Macron contra el populismo

   De susto en susto los europeos pasamos los fines de semana. Bueno, no todos. Ni todos los fines de semana hay elecciones, a Dios gracias, ni todos los europeos están asustados por lo movimientos populistas que campan por sus respetos en toda Europa. Escuchaba esta mañana que cuatro de cada diez franceses han votado populismo, ya sea de extrema izquierda o derecha, es decir, antisistema y antieuropeo. Los que tendemos a ver el vaso medio lleno, nos consolamos pensando que seis de cada diez franceses han votado opciones razonables. O lo que a mí me parece razonable, que todo es subjetivo en esta vida y no soy quién para pontificar. De cualquier modo, el primer puesto de Macron -aunque sea con Le Pen pisándole los talones- es para Europa una buena noticia, un respiro. Rápidamente, excepto Melenchon que merecerá siempre capítulo aparte, todos han pedido el voto para Macron para contener el populismo. La pregunta es: ¿por cuánto tiempo? Pues dependerá de lo que el ex ministro de economía francés sea capaz de hacer durante su mandato. No lo tiene nada fácil. Francia, como toda Europa, se enfrenta a problemas de extrema gravedad: la amenaza yidahista en sus calles, que ha llegado para quedarse; un paro de un diez por ciento que se ha estancado y no baja –muchos dirán aquí que ya lo quisiéramos para nosotros- y el problema de la inmigración –la mayoría de nacionalidad francesa de tercera generación- que ha ido aislándose en ghetos, subsidiada por un Estado gigantesco que no repara en gastos. A todo esto habría que añadir que Macron tiene el dificilísimo reto de hacer una Europa más simpática para los franceses y que estos dejen de percibirla como un lastre para su prosperidad.

   Pero vayamos kilómetro a kilómetro. Macron tiene que ganar dentro de quince días, cosa que parece que sucederá. Mientras tanto, estaremos atentos a Melenchon –como espejo de nuestro Podemos, que cada cual lleva lo suyo- a ver qué es más fuerte para él, si su furibundo antieuropeismo o su ultraizquierdismo, por rancio que nos resulte.

Venezuela desesperada. Por Carmen Álvarez

“Lo que empezó siendo un clamor contra la injusticia y por la democracia hace unos años, ahora se ha convertido en un llanto por la libertad, por la comida, por medicamentos, por las necesidades más básicas, por la vida.”

 

Venezuela parte el alma, porque tiene el alma rota. Desesperada. Tan desesperada que graban y retransmiten esa desesperación para que lo creamos; para que escuchemos; para que hagamos algo. Venezuela grita angustiosamente pidiendo ayuda. Veo a una chica chillar que está harta de luchar contra la dictadura, que ya no puede más, no le queda más que llanto y desolación. Llegan vídeos en los que siniestros motoristas recorren las calles aterrorizando literalmente al pueblo, disparando, pegando. Lo que empezó siendo un clamor contra la injusticia y por la democracia hace unos años, ahora se ha convertido en un llanto por la libertad, por la comida, por medicamentos, por las necesidades más básicas, por la vida. Salir a la calle a protestar es un acto de valentía tan tremendo que sólo se puede entender desde el punto de vista del que no tiene nada que perder. Y es que los venezolanos ya no tienen nada que perder. Lo han perdido todo. Mueren dos críos por disparos en la calle. Habían salido a reclamar su futuro. ¿Qué tiene un joven sino futuro? Futuro que ha quedado tendido en el asfalto.

Maduro ríe. Maduro baila. Maduro vocifera. Maduro insulta. Maduro habla con perfecto desprecio a los millones de venezolanos que se juegan la piel en las calles. Me pregunto si Maduro es de este mundo. Sí lo es, sí. Porque en este mundo existen, desgraciadamente, muchos como él. En realidad, Maduro no es nadie. No sabe nada. No sabe hacer política. No tiene preparación alguna. Pero si algo parece claro a estas alturas es que Nicolás no se irá a no ser que lo echen. Para eso se ha cuidado bien de armar a parte de la población para que lo defiendan. Sí, para que lo defiendan. Porque hablar de revolución bolivariana o de cualquier cosa que quiera parecerse a una idea en estos momentos es, sencillamente, mentira. Una mentira grotesca que sólo pueden creer tres locos. Maduro, el líder, prefiere una guerra civil en Venezuela que marcharse. Ése es Nicolás Maduro.

Quizá no todo el mundo entienda el dolor que nos produce Venezuela, nación hermana, hispanoamericana. Fueron miles los españoles que en el siglo pasado se fueron allí, buscaron una vida mejor, enriquecieron el país y se hicieron venezolanos de adopción. Muchos de sus hijos y nietos ahora han tenido que volver a España dejándolo todo, no sólo lo material, sino familiares, amigos, toda una vida, sus raíces. No puedo imaginar los días de pánico y angustia que estarán pasando.

Pero la cercanía de Venezuela, también ha sido aprovechada por los que ahora callan. Por los que, con la excusa de asesorarlos en la maravillosa revolución bolivariana, han sacado pingües beneficios a costa del pueblo venezolano. Estos que ahora más que hablar, parlotean desde un vergonzoso autobús que nos descubre lo que ellos llaman “la trama”. Sí, ellos. Los que se pasean por Madrid señalando e impartiendo justicia desde su indigesta superioridad moral, parando en la puerta de partidos y grandes empresas para señalar y poner en la diana a personas con nombres y apellidos, como si esto fuera el salvaje oeste, ciudad sin ley. Ellos, los que gritan consignas y hacen juicios sumarísimos desde el autobús de la vergüenza, no han tenido una palabra para Paola, asesinada con veinticuatro años; para Carlos José, asesinado con diecisiete años. Ni una palabra para ellos. No debe ser relevante para ellos.

Con todos sus defectos y problemas, agradezco vivir en España, donde los corruptos son juzgados y van a la cárcel una vez probados los delitos, donde se vota en libertad, donde puedo luchar para cambiar las cosas sin jugarme la vida. Y algo tengo muy claro: no quiero una España gobernada por revolucionarios de tres al cuarto, con los mismos vicios y corruptelas que critican, que sólo traen hambre y división a los pueblos. Esos que quieren destruir la España que conozco, no los quiero. No permitamos que nos den ni una sola clase de moralidad aquellos que no tienen una palabra para los muertos.

http://xyzdiario.com/opinion-destacada/opinion/venezuela-desesperada/

Publicado el 21 de abril de 2017 en @XYZdiario

Culpables mientras se demuestra lo contrario. Texto de Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

Acertadísimo y necesario artículo sobre la presunción de inocencia:

“En este caso, o se está a favor radicalmente o se está en contra, porque no caben excepciones ni medias tintas. Es un principio sagrado de nuestro derecho penal y de la propia Constitución. Por tanto, no debería merecer siquiera comentarios: debería regir sin disputa ni cuestionamiento.”

https://losarbolesyelbosque.wordpress.com/2017/04/20/culpables-mientras-se-demuestra-lo-contrario/

LA FARSA DEL DESARME por Javier San Sebastián @sansebastian_j

¿Alguien se cree lo de la farsa del desarme de ETA? Yo no. Estos tipos siguen siendo asesinos, actualmente en paro forzoso pues las fuerzas de seguridad españolas les derrotaron. Han entregado una parte del arsenal que tienen, por supuesto cuidándose muy bien de que no sirva para resolver algunos de los muchos asesinatos todavía sin esclarecer.
Los etarras y su entorno son alimañas repugnantes que sólo entendieron (y siguen entendiendo) de muerte, lo mismo da si se trataba de policías, hombres, mujeres o niños. La sociedad española no puede ni olvidar ni perdonar la crueldad de esa banda de psicópatas despiadados, y tampoco la cobardía cómplice de tantos vascos que justificaban sus acciones con esa disculpa de “algo habrá hecho”. El clero vasco es especialmente cómplice  del terror etarra, al que comprendió, justificó y amparó.
Tengo la certeza de que esta farsa (artesanos de la paz se llaman los de la foto, manda cojones) le va a reportar pingües beneficios a la banda terrorista, gestionado todo ello por el PNV. Después de ver hace poco al torturador Bolinaga salir de la cárcel por una supuesta enfermedad a la que sobrevivió tan campante mucho tiempo, o al sanguinario “Txapote” libre (el tiro en la nuca a un arrodillado Miguel Angel Blanco le ha salido casi gratis), no sería de extrañar ver cómo toda la banda termina en cárceles vascas, y una vez transferida la competencia sobre cárceles al gobierno vasco, a todos tomando potes con su gente en las calles del Goierri o el cosmopolita Bilbao. No olvidemos que esta legislatura de Rajoy es como la cuarta de ZP en demasiadas cuestiones.
Lo de siempre: el muerto al hoyo y el vivo (etarra) al bollo.

Comunidad de vecinos

La nula capacidad de nuestros representantes en el Parlamento para llegar a pactos beneficiosos para la nación española es manifiesta y su voluntad de mejorar esa ineptitud perfectamente descriptible. Ni hay materia gris, ni hay voluntad. Rindámonos.

A partir de esa incapacidad, cualquiera podría pensar, a juzgar por la imposibilidad de nuestros políticos para llegar a un mínimo acuerdo, que las diferencias entre izquierda y derecha en España son irreconciliables. Que estamos ante formas de gobernar completamente diferentes, de proyectos incompatibles. Pues bien, dejemos las palabras proyecto, izquierda, centro, derecha, principios, valores e ideas para artes dignos de mejor causa, porque en nuestra Realpolitik de cada día no tienen sentido alguno.

Es comprensible que a todo aquel que se considere de izquierda, progresista, socialdemócrata, socialista, centroizquierda, liberalprogresista o similar –dejo abiertas todas las posibilidades- le produzca urticaria el simple hecho de pensar en pactar cualquier ley con el Partido Popular. Porque en España hemos dejado de analizar los hechos para movernos de forma totalmente emocional. Basta ver cómo enfocan Díaz y Sánchez sus campañas para las primarias: “Susana ilusiona” y “Sí es sí”. Ninguna de las dos alocuciones transmite idea alguna pero suenan bien. Aunque la intención de su proyecto –por llamarlo de alguna manera- esté en el futurible pacto, no en su lema.

Por el contrario, el Partido Popular gestiona el gobierno – que no gobierna- en un sinvivir tratando de agradar a aquellos que nunca lo querrán. Primero, porque no tiene ideas propias ni proyecto digno de tal nombre –entendiendo como proyecto la intención de llevar España a algún sitio- y en segundo lugar, porque es un partido acomplejado por su origen de centro derecha. Hasta tal punto se avergüenza de sus orígenes que no tiene problema en pasarse de frenada con tal de conseguir la aceptación de la progresía estúpida y vacía que rige y dicta el pensamiento actual. Véase a la Sra. Cifuentes en la Comunidad de Madrid aplicando la dictadura de la ideología de género o a los populares baleares liderados por un pseudonacionalista de quiero y no puedo.

En los cinco meses de legislatura que llevamos como podemos todos los españoles, obligados como dicen estar los partidos al diálogo, es llamativo lo poco que se han entendido. Cada uno ha estado a sus problemas internos –que en el caso de Podemos y el PSOE no han sido pequeños, este segundo sin resolver– y, a la vez, mirando de reojo a la galería para salir guapos en la foto – Ciudadanos se ha reconvertido en liberalprogresita– por si Rajoy decide convocar elecciones en cualquier momento y los pilla de aquella manera.

Por fin, nos anuncian a bombo y platillo que Ciudadanos ha dicho sí a los presupuestos como un tremendo logro y haciendo un considerable esfuerzo en aras del maltraído sentido de Estado. ¡Faltaría más señores de Ciudadanos que no aprobaran ustedes unos presupuestos ramplones y de tránsito! Pero, por favor, no nos vendan como éxito unos presupuestos que, si nada se tuerce, se aprobarán para el verano y tendrán una vigencia fugaz, tiempo en el que ya debieran estar trabajando para los del dos mil dieciocho.

Probablemente, un presidente de cualquier comunidad de vecinos que se precie tenga un sentido más largoplacista de su cargo que los políticos españoles; cuyo único interés es que los renueven en el cargo, ya no por cuatro años, sino por seis meses más antes de que el presidente de escalera, Don Mariano, convoque Junta General Extraordinaria a modo de elecciones generales.

Y así se va desdibujando España, una gran nación gestionada –que no gobernada- como una comunidad de vecinos venida a menos, por una junta de segunda que sólo busca la renovación en el cargo por un año más.

 Publicado el 5 de abril de 2017 en @XYZdiario

http://xyzdiario.com/opinion-destacada/opinion/comunidad-de-vecinos/

Sentido de Estado

   El mediocre nivel de los políticos españoles es tan constatable como aterrador. No es que España nos tenga históricamente acostumbrados a políticos brillantes, ni mucho menos, pero hay momentos cruciales en los que sufrir de este mal puede tener consecuencias devastadoras. El mediocre, en contra de lo que él mismo cree, es un tipo extremadamente peligroso porque no sólo no es consciente de su tremenda limitación intelectual, sino que además tiene un alto concepto de sí mismo. Si examinamos detenidamente a los líderes de los principales partidos– en el caso del PSOE multiplican por tres- ninguno ha demostrado tener lo que tanto se reclama: altura de Estado.

   Es cierto que eso de la altura de Estado es un concepto discutido y discutible, que diría Zapatero. Sin ir más lejos, el Sr. Egibar el otro día pedía al Gobierno de España altura de miras para facilitar el bochornoso desarme de ETA. Difícilmente nadie en su sano juicio que no esté imbuido de la perniciosa ideología nacionalista – valga la redundancia- dará la interpretación al citado concepto tal y como lo hace el insigne político vasco.

   Estar a la altura de las circunstancias es una frase tan usada y abusada por nuestros mediocres y sectarios políticos que ha perdido su auténtico valor. Se ha convertido en puro tacticismo partidista, en un medio como otro cualquiera de llevar al huerto al contrario. Cuando un nacionalista pide de forma muy solemne afrontar el conflicto con altura de miras –ellos siempre hablan en modo histórico y prebélico- lo que realmente quiere decir es que hay que pasar por encima de la ley sin despeinarse, en aras de la voluntad popular, porque ellos y sólo ellos son sus legítimos intérpretes. Eso, en realidad, es estar a la altura de sus circunstancias.

   Por otro lado, la expresión sentido de Estado también es muy utilizada para invitar al pacto en el ámbito político nacional. Naturalmente, sirve para dejar en mal lugar al que no está dispuesto a la coyunda puesto que actúa como chantaje emocional. Es un arma arrojadiza de extraordinaria eficacia. De hecho, de Susana Díaz –política inepta por excelencia- se dice que es la mejor candidata para dirigir el PSOE porque es la única con sentido de Estado. Lo dramático de la situación es que es cierto: es la única de los tres candidatos que no quiere entregar el partido socialista en brazos de Podemos. Así que todos aceptamos pulpo como animal de compañía.

   Pretender convencernos de que alguno de los cuatro principales partidos está a la altura de las circunstancias en las que se encuentra España es insultante. Porque en su terrible y miserable mediocridad cada uno nos vende que son los únicos capaces de velar por los intereses de la nación y sus ciudadanos, asumiendo en el discurso la exclusividad, por supuesto. Mientras tanto, se pelean entre ellos, los gobiernos regionales se convierten en moneda de cambio, se desangran en sus luchas intestinas por una parcela de poder e hipotecan el futuro de España aportando como aval la unidad de España, nuestro futuro y el de nuestros hijos. Lo demás no importa. Lo importante es tener sitio en el chiringuito. Gracias señorías.

Publicado el 28 de marzo de 2017 en @XYZdiario

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