No me resigno

     Entre los males que aquejan a nuestra España, que no son pocos ni sencillos de curar, uno de los que más desazón me produce es la indiferencia hacia todo aquello que no nos afecta directamente a  nosotros. Lo que es peor, en la mayoría de los casos aún teniendo determinados problemas la capacidad de cambiar nuestros hábitos de vida, nuestra libertad, el futuro de nuestra nación y por tanto el de nuestros hijos, la sociedad española parece anestesiada. Se ha caído en un pesimismo resignado, un fatalismo que la ha convertido en una sociedad inerte, incapaz de reaccionar ante cualquier amenaza, problema o contrariedad.

     Hace tiempo, Esperanza Aguirre lanzaba un mensaje a su propio partido, del cual sólo recuerdo con interés tres palabras: no me resigno. Al margen de su discurso, que no viene al caso, esa aseveración me quedó grabada de tal forma que a lo largo de estos años, sin darme cuenta, las he asumido casi como un lema de vida.

     Soy consciente de que existen mil cosas que no podemos cambiar, pero también lo soy de que hay circunstancias que, al menos, sí se pueden y se deben luchar.

     Yo no me resigno a que en España se incumpla la ley por razones políticas, tampoco a que se vulneren los derechos fundamentales de mis compatriotas en territorios en los que el nacionalismo campa por sus respetos. No me resigno a que se restrinja su libertad de expresión, de educar a sus hijos en su idioma o  a que se cuestione y reniegue de nuestra Historia sin decir nada. No me resigno a que en España se viva con miedo en esas comunidades, aunque no sea la mía. No me resigno a la injusticia ni a la mentira.

     No se pueden ganar todas las batallas, pero si no se luchan, la guerra se pierde con toda seguridad.

@cav_carmen