SERIES: CHERNOBYL – ARMONÍA. Por @opicar

La mentira es tal vez la gran protagonista de la serie, pero no la mentira en términos abstractos, sino las mentiras oficiales, aquellas mentiras concretas que desde el poder se difunden y alimentan con el único fin de perpetuar al propio sistema de poder imperante.

Decir a estas alturas que es una serie de cinco capítulos y que se puede visionar en HBO resulta ocioso, “Chernobyl” se ha convertido en un verdadero fenómeno de masas logrando en muy poco tiempo un número de espectadores realmente espectacular.

Cabe preguntarse por qué la serie está obteniendo un éxito sin precedentes cuando aparentemente se limita a contar una historia real por todos conocida previamente; en mi opinión la palabra clave de ese éxito es ‘armonía’, después de visionarla dos veces pienso que todos los elementos encajan a la perfección, como tal vez en ninguna otra serie que haya visto antes.

Visualmente perfecta, rodada en unas tonalidades que no podrían ser más apropiadas para la historia que se nos cuenta, sin caer en el esquema clásico y simplón de las películas de tragedias naturales o provocadas por la mano humana, y con un ritmo narrativo que funciona como un reloj de precisión que impide altibajos en el guion.

No estoy de acuerdo con aquellos que solo ven en “Chernobyl” una dura crítica al extinto sistema soviético, por supuesto que la hay, pero han sido la Historia y la realidad quiénes se han encargado de poner en su sitio a dicho sistema; para eso no era necesaria una serie, más bien creo que la crítica que la serie realiza va dirigida a los sistemas de poder con carácter general.

El reparto de actores es extraordinario, destacando Jared Harris en su rol de científico, apegado a la verdad científica hasta las últimas consecuencias, y como no el para mí insuperable Stellan Skarsgard, que vuelve a estar una vez más maravilloso en un papel de hombre del sistema al que se le rompen sus esquemas mentales cuando baja a pie de calle y toma conciencia de que la gente común existe.

La mentira es tal vez la gran protagonista de la serie, pero no la mentira en términos abstractos, sino las mentiras oficiales, aquellas mentiras concretas que desde el poder se difunden y alimentan con el único fin de perpetuar al propio sistema de poder imperante.

No seré yo, entre otras razones porque carezco del conocimiento necesario, quien entre en debate sobre las bondades o maldades de la energía nuclear, pero sí que la serie pone en evidencia los riesgos a los que nos exponemos cuando el hombre juega a ser Dios sin serlo, es seguro que el hombre como especie está necesitado, hoy más que nunca, de un cierto grado de humildad que hoy por hoy no tiene.

Personalmente, el elemento de la serie que más desazón me ha causado no ha sido la tragedia concreta que nos narra, sino el hecho de lo inermes que nos encontramos todos ante cualquier estructura de poder cuando la mentira se convierte en su modus operandi, y lo que es aún todavía peor, el trágico final que espera a quién, asumiendo el papel de héroe, trate de honrar a la verdad.

“Chernobyl” es en definitiva y en mi criterio una serie para no perderse.