Hay ya más tontos que gatos descalzos. Por @MylesBo

No sé si es la edad la que me hace más impaciente con los pequeños gilipollicas, más incluso que ante los grandes imbéciles, los que de verdad tienen entidad, vamos.

Aquéllos que ‘juran’ o ‘prometen’ por “imperativo legal” al tomar posesión de un cargo público. A ver, tontos del pijo. Por supuesto que es por imperativo legal: todos y cada uno de los que prometen, estén o no contentos con la promesa, tanto los que alcanzan el orgasmo en ese acto (que alguno habrá), como aquéllos a los que les salen ronchas entre los dedos de los pies por prometer eso (a no ser que las ronchas vengan por no lavarse, que a lo mejor también), lo hacen por imperativo legal.

Porque una ley lo dispone, y porque cualquier norma, para ser tenida como tal, ha de contener un mandato imperativo, porque, si no, sería el prospecto del Dalsi, la lista de la compra del Consum o una bicicleta de montaña. Pero no una norma. Y todos cumplen con la ley al manifestar su promesa, todos con idénticos ¿efectos jurídicos?, incluso los que se permiten esa cursilada de lanzar al viento imperio la perogrullada/risión de “por imperativo legal”. Porque esas juras o promesas de la Constitución son paripés protocolarios sin efecto jurídico alguno, ni constitutivo ni declarativo ni condicionante, y sin consecuencias previstas ante su incumplimiento, que demasiados ejemplos de incumplimientos tenemos ya entre quienes en un momento u otro juraron, y no pasa ná.

Y ahora llega el vestealamierda este, encantado de escucharse. Otro más.