MUJERES PELIGROSAS. Por Carmen Álvarez.


A veces creo que el feminismo actual se siente como muchos nacionalistas, sin ganas de ser liberados totalmente para vivir del cuento toda la vida.

Son las 12.45 y hago parada unilateral en el trabajo para echar un ojo a Tuiter. No sé si es un derecho fundamental, pero debiera serlo.

No veo nada especial porque todos estamos trabajando, claro. Es lo que tiene. Por fin me interesa un tuit. Es de esos que yo llamo para enmarcar porque me hacen reír mucho y olvidarme de las cosas serias de la vida. Dice que los días 2 y 3 de marzo en Pontevedra «van a pasar cosas feministas«.

Los hashtags: #MulleresQueOpinan #MujeresQueOpinan. Me parece un detallazo que traduzcan el HT al español porque no todos sabéis gallego. Yo lo he entendido perfectamente porque veraneé en Galicia muchas veces.

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Querida Ada. Por Carmen Álvarez

«Don Felipe, más preocupado porque Barcelona no pase a ser ciudad indeseada en Europa y porque pueda haber una Mobile World Congress Barcelona 2019, sí acudirá. Por ello, desde aquí le transmito mi más profundo agradecimiento por la decisión de estar ausente en dicho acto. En todas las familias hay alguien a quien no apetece enseñar en público».

Le dedico unas palabras no porque usted tenga una gran importancia ni por supuesto yo, que no ostento cargo público ni  represento a nadie más que a mí misma.

Ayer escuché el revuelo mediático que ha tenido el hecho de que usted haya decidido no asistir al acto de recibimiento de Su Majestad el Rey de España en el Mobile World Congress Barcelona 2018.

Ha sido usted por este motivo, querida Ada, objeto de críticas de todo tipo. Sin embargo, en la medida de lo posible me gustaría transmitirle algo de paz, tranquilidad y sosiego en cuanto a la decisión tomada;  segura como estoy de que su gesto responde a su conciencia y coherencia política demostrada durante su mandato.

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Política y ruido. Por Carmen Álvarez

 

Llevo días, semanas, meses o años no sé, con exceso de trabajo y apenas tengo tiempo para leer detenidamente sobre la actualidad política diaria.

Me interesa muchísimo la política porque, al fin y al cabo, gran parte de nuestra vida tiene que ver con ella: aquello que se hace con nuestros impuestos, cómo se estructura el Estado, el modelo de educación, si hay dinero para las pensiones, los datos del paro, el funcionamiento de la sanidad, el modelo energético, infraestructuras… Todas aquellas cosas que deben administrar los  políticos, todo lo que debería ser su única ocupación me importa porque todo, de una u otra forma, me atañe a mí, a mis padres, a mi hija, a mi familia o a la empresa en la que trabajo. Todo.

La actividad política es o debería ser apasionante. Es el arte de administrar los recursos con los que se cuenta, de crear, de intervenir, de no intervenir, de construir en una dirección u otra. Es el arte de las posibilidades. Pero de eso apenas oigo hablar. Por eso, dedicar un minuto al día para seguir las declaraciones de unos u otros es una pérdida de tiempo que no me puedo permitir. Sería como dedicar mi tiempo libre a oír ruido en lugar de escuchar música.

No prestar atención a lo cotidiano no me impide ver que España necesita urgentemente que se haga política. Lo que llamarían los pedantes: política con mayúsculas. Y cada uno de nosotros como sujetos políticos que somos estamos en la obligación de pedirlo, de exigirlo. Cuando me manifiesto en la calle, cuando escribo, cuando hablo, no lo hago como alguien ajeno a «la política» por el hecho de no estar afiliada a un partido, sino porque tengo el deber y el derecho de involucrarme en lo que sucede en mi nación. Pero hemos cedido ese terreno a los profesionales de la cosa. Nos hemos permitido el lujo de limitarnos a votar o no votar.

Mientras en España se agranda la brecha que amenaza la estructura de la nación, lo que hacen nuestros representantes es decidir si se alisa la pared para que quede más bonito y ganar votos, o se deja el gotelé. Mientras ellos discuten sobre sus rencillas partidistas con el objeto de preservar o alcanzar el poder, España se va agrietando cada vez más y amenaza derrumbe.

Tenemos Cataluña ingobernada -con el peligro de que cuando se forme gobierno sea aún peor el remedio que la enfermedad-, los nacionalismos avanzando y rompiendo España en Valencia, Baleares, Navarra, Asturias, Galicia, Andalucía… de las vascongadas ni me pronuncio porque la han tomado. El nacionalismo no construye nada, destruye todo para vivir en una ficción. Aun así, los grandes partidos no son capaces de unir esfuerzos para acabar con el adoctrinamiento en las escuelas , derribar las barreras artificiales y las desigualdades que el estado autonómico ha creado y eliminar las redes clientelares que cada comunidad ha tejido a lo largo de cuarenta años. No es falta de capacidad – aunque no van sobrados- es falta de voluntad, porque los partidos nacionales perderían la posibilidad de pactar con aquellos que tienen como objetivo romper España a cambio de cuatro años de poder.

Esto me recuerda al refrán: «guárdeme mi padre, guárdeme mi madre, si no me guardo yo, no me guarda nadie». Más vale que dejemos de delegar todo en los profesionales de la cosa y salgamos a exigir lo que nos conviene. No hacerlo es eludir nuestra responsabilidad sobre la herencia que le vamos a dejar a nuestros hijos. Porque al fin y al cabo, la patria es la herencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El triunfo de Moncloa. Por Carmen Álvarez

«El día que Méndez de Vigo negó el adoctrinamiento en las escuelas catalanas supimos que nada iba a cambiar».

Andan todos dándole vueltas a las mensajes de Puigdemont, y es que este hombre es un filón para el periodismo. Ya lo hubiera querido Franco en esos veranos secos de noticias que siempre tenía que tirar del famoso «hambre en Moscú» para la portada de ABC. Con Puigdemont siempre hay algo que contar, y si no habla en dos días, también da lugar a que los exégetas puchimonianos interpreten su silencio. Me maravilla que ese ser con cara de casting para «dos tontos muy tontos» tenga en jaque a un gobierno y a un país, al fin y al cabo.
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Sin excusas. Por Carmen Álvarez

 Es necesario valor, determinación y paciencia. Y, sobre todo, no callar nunca más. 

 

Leo que la RAE ha incorporado nuevos términos en el diccionario. Así como curiosidad, me han llamado la atención algunas palabras como buenismo, atribuido a la excesiva tolerancia; postureo, que se define como actitud artificiosa o impostada que se adopta por conveniencia o presunción; y, por supuesto, la palabra estrella: posverdad, distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.

Sólo estas tres palabras describen perfectamente los defectos y trampas de la sociedad moderna. Y con sólo estas tres palabras podríamos explicar a alguien que desconoce el famoso prusés, en qué consiste y cómo se ha llegado hasta aquí. Insisto en la definición de la RAE:

Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Continuar leyendo «Sin excusas. Por Carmen Álvarez»

Podemos y el separatismo. Por Carmen Álvarez

«… un elemento tan distorsionador como el independentismo en estos momentos puede ser un buen aliado para la consecución de su único fin:  conquistar el poder».

 

A lo largo de estos años, Podemos ha pasado de ser el centro de atención del panorama político español para más tarde ser considerado un partido más dentro del arco parlamentario  y, actualmente, ser una formación en declive. Pero no olvidemos que fue un dolor de cabeza para  buena parte de la sociedad española, que asistió aterrorizada a su meteórico ascenso. No era para menos, en las primeras elecciones generales del 20 de diciembre consiguió, con un casi impecable vestido socialdemócrata  y antes de fagocitar a Izquierda Unida, la friolera de sesenta y nueve escaños y la amenaza del Frente Popular planeó sobre nuestras cabezas hasta el último momento.

Llegada la campaña para las segundas elecciones y habiendo engullido literalmente a la formación de Garzón -ese muchacho que fue dibujado con aspecto de buen seminarista pero que dice ser comunista hasta la médula- Podemos agudizó todavía más su discurso socialdemócrata sin rubor alguno. Pero cualquiera que haya seguido la trayectoria de su líder está ya advertido de que Iglesias no tiene absolutamente ningún problema en disfrazarse de lagarterana si con eso consigue su objetivo. Lo que él mismo llamó “jugar con nuevas identidades que puedan abrir el campo”. Continuar leyendo «Podemos y el separatismo. Por Carmen Álvarez»

Intelectualidad 2.0. Por Carmen Álvarez

Hay días en los que un comentario, un artículo o un simple tuit te da la misma vida. Sin ir más lejos, esta mañana he leído este tuit de Juan Carlos Monedero: «Fui el primer expediente de mi promoción, llevo 6 ediciones del libro sobre la Transición y 14 de otro sobre democracia, estudié en Alemania, invitado 2 veces a hablar en la ONU, titular de Universidad, 25 años de experiencia. Dice el PP que no le valgo».

Qué grande es Monedero. No se deja ni un topicazo de lo que, probablemente, mi amigo Iván Vélez calificaría como intelectualidad 2.0.  Continuar leyendo «Intelectualidad 2.0. Por Carmen Álvarez»

A por Navarra. Por Carmen Álvarez.

Todavía hay miles de navarros que no quieren ser lo que no son, no quieren ser anexionados por nadie, ni pasar a formar parte de una mentira. Los navarros no son vascos e históricamente nunca lo han sido. Más vale que se organicen y luchen con constancia e inteligencia contra la invasión que se está produciendo en su región. Si no lo hacen ahora, llegará el lloro y el crujir de dientes. Además de las urnas, es necesario arrebatarles la calle y el discurso.

 

En la era de lo políticamente correcto lo suyo es decir que todas las ideologías son respetables. Todas las simplicidades que se les ocurran serán aceptadas gustosamente por el personal si están orientadas en la dirección correcta. Esto es, lo que está de moda. Y ahora se lleva mucho el derecho a decidir de los pueblos. ¿Quién puede decir que no a algo tan hermoso? Este concepto que nos ha colado el nacionalismo como inapelable, es su caballo de Troya para mostrar una cara amable –la revolución de las sonrisas– y un argumento simplón al alcance de los más susceptibles al sentimentalismo y la emotividad.

Pero pongamos las cosas en su justo lugar. Cuando hablamos de nacionalismo, hablamos de una doctrina cuasireligiosa que se sustenta en la superioridad de un pueblo –milenario siempre- con unas características específicas y diferentes al resto de la humanidad. Sobre todo, radicalmente distinto a los pueblos colindantes a su territorio; cosa que no deja de ser curiosa. Continuar leyendo «A por Navarra. Por Carmen Álvarez.»

No hay nada ganado. Por Carmen Álvarez

Después de cinco años y unos últimos meses devastadores para cualquiera que tenga un mínimo de sentido común, parece que estos últimos días empezamos -los del sentido común- a levantar cabeza. La mayoría silenciada en Cataluña está rompiendo su silencio de forma espontánea, sin nadie que la lidere más que el hartazgo, el asco y el sentimiento más fuerte que el miedo de no dejarse doblegar.

De pronto, al independentismo chuleta y descarado, al Pepito piscinas de la política, al macarra de barrio,  las cosas le están viniendo mal dadas. No sólo por el despertar de la mitad de la sociedad de la catalana sino porque las grandes empresas y los principales bancos han decidido no esperar ni media tontería más y cogen los trastos y se van. Si hay un indicador de la fe en un proyecto es el dinero. Y ha quedado más que demostrado que el dinero no cree en la República Independiente Feminista Bolivariana Catalana y de todos los Santos. Pero esto no creo que afecte demasiado al fanático de la calle. Es más, el separatista pata negra se vendrá arriba y arengará a las masas aludiendo a su superioridad: «no se van, los echamos». La prueba está en sus primos de Compromís en Valencia que han dicho que no los quieren allí. La ideología y la patria por delante. Así cavilan. Continuar leyendo «No hay nada ganado. Por Carmen Álvarez»

No se puede tener todo en esta vida. Por Carmen Álvarez

«Lo que en el terreno literario puede dar lugar a resultados agradables e inofensivos, el Pensamiento Alicia aplicado a asuntos de política y economía reales puede ser sumamente peligroso y ofensivo.»
Gustavo Bueno.

 

 

No se puede tener todo en esta vida. Constitución, ley y diálogo fraternobuenrollista con el que se salta las normas olímpicamente y declara por activa y por pasiva que va a seguir haciéndolo creyéndose legitimado por una metafísica y etérea voluntad del pueblo. ¿Qué pueblo? No sabemos exactamente, creo que llaman así a sus votantes, a su gente. Los que quedan fuera de esta categoría -que es más de la mitad de la población catalana- no son pueblo, ni catalanes, ni sujetos de derechos supongo. No cuentan. Continuar leyendo «No se puede tener todo en esta vida. Por Carmen Álvarez»