De la izquierda y sus obsesiones. Por @abogadosensible

“Pero la izquierda es así, siempre buscando una nueva obsesión que justifique su existencia, una nueva lucha que pueda generar fractura y mantenerlos en la pelea, aunque ello conlleve que en vez de avanzar hacia la igualdad que propugna, se creen nuevas desigualdades que nunca sabemos que depararán a nuestra sociedad”.

 

Estos días estamos viviendo la obsesión del gobierno de Pedro Sánchez por llenar de titulares los medios con la cuestión de la exhumación de los restos del General Franco. Una obsesión que pese a que a la mayoría nos genera desde la hilaridad (lleva 43 años muerto) al rechazo ante decisiones que maldita falta que hacen en nuestro país, no son ni mucho menos neutras.

Hagamos un poco de historia, nuestro mundo actual es heredero directo del nacido tras las guerras revolucionarias o napoleónicas. La creación de los estados nación, y la desaparición de los estados patrimonio (de las respectivas familias reales), se inició en dicho momento y llega hasta la actualidad. El surgimiento de esos estados vino acompañado de la creación de un nuevo sistema económico, el capitalismo, que si bien generó el progreso en doscientos años más grande de la humanidad, no es menos cierto que generó muchas tensiones y desigualdades sociales que, aunque muy corregidas sobre todo en los países occidentales, aún siguen existiendo.
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Cuidado, es Bola. Por Ignacia de Pano @ignaciadepano

-Ten cuidado, es mi corazón. No es un reloj que sostienes o esa nota que lees y luego quemas, es mi corazón.

Llegué a Bola de Nieve a través del espejo de Caetano Veloso. Una tarde de verano en Madrid, con el sol aún alto quemándome la espalda. El concierto de la noche anterior había tenido que suspenderse y Caetano propuso ofrecerlo al día siguiente a primera hora, con tiempo para poder seguir inmediatamente al aeropuerto.

Fue así, a plena luz del día y entre clásico y clásico, cuando Caetano nos contó que esa mañana, en su habitación del hotel y con las cortinas cerradas, cambiando al azar los canales de la televisión, se había quedado enganchado en una película antigua en la que había sonado el “Vete de mí” de Bola. Hizo ahí una parada para sonreír con un gesto entre la admiración y el asombro. “Ah, Bola…” susurró. Y cerró los ojos mientras iniciaba una versión desnuda y bellísima del clásico que yo escuché entonces por primera vez, a las cuatro de la tarde de un sábado de julio de hace ya muchos años, jovencísima, enamorada y alerta, muy alerta, a todo lo que fuera música de la que te puebla por dentro.
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Entre dos fuegos. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

“La Sra. Calvo ha reaccionado a esa amenaza directa, clara y notoria pidiendo lealtad. ¿A los separatistas, al Sr. Torra? No: a la oposición constitucionalista”.

 

No nos engañemos por más tiempo. Los ciudadanos catalanes que se sienten constitucionalistas, unionistas, españoles, como quieran llamarlo, están (estamos) entre dos fuegos.

Hasta hace bien poco nos sentíamos agredidos por los sucesivos gobiernos de la Generalidad, que nos consideran una especie de apestados (de hecho el presidente Torra lo tiene escrito con palabras bastante más gruesas) a los que ignorar y someter, pero por detrás sentíamos un cierto respaldo, blandito, pero respaldo a fin de cuentas, del gobierno de Madrid, o del Estado si prefieren.
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La Nada vacía. Por Rome Clay @BenjaminTyreen

Hay una película de 2012, “Buscando un amigo para el fin del mundo”, que trata de los últimos días que viven sus dos protagonistas mientras la humanidad espera un asteroide que, irremediablemente, acabará con ella y con el planeta. A ver, que el “flim” no es una maravilla, pero tiene su parte original, es entretenido, y por momentos te crees que los protagonistas están realmente enamorados.

Cabrían diversas reflexiones de esas de cinefórum a partir de ese planteamiento “apocalíptico”, al menos sobre la mesa de una tertulia de gente con un mínimo de sensibilidad, inquietudes e inteligencia, así en plan “cómo aprovecharías tus últimas horas”, o “qué te preocuparía” en una situación como esa. Ahora se me ocurren dos:
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Se avecina tormenta. Por Bea Fanjul @bea_fanjul

“Si ya nos esperaba un futuro desolador con los nacionalistas, imagínense lo que puede ser con un gobierno español sometido al yugo nacionalista”.

Se avecina tormenta. Siento  como el cielo oscurece y se tiñe de un gris oscuro, ese color que tanto caracteriza al País Vasco. Una tormenta cargada de cinismo, engaño y desafío.

La hoja de ruta marcada por los nacionalistas nos lleva nuevamente al pasado, volvemos al Plan Ibarretxe y a su afán por quebrar nuestra tierra, que nada nos importa a los vascos. Una reforma del Estatuto, es la última genialidad de las 2 fuerzas mayoritarias en el País Vasco (PNV – EHBILDU).

El nuevo estatuto nos divide en Ciudadanos Vascos vs Nacionales, por supuesto, con distintos derechos y deberes, no pretenderán que los vascos de primera jueguen en la misma liga que los de segunda, y por vasco de primera me refiero a los que se sienten únicamente vascos, sin saber que ser vasco te hace doblemente español. Para que nos entendamos, me recuerda mucho a los tiempos duros, cuando te señalaban por pensar diferente, la diferencia es que antes lo hacían con plomo y ahora lo harán con un “carné de identidad”. Todo ello acompañado de un referéndum, porque no nos olvidemos que su fin justifica los medios, y su última parada es la independencia.
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El disgusto de Sánchez. Por Carmen Álvarez.

Si hay algo que siempre me ha llamado la atención de todos los presidentes del gobierno, no sólo españoles, sino también extranjeros, es el desgaste físico que sufren durante su mandato. Pareciera que el tiempo pasara más rápido por ellos que por el resto de los mortales. No sé si este detalle habrá tenido que ver con  que no me dedique a la política, pero les ves al principio de su mandato y les comparas con su foto final y dan penita.

No me extraña nada, por supuesto. Gobernar debe de ser una auténtica angustia. Gobernar con responsabilidad quiero decir. Lo que desde la barra del bar se ve tan fácil, o lo que otros arreglarían en un solo tuit, en la práctica es complicadísimo. No  es sencillo tomar decisiones cuando no tienes todo los medios del mundo para hacer feliz a un país. Los cambios prometidos en la campaña electoral -si la hubiere-, los compromisos económicos adquiridos, vistos  en toda su amplitud y complejidad sentado en el sillón del jefe del gobierno no deben de ser tan fáciles de resolver; a no ser que seas Eduardo Garzón y te líes a imprimir dinero como un loco, claro.

Quizá al que menos se le ha notado ese declive ha sido a Rajoy pero, si se fijan ustedes, el tinte del pelo cada vez más rojizo para cubrir la cana en comparación con el blanco de la barba ya empezaba a ser alarmante.

Incluso Zapatero, político al  que hasta hace poco tenía por el ser más irresponsable de la tierra, estaba más cansado al final de su legislatura. Este caso habría de tratarse aparte. Porque ZP vivió en los mundos de yupi con su Sonsoles en La Moncloa durante varios años democratizando España y haciendo feliz a todo el mundo -o al menos eso creía él- hasta esa cruenta mañana del 12 de mayo de 2010 en la que la crisis económica le dio una bofetada de realidad que le despejó el cerebro de una sola pasada, ni faltó cara ni sobró mano. No sabremos nunca si el expresidente  maduró o le “maduraron” -debió ser una premonición de sus quehaceres actuales-, me inclino a pensar que el tortazo le vino de Europa; el caso es que, de la noche a la mañana, José Luis tuvo que hacer políticas de persona mayor y anunció los recortes económicos más brutales de la historia reciente. ZP perdió la sonrisa, unos kilos y a todos sus admiradores – muchos y muy famosos, los de la ceja-  así que él también pareció encogerse físicamente y su pelo encaneció.

En el caso de Sánchez, llevaba ya nuestro presidente por sorpresa en La Moncloa unos dos meses y el pueblo sin saber el estado anímico del líder. Ni una rueda de prensa, ni un plasma, tan solo un vídeo suyo haciendo el ganso por los jardines de su nuevo hogar -anhelado como nada en el mundo por cierto-.

Por fin llegó el día que habló y de lo que dijo tan sólo se me quedó una frase en la cabeza -esto me pasa mucho últimamente debido al cansancio, espero, porque si no es la edad-, pero es que lo demás tampoco debió ser muy relevante. Un gobierno feminista y no sé qué más. Preguntado el señor presidente del Gobierno si había tenido algún disgusto en este tiempo, nuestro Sánchez, más súpersanchez que nunca, miró al periodista y le dijo con una sonrisa de nosédequécoñomehablausté, “no me he llevado ningún disgusto”.

Ya no me quedó duda alguna. Sánchez es un irresponsable y un bobo de solemnidad. Soy de las que cree que una persona que siempre está contenta es que es muy necia o está drogada. En este caso Pedro no es consciente del puesto que tiene y lo interpreta como un juego en el que tan sólo tiene que hacer los equilibrios necesarios, como si fuera un juego de cálculo, para conservar el poder. Un poder que para él consiste en vivir en una súpercasa, hacer felices a sus amigos dándoles trabajos maravillosos, colocando a Begoña en no sé dónde o recibiendo a Merkel en Doñana enfundado en un pantalón pitillo que exhiba su apolíneo cuerpo. En fin, una vida feliz. Creo que él no se siente presidente del gobierno, se siente monarca absoluto.

El único contacto que tiene con la realidad quizá sea el sentido del tiempo. No sabe cuánto puede durar este regalo de la vida y para toda la vida -por fin tiene su renta vitalicia- y no ha perdido ni medio segundo en dejar a los suyos colocaos.

No sé cuándo se llevará Pedro el disgutazo, pero no duden de que ese disgusto se lo darán en todo nuestro trasero. Quizá por eso está siempre tan contento.

Relato: Filosofía escanciada. Por Francisco Javier Sánchez Palomares @pacurll

 

Había ganado dinero con el último trabajo y aproveché que estaba en la ciudad para invitar a Charlotte al Oyster a almorzar vino y ostras antes de comer. Reservé a primera hora, a las 11:30 am. La recogí en su casa con el coche a las 10:45 y llegamos con el tiempo justo para estacionar en el aparcamiento de la Grand Central. Siempre escojo con cuidado la plaza exacta donde aparco. Manías.

Bajamos al Oyster, un bar enterrado y sin ventanas, excelente para conversar y conservar las esencias. Acababa de abrir, estaban todas las mesas vacías y el maître nos condujo a nuestra mesa con acierto inevitable.

—¿Qué desean tomar los señores?

—Una botella de vino y una docena de ostras, por favor.

—Tenemos una gran bodega y veinte tipos de ostras, caballero.

—El vino lo elegirá ella y las ostras, las mejores, por supuesto. No, espere, traiga las más caras, que hoy tengo dinero.

—Camarero, un buen champagne será suficiente. Veo que estás madurando, Trevor —ironizó ella.

—Espero que no, Charlotte, la madurez es el instante anterior a la podredumbre. Si estuviesen maduras las ostras que vamos a comer, tal vez serían tóxicas.

—Tal vez alguna vez hablarás en serio.

—Está bien, hablaré en serio: ¿qué me dices de estas bóvedas de barquillo de helado que nos cubren?

—Guastavino…

—Por supuesto, querida, espumoso, seco, excelente elección.

—Guastavino es el arquitecto, memo. Son bóvedas tabicadas. Era valenciano, de España, no de Nuevo México, ignorante, y además de este bar y de esta estación, realizó multitud de trabajos por toda la ciudad. Querido, dices muchas tonterías.

—Hablar en serio se parece a querer morirse, querida. Quien muestra excesiva dignidad aún no ha descubierto que sus sentencias más solemnes también son insignificantes, al igual que la vida.

—Gracias por tu clase gratuita de filosofía escanciada.

—Para escuchar agradecimientos con reproches, mejor me hubiese quedado en el coche, Charlotte.

—Hubiera almorzado más tranquila, sin duda.

—Pero más aburrida, pedante. ¡Camarero!, otra docena de ostras y más champagne, por favor. ¡Del más caro! Venga, Char, cuéntame más de Guastavino mientras comemos ostras y bebemos vino.

Charlotte me lanzó una mirada cargada de instinto asesino y sexual a partes iguales. Creo que solo seguía conmigo para poder clavarme las uñas en la espalda. Es mejor caerle un poco mal a las mujeres, así no tienen miedo a hacerte daño y se atreven a comenzar una relación que, antes de conocerte, saben que acabará por los aires.

Fueron llegando clientes. Seguimos degustando espumoso y sorbiendo conchas.

Fueron marchando clientes. Seguimos discutiendo a carcajada limpia.

—Señores, vamos a cerrar.

Aboné la cuenta y salimos pitando, teníamos cinco minutos para recoger el coche antes de que cerrara el parking. Pagamos al muchacho y él nos devolvió las llaves y un gesto de desaprobación con la cabeza.

Al llegar al coche, comprobé que había aparcado en el único lugar correcto; habían desaparecido todos los demás vehículos menos el nuestro.

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Bóvedas del Oyster Bar, Grand Central Terminal, Nueva York. Rafael Guastavino.