Servicio público profesional. Por @BenjaminTyreen

No pido a los servidores públicos simpatía, ni tan siquiera que sean buenas personas, allá cada cual en su casa. Pero sí puedo exigirles que sean lo suficientemente profesionales para, al menos, disimular sus movidas durante su jornada laboral, más aún si la falta de profesionalidad afecta a cuestión trascendente como es la imagen de la Jefatura del Estado en unos momentos bastante chungos “al respective”.

Tuve la oportunidad, en una ocasión, de ser recibido en la Zarzuela (junto con otros muchos más, que solo no doy yo para tanto) por los entonces príncipes y hoy reyes de España, una audiencia de esas más o menos multitudinarias (unas veinte personas) en las que, tras el saludo y la foto, los anfitriones mantienen un diálogo protocolario con los asistentes, nada natural, por supuesto, que los primeros no tienen por qué saber de cualquier tema, y se nota que alguien les prepara para cada ocasión la documentación o información necesaria para, al menos, que parezca que saben de lo que hablan. Y eso está bien, es normal, e incluso de agradecer para quienes llegamos de visita.
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