Elogio del materialismo. Por @DchaSpinozista

La carne, que poco a poco se pudre.
La lluvia, que golpea con fuerza la calle.
La claridad, que lo inunda todo.
Los paisajes, poquísimos.

Los pensamientos que desafían a la muerte y que
la vencen.

La eternidad del amor.
La vida de Jünger, su justificado desdén.

Todo lo que es.
Los libros que plantan cara.
Lo que alivie el dolor, por oscuro que sea.
La verdad de los hechos.
Spinoza y Hume, esos dos absolutos.
La contada belleza.
Los amigos, reales o imaginarios.
Madrid y la patria y lo que quede de España.
Los que combaten el mal.
Los que sirven de ejemplo.

El intelecto en acción, ese lujo supremo.

El silencio.

Las mañanas frías y claras de diciembre.
La aristocracia del espíritu.
La compasión y la piedad, que nunca son suficientes.
John Ford y la épica.
John Wayne en Centauros del desierto, su mirada perdida.

La libertad de no saber nada y otros espejismos. Por José Sánchez Tortosa @galonni

“Esa democracia de la idiotez, que es demagogia de la peor especie y que la LOGSE institucionalizó, es el primer enemigo hoy día para los sujetos que están en fase de formación y que pueden no haber perecido aún bajo los dogmas elásticos y funestos de lo políticamente correcto”.

La desaparición o trivialización de la filosofía, en forma de consejos de autoayuda, márketing publicitario, misticismo de saldo y otras baratijas postmodernas parece imparable. Acaso sea su inexorable destino. Puede ser aproximadamente cierto lo que alguna vez le escuché al profesor Albiac, que la Filosofía es una disciplina académica que cumple su ciclo entre Platón y Aristóteles. Desde entonces, es poco más que doxografía, salvo casos excepcionales, como Spinoza o Gustavo Bueno.

Sin necesidad de eliminar la asignatura de los planes de estudios se puede acabar dejando a los estudiantes de bachillerato paulatinamente sin material de estudio en lo que se refiere a la propia Filosofía y, en general, al pensamiento racional. Seguirá habiendo Filosofía en el sentido de que no es posible razonar y, prácticamente, siquiera hablar sin emplear las ideas filosóficas, que están incorporadas y agitando todo discurso, incluidos los más estúpidos, y a veces especialmente los más estúpidos. Pero ese uso de las ideas filosóficas, que no quedaría borrado, se daría sin definir sus términos, sin respetar las condiciones del discurso lógico, sin el escrúpulo de la construcción filosófica, sin los diques de contención que la constancia de una racionalidad limitada impone. El hueco que dejaría un estudio riguroso de las condiciones en que los seres humanos se han enfrentado a lo largo de la Historia al problema de comprender lo que les rodea y les constituye sería ocupado por mitologías acríticas ubicadas en planos categoriales distintos y parciales, como los religiosos, los tecnológicos, los científicos, los psicológicos, los políticos, los jurídicos, los económicos, etc. Leer más “La libertad de no saber nada y otros espejismos. Por José Sánchez Tortosa @galonni”