La victoria póstuma del nacionalsocialismo. Por José Sánchez Tortosa @galonni

“Y la trampa en la cual Israel ha evitado dejarse atrapar durante ya más de sesenta años es ésa: la de ceder a la tentación de una victoria militar fulgurante y casi gratuita. Que arrastraría una muerte moral irreversible.
Quienes amamos a Israel, lo amamos exactamente por renunciar a esa victoria. Y a esa muerte.” (G. Albiac, 14-VII-14)

Equiparar a Israel con el Tercer Reich es la victoria póstuma del nacionalsocialismo. Desde luego, no resiste el más mínimo contraste con la realidad. No se obliga a los llamados palestinos a identificarse con marcas externas. No se les prohíbe ser abogados, médicos, profesores o diputados. Jamás hubo algo parecido a un partido judío admitido por el régimen de Hitler. No hay guetos. No hay campos de exterminio. Aniquilar a la población palestina es posible técnica y materialmente para Israel y, en su lugar, ataca centros de armamento y avisa con 48 horas de antelación de sus ataques, siempre en respuesta a los indiscriminados bombardeos o atentados contra población civil israelí:

“Y la trampa en la cual Israel ha evitado dejarse atrapar durante ya más de sesenta años es ésa: la de ceder a la tentación de una victoria militar fulgurante y casi gratuita. Que arrastraría una muerte moral irreversible.
Quienes amamos a Israel, lo amamos exactamente por renunciar a esa victoria. Y a esa muerte.” (G. Albiac, 14-VII-14)
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La identidad servil. Por José Sánchez Tortosa @galonni

En memorable escena de la memorable Amanece que no es poco, el alcalde, a su llegada al pueblo acompañado por una resplandeciente dama, es recibido por los paisanos con gran alborozo. Uno de los asistentes reclama su derecho a disfrutar de la compañía de la moza al grito de “¡Queremos que la moza sea comunal!”. Pero la reivindicación debió de parecer insuficiente por lo que otro completó: “¡Y turgente!” A lo cual, el primero rectifica con énfasis: “¡Que turgente ya es!”

Pues parece que en análogo lío se enredan muchos cuando tienen que afirmar al mismo tiempo que somos iguales, pero diferentes. “¡Que diferentes ya somos!”, habría que recordar, sin necesidad de remitirse a los aforismos fulgurantes de Heráclito El Oscuro. Mientras no se precise con respecto a qué se es igual o diferente el enredo no se deshace. Leer más “La identidad servil. Por José Sánchez Tortosa @galonni”