente ilustrativo. Imagino que todo el mundo está a estas alturas al cabo de la calle, pero por si acaso se impone un resumen previo para situarse.

Resulta que el Smithsonian organiza cada año unas jornadas en las que tiene a algún país o territorio como invitado y protagonista. Este año han sido dos: Cataluña y Armenia. Se trata de unas muestras principalmente culturales, si bien a ningún conocedor de la situación actual catalana se le escapa que un escaparate de estas características iba a ser utilizado por los separatistas para pregonar su conocida cantinela del enfrentamiento entre el ansia catalana por la democracia y la libertad, y la inveterada tendencia española a la opresión y el expolio.

Hay que reconocer en este punto que los separatistas siempre han sabido moverse muy bien en el terreno exterior. Utilizan hábilmente los peones que tienen distribuidos por todo el mundo, que trabajan con eficacia y constancia (y que nadie piense que se trata de espías sofisticados: simplemente son auténticos militantes full time del independentismo que aprovechan sus trabajos, contactos y posiciones para trabajar en pro de la secesión de Cataluña). Y a ello hay que añadir una eficaz, aunque mucho más cuestionable, política de la Generalidad para literalmente comprar o al menos engrasar voluntades en prensa, política, universidades e instituciones diversas alrededor del mundo.

¿Es esto ilegal? En esencia no, salvo que pudiese demostrarse la compra económica de voluntades. Y aún así dependería de la finalidad: es perfectamente legítimo que yo pague a un periodista o a un escritor en un determinado país o medio para que hable bien de mi nación. Lo delicado es cuando le pago para que hable mal de otra. La pregunta, como siempre, es por qué el Estado español, con todos sus medios visibles y no visibles, no utiliza su fuerza para contrarrestar esas acciones.

Pero volviendo al tema. Resulta que los actos del Smithsonian incluyen una cena de gala a la que asiste el embajador de España Sr. Morenés. Toma la palabra el Sr. Torra y, como era de esperar, arremete contra España con acusaciones de tener presos políticos, de perseguir a la gente por defender sus ideas, de utilizar la violencia contra los ciudadanos indefensos, etc. El embajador no le interrumpe, y espera su turno para subir a la tribuna. Y en su discurso rebate meticulosamente cada una de las acusaciones del presidente catalán y explica que el gobierno español se vio obligado a aplicar el 155 ante la evidencia de que el gobierno catalán estaba violando leyes, estatuto y constitución. Y tiene un recuerdo para los catalanes no separatistas. Todo ello entre cálidos elogios a la cultura, la historia y la lengua catalanas. (http://www.lavanguardia.com/politica/20180628/45461576369/discurso-pedro-morenes-washington-quim-torra.html)

El Sr. Torra monta en cólera, sus acompañantes empiezan a vocear y gesticular, y finalmente la delegación de la Generalidad se levanta y se ausenta dejando al embajador con la palabra en la boca. Para completar la narración de los hechos queda una guinda grotesca: después de atender fuera del edificio a sus periodistas de cámara (esos que no hacen preguntas incómodas), el Sr. Torra y los suyos intenten volver a entrar, y la seguridad del edificio les niega el paso por haber provocado un altercado.

Hasta aquí los hechos. Pero me interesa sobre todo una conclusión fácilmente extraíble de ellos. Y es la de que el separatismo ha llegado donde ha llegado única y exclusivamente porque nunca nadie le ha parado los pies. Y hechos como este demuestran su extraordinaria fragilidad, fruto de su no menos extraordinaria soberbia. Simplemente no están habituados a que nadie se les enfrente. Y eso explica la leyenda de la revolución de las sonrisas, del buen rollo separatista, radicalmente falso: el separatismo es cordial solo y únicamente mientras no se le opone nada ni nadie. En cuanto alguien osa contradecirles, y en especial frente a un auditorio no domesticado, toda su zafiedad, ira, soberbia y violencia apenas soterrada estallan. Y contra todos los principios de la diplomacia, y frente a todas las normas de cortesía en un evento en el que son invitados, vociferan y se levantan, pese a que la intervención del embajador fue extraordinariamente ponderada, se esté o no de acuerdo con su contenido. Hasta tal punto llega esa arrogancia supremacista que, rozando la estulticia, les indigna que España se defienda. Parece ser que esperaban que España facilitase su propia destrucción y aun pidiese perdón por las molestias causadas. Se manifiestan furiosos por algo tan absolutamente de cajón como que el jefe del estado defienda la permanencia de su estado.

El embajador Morenés ha rendido un último (presumiblemente será cesado por el cambio de gobierno en Madrid) y gran servicio a España. En primer lugar, arruinando con gallardía la costosa operación propagandística que la semana del Smithsonian suponía para la causa del separatismo. En segundo lugar, mostrando a las claras las manifiestas carencias de los amarillentos tractorianos en lo que a talante, cortesía y saber estar se refiere. Nada que no supiésemos aquí, pero no está de más que lo vean por ahí fuera. En tercer lugar, porque su actitud y la reacción de los perpetuamente tristes nos ha de enseñar a los de aquí que nada hay más vulnerable que un separatista si se le planta cara, y en consecuencia nos ha de animar a ello, en todo foro y toda ocasión. Los políticos frente a los políticos, y los ciudadanos frente a nuestros conciudadanos. Ya está bien de callar ante el cuñado de turno, ante el compañero de trabajo o ante el desconocido que en voz alta suelta la matraca en un lugar público. Con serenidad, firmeza y argumentos. Como el embajador. No son pocos, pero son cobardes y extraordinariamente débiles a nivel argumental. ¿A por ellos? No, pero ni por un minuto más permitamos que vengan a por nosotros.

La fuerza de la convicción. Entrevista a Bea Fanjul (@bea_fanjul) en Ataraxia Magazine.

Bea Fanjul entró en política, como dice ella, a trote entre el colegio y la universidad, donde estudió ADE. Fue Secretaria General de Nuevas Generaciones de Vizcaya, y en 2017 fue elegida Secretaria General de NNGG del País Vasco. Desde luego no es un político al uso. De hecho llama la atención por su sinceridad, por su claridad de ideas y por su contundencia. Cualidades a las que, por desgracia, nos hemos desacostumbrado. Con su voz fina y tranquila, sin alterarse lo más mínimo, Bea habla y se le entiende todo. Después de conversar con ella queda la sensación de que no todo está perdido.

Hoy,  día 17 de marzo, Beatriz Fanjul es candidata del Partido Popular por Vizcaya. A pesar de su juventud, Bea aporta experiencia en el ámbito privado, conocimiento, ideas, ilusión, “sensación de vértigo” y mucho respeto por la actividad política. Me consta que no da este salto para labrarse un futuro propio, sino para trabajar por España, su pasión, y para que el País Vasco recupere las libertades perdidas.

“Seremos libres cuando podamos hablar sin complejos; seremos libres cuando pueda elegir mi educación y mi futuro; seremos libres cuando pueda caminar por las calles con mi bandera; seremos libres cuando nos respeten”.

Lee entrevista completa en Ataraxia Magazine:

https://t.co/bYEOGgAAeC

Cataluña les importa una mierda. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

“Pero lo verdaderamente triste es que un par de millones de catalanes siga comprando entradas, en forma de voto, para este espectáculo bochornoso. No se dan cuenta de que ellos tampoco les importan una mierda: simples peones en un tablero, carne de cañón a la que exprimir y utilizar. Ese es el gran problema y enorme reto para España: hacer que ese grupo de ciudadanos sea consciente de las dimensiones del engaño del que han sido y siguen siendo objeto.”
 

Se llenan la boca hablando de Cataluña, de democracia, de libertad, de persecución, opresión y represión. Manifiestan de forma altisonante su amor a la patria, su lealtad al pueblo. Se proclaman nación milenaria, espejo de civilización y fuente inagotable de cultura. Pero en realidad, Cataluña les importa una mierda.

Han convertido los restos del proceso golpista en una vergonzosa timba. En un delirante reparto de cuotas de poder y en una búsqueda malsana de la manera que más eficazmente pueda prolongar la tensión y el enfrentamiento.
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Podemos y el separatismo. Por Carmen Álvarez

“… un elemento tan distorsionador como el independentismo en estos momentos puede ser un buen aliado para la consecución de su único fin:  conquistar el poder”.

 

A lo largo de estos años, Podemos ha pasado de ser el centro de atención del panorama político español para más tarde ser considerado un partido más dentro del arco parlamentario  y, actualmente, ser una formación en declive. Pero no olvidemos que fue un dolor de cabeza para  buena parte de la sociedad española, que asistió aterrorizada a su meteórico ascenso. No era para menos, en las primeras elecciones generales del 20 de diciembre consiguió, con un casi impecable vestido socialdemócrata  y antes de fagocitar a Izquierda Unida, la friolera de sesenta y nueve escaños y la amenaza del Frente Popular planeó sobre nuestras cabezas hasta el último momento.

Llegada la campaña para las segundas elecciones y habiendo engullido literalmente a la formación de Garzón -ese muchacho que fue dibujado con aspecto de buen seminarista pero que dice ser comunista hasta la médula- Podemos agudizó todavía más su discurso socialdemócrata sin rubor alguno. Pero cualquiera que haya seguido la trayectoria de su líder está ya advertido de que Iglesias no tiene absolutamente ningún problema en disfrazarse de lagarterana si con eso consigue su objetivo. Lo que él mismo llamó “jugar con nuevas identidades que puedan abrir el campo”. Leer más “Podemos y el separatismo. Por Carmen Álvarez”