Untermenschen. Por Antonio Jaumandreu

“…una nueva república que pretende construirse contra la voluntad de la mitad de su población va a requerir dosis masivas de represión para su implantación efectiva. Represión y exilio. Y no parece que esta posibilidad preocupe lo más mínimo al presidente Torra. Total, no existimos”.

 

Con gran esfuerzo he leído una entrevista que el digital separatista Vilaweb ha hecho al Presidente Torra. Es una de esas entrevistas en que entrevistador y entrevistado se masajean mutuamente. Uno coloca balones en la línea de gol para que el otro remate con lucimiento. Las preguntas llevan implícita la respuesta. Nada se cuestiona, nada se inquiere: se da simplemente el pie para que el entrevistado coloque sus mensajes con absoluta comodidad, y este corresponde con paternal delectación. En fin, aquí ( https://www.vilaweb.cat/noticies/quim-torra-veig-lhoritzo-net-veig-que-ens-en-sortim/) la tiene quien desee leerla.

La entrevista contiene todo lo necesario para que cualquier gobierno sensato aplique ipso facto el 155 de manera drástica y sine die: es un compendio de amenazas y un detallado anuncio de un nuevo plan golpista, o mejor, la constatación de que el golpe nunca ha cesado y de que el fugaz y torpe intento de atajarlo no fue lo suficientemente contundente como para que las estructuras golpistas quedasen dañadas. Ello evidencia además que esa estructura golpista era mucho más sólida de lo que se pensaba, que sus ramificaciones llegaban mucho más lejos de lo imaginado y que la deslealtad es el estilo de vida del nacionalismo catalán desde hace muchos, muchos años. Leer más “Untermenschen. Por Antonio Jaumandreu”

Por la gracia de Sánchez. Por Antonio Jaumandreu

“En aquellos tiempos las diferencias se ventilaban de manera menos civilizada, y en nuestro país empezaron a sucederse los enfrentamientos, los asesinatos, los ajustes de cuentas, las sublevaciones, las quemas de iglesias y fábricas. Y finalmente media España se alzó contra la otra media, que a su vez previamente había intentado borrarla de la faz de la tierra”.

Probablemente muchos de entre los jóvenes ignoren que Francisco Franco se consideraba “Caudillo de España por la gracia de Dios” y que así lo proclamaban las monedas acuñadas durante su largo mandato, que se extendió desde abril de 1939 a noviembre de 1975. Treinta y seis años. Algo menos de lo que lleva el PSOE gobernando ininterrumpidamente en Andalucía, por poner un ejemplo que resulte fácil de entender…

Franco fue un dictador. Empecemos por ahí. Y por aclarar que cuando el dictador murió yo tenía quince años, honi soit qui mal y pense. Su larga dictadura tuvo épocas de extrema dureza y otras más blandas, rozando un paternalismo autoritario. Una situación por otra parte propia de las dictaduras “de derechas”, de las que suele decirse que, si no te metes en política, puedes vivir razonablemente bien. Claro: ni en política, ni en moral, ni en cultura, ni… O sea: trabaja y calla y no te pasará nada.
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Entre dos fuegos. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

“La Sra. Calvo ha reaccionado a esa amenaza directa, clara y notoria pidiendo lealtad. ¿A los separatistas, al Sr. Torra? No: a la oposición constitucionalista”.

 

No nos engañemos por más tiempo. Los ciudadanos catalanes que se sienten constitucionalistas, unionistas, españoles, como quieran llamarlo, están (estamos) entre dos fuegos.

Hasta hace bien poco nos sentíamos agredidos por los sucesivos gobiernos de la Generalidad, que nos consideran una especie de apestados (de hecho el presidente Torra lo tiene escrito con palabras bastante más gruesas) a los que ignorar y someter, pero por detrás sentíamos un cierto respaldo, blandito, pero respaldo a fin de cuentas, del gobierno de Madrid, o del Estado si prefieren.
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Un embajador de España. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

“…(los nacionalistas)no están habituados a que nadie se les enfrente. Y eso explica la leyenda de la revolución de las sonrisas, del buen rollo separatista, radicalmente falso: el separatismo es cordial solo y únicamente mientras no se le opone nada ni nadie”.

El incidente ocurrido en Washington entre el presidente de la Generalidad de Cataluña, Sr. Torra, y el embajador de España, Sr. Morenés, es enormemente ilustrativo. Imagino que todo el mundo está a estas alturas al cabo de la calle, pero por si acaso se impone un resumen previo para situarse.

Resulta que el Smithsonian organiza cada año unas jornadas en las que tiene a algún país o territorio como invitado y protagonista. Este año han sido dos: Cataluña y Armenia. Se trata de unas muestras principalmente culturales, si bien a ningún conocedor de la situación actual catalana se le escapa que un escaparate de estas características iba a ser utilizado por los separatistas para pregonar su conocida cantinela del enfrentamiento entre el ansia catalana por la democracia y la libertad, y la inveterada tendencia española a la opresión y el expolio.

Hay que reconocer en este punto que los separatistas siempre han sabido moverse muy bien en el terreno exterior. Utilizan hábilmente los peones que tienen distribuidos por todo el mundo, que trabajan con eficacia y constancia (y que nadie piense que se trata de espías sofisticados: simplemente son auténticos militantes full time del independentismo que aprovechan sus trabajos, contactos y posiciones para trabajar en pro de la secesión de Cataluña). Y a ello hay que añadir una eficaz, aunque mucho más cuestionable, política de la Generalidad para literalmente comprar o al menos engrasar voluntades en prensa, política, universidades e instituciones diversas alrededor del mundo.

¿Es esto ilegal? En esencia no, salvo que pudiese demostrarse la compra económica de voluntades. Y aún así dependería de la finalidad: es perfectamente legítimo que yo pague a un periodista o a un escritor en un determinado país o medio para que hable bien de mi nación. Lo delicado es cuando le pago para que hable mal de otra. La pregunta, como siempre, es por qué el Estado español, con todos sus medios visibles y no visibles, no utiliza su fuerza para contrarrestar esas acciones.

Pero volviendo al tema. Resulta que los actos del Smithsonian incluyen una cena de gala a la que asiste el embajador de España Sr. Morenés. Toma la palabra el Sr. Torra y, como era de esperar, arremete contra España con acusaciones de tener presos políticos, de perseguir a la gente por defender sus ideas, de utilizar la violencia contra los ciudadanos indefensos, etc. El embajador no le interrumpe, y espera su turno para subir a la tribuna. Y en su discurso rebate meticulosamente cada una de las acusaciones del presidente catalán y explica que el gobierno español se vio obligado a aplicar el 155 ante la evidencia de que el gobierno catalán estaba violando leyes, estatuto y constitución. Y tiene un recuerdo para los catalanes no separatistas. Todo ello entre cálidos elogios a la cultura, la historia y la lengua catalanas. (http://www.lavanguardia.com/politica/20180628/45461576369/discurso-pedro-morenes-washington-quim-torra.html)

El Sr. Torra monta en cólera, sus acompañantes empiezan a vocear y gesticular, y finalmente la delegación de la Generalidad se levanta y se ausenta dejando al embajador con la palabra en la boca. Para completar la narración de los hechos queda una guinda grotesca: después de atender fuera del edificio a sus periodistas de cámara (esos que no hacen preguntas incómodas), el Sr. Torra y los suyos intenten volver a entrar, y la seguridad del edificio les niega el paso por haber provocado un altercado.

Hasta aquí los hechos. Pero me interesa sobre todo una conclusión fácilmente extraíble de ellos. Y es la de que el separatismo ha llegado donde ha llegado única y exclusivamente porque nunca nadie le ha parado los pies. Y hechos como este demuestran su extraordinaria fragilidad, fruto de su no menos extraordinaria soberbia. Simplemente no están habituados a que nadie se les enfrente. Y eso explica la leyenda de la revolución de las sonrisas, del buen rollo separatista, radicalmente falso: el separatismo es cordial solo y únicamente mientras no se le opone nada ni nadie. En cuanto alguien osa contradecirles, y en especial frente a un auditorio no domesticado, toda su zafiedad, ira, soberbia y violencia apenas soterrada estallan. Y contra todos los principios de la diplomacia, y frente a todas las normas de cortesía en un evento en el que son invitados, vociferan y se levantan, pese a que la intervención del embajador fue extraordinariamente ponderada, se esté o no de acuerdo con su contenido. Hasta tal punto llega esa arrogancia supremacista que, rozando la estulticia, les indigna que España se defienda. Parece ser que esperaban que España facilitase su propia destrucción y aun pidiese perdón por las molestias causadas. Se manifiestan furiosos por algo tan absolutamente de cajón como que el jefe del estado defienda la permanencia de su estado.

El embajador Morenés ha rendido un último (presumiblemente será cesado por el cambio de gobierno en Madrid) y gran servicio a España. En primer lugar, arruinando con gallardía la costosa operación propagandística que la semana del Smithsonian suponía para la causa del separatismo. En segundo lugar, mostrando a las claras las manifiestas carencias de los amarillentos tractorianos en lo que a talante, cortesía y saber estar se refiere. Nada que no supiésemos aquí, pero no está de más que lo vean por ahí fuera. En tercer lugar, porque su actitud y la reacción de los perpetuamente tristes nos ha de enseñar a los de aquí que nada hay más vulnerable que un separatista si se le planta cara, y en consecuencia nos ha de animar a ello, en todo foro y toda ocasión. Los políticos frente a los políticos, y los ciudadanos frente a nuestros conciudadanos. Ya está bien de callar ante el cuñado de turno, ante el compañero de trabajo o ante el desconocido que en voz alta suelta la matraca en un lugar público. Con serenidad, firmeza y argumentos. Como el embajador. No son pocos, pero son cobardes y extraordinariamente débiles a nivel argumental. ¿A por ellos? No, pero ni por un minuto más permitamos que vengan a por nosotros.

Las nacioncillas rabiosas y el estado voluntariamente indefenso. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

“España por alguna extraña causa ha decidido en los últimos años no modernizar su arsenal legislativo y por lo tanto no adaptarlo a las nuevas amenazas”.

Lo de “nacioncillas rabiosas” es brillante y antigua creación de Alejo Vidal Quadras, aclaro antes de continuar.

Observen los últimos movimientos: Alemania tumba (en primera instancia, cierto) la acusación de rebelión del Tribunal Supremo. El ministro de Hacienda español cuestiona la alegación de malversación de recursos públicos, con lo cual todo el proceso penal contra los golpistas catalanes queda pendiente de un frágil hilo. El parlamento catalán sigue recreándose en su inoperancia generosamente retribuida, utilizando cada recurso reglamentario no para intentar hallar un candidato válido, sino para alimentar la tensión con el estado. Los medios de comunicación públicos catalanes, y buena parte de los privados que viven de las subvenciones y ayudas públicas, vomitan a todas horas el odio contra España y proclaman el heroísmo y la limpieza de la revolución catalana.
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Los burladeros legales. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

“¿Tiene algún sentido que un juez extranjero, totalmente ajeno al caso, en base a unos escritos extremadamente resumidos, traducidos a toda prisa de otro idioma con la casi inevitable pérdida de matices que ello implica, tenga derecho a valorar en cuestión de días y por procedimiento de urgencia lo que el magistrado requirente lleva meses instruyendo en miles de folios y habiendo tenido ante sí además a declarantes y pruebas?”

Siempre que pierdo un juicio (que no el juicio), y eso sucede con alguna frecuencia a todos los abogados, intento hacer un ejercicio con el cliente: plantearnos juntos que tal vez no teníamos la razón legal de nuestra parte. Analizar la sentencia no desde la perspectiva del derrotado y cabreado, sino como si la viese un tercero totalmente ajeno. Es difícil para el cliente, pero conveniente.

En el caso de la resolución de un tribunal de Schleswig – Holstein sobre la entrega o no de Carles Puigdemont a España para ser juzgado por rebelión y sedición se impone hacer ante todo esa reflexión. Y a mí, a falta de cliente, me lleva a algunas conclusiones:
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Desgraciados. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

“Estáis creando para ellos (vuestros hijos) una Cataluña triste y deprimente, antipática y hostil. Nosotros podemos alejarnos de ella, pero vuestros hijos no, porque no les dejáis levantar la vista del ombligo nacionalista. Les estáis arruinando el futuro”.

He visto hoy un vídeo que me ha impactado. Más incluso que la chilena de Ronaldo o el incidente entre Doña Sofía y Letizia, que no es poco. Pueden verlo aquí, aparte de las fotos fijas que he colgado arriba.

Por si hay problemas al visualizarlo: en una de esas paradisíacas calas de la Costa Brava, los separatistas han decidido cubrir la playa con cruces amarillas, convirtiendo el idílico paisaje en un sombrío cementerio amarillo con decenas y decenas de crucifijos plantados en la arena. En las imágenes se puede ver a madres sujetando las cruces mientras chavales de 12 o 13 años las clavan con un martillo y otros se lo miran mientras engullen el bocadillo de la merienda.
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