LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y EL CHICO LACOSTE. Por Josep Danon @DanonJosep

“La función de mi aportación consiste, pues, en facilitar al lector luz y taquígrafos sobre los elementos de hecho de los que se ha valido la Audiencia Nacional para su posterior valoración jurídica, a fin de que el propio lector pueda ponderarlos”.

 

La reciente negativa del Juzgado de Primera Instancia de Gante a conceder la extradición del rapero pijo, el chico Lacoste, se basa básicamente en considerar que las expresiones por las que fue juzgado por la Audiencia Nacional, deben de encuadrase dentro de la creación artística, y por consiguiente, se hallan protegidas por el derecho a la Libertad de Expresión.
Estos días se ha venido escribiendo desde diverso foros, y sin demasiado conocimiento de causa, a cerca del contenido “artístico” de las expresiones objeto de condena.

No es objeto de este artículo reflexionar respecto de los límites de la libertad de expresión, o la necesidad de que la creación artística deba o no ser completamente libre, ni siquiera valorar desde el punto de vista jurídico los razonamientos que llevan a la Audiencia nacional a la condena.
La función de mi aportación consiste, pues, en facilitar al lector luz y taquígrafos sobre los elementos de hecho de los que se ha valido la Audiencia Nacional para su posterior valoración jurídica, a fin de que el propio lector pueda ponderarlos.

A continuación transcribo sin mutilaciones ni comentarios la relación de hechos probados de la sentencia núm. 4/2017 de 21 febrero de la Audiencia Nacional. Pasen, vean, y juzguen ustedes mismos:
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La Nada vacía. Por Rome Clay @BenjaminTyreen

Nadie que eche de menos nuestra sonrisa o nuestras cartas, porque desaparece todo: las cosas, los libros, los dibujos, la música, el agua, la sombra bajo un árbol, el árbol mismo”.

Hay una película de 2012, “Buscando un amigo para el fin del mundo”, que trata de los últimos días que viven sus dos protagonistas mientras la humanidad espera un asteroide que, irremediablemente, acabará con ella y con el planeta. A ver, que el “flim” no es una maravilla, pero tiene su parte original, es entretenido, y por momentos te crees que los protagonistas están realmente enamorados.

Cabrían diversas reflexiones de esas de cinefórum a partir de ese planteamiento “apocalíptico”, al menos sobre la mesa de una tertulia de gente con un mínimo de sensibilidad, inquietudes e inteligencia, así en plan “cómo aprovecharías tus últimas horas”, o “qué te preocuparía” en una situación como esa. Ahora se me ocurren dos:

Una, esa sensación de certeza de tu muerte en unos días, pero gozando de perfecta salud, la fatalidad inevitable del “todo se acaba” así, gratis, porque sí, sin enfermedad o accidente, solamente —y nada menos— porque el mundo se acaba, nos ponen el “The End” y ya.

Pero hay otra idea en el planteamiento de la película, no tan evidente quizás: sabemos que la muerte no descansa, pero sigue unos turnos (a veces bastante, absurdos, ya) de forma que siempre queda alguien para contarla, para temerla o para esperarla. Pero lo que ocurre con ese “Fin del mundo” es que desaparecemos, todos, y a la vez, no queda nadie. Nadie. No queda ni siquiera la muerte, que no tiene nada ya sobre lo que posarse.

Nadie para recordarnos, nadie que pueda decir de nosotros —aunque ya no estemos— que fuimos quienes le descubrimos ese lugar, ese libro, ese beso o ese sentimiento; nadie que rece por nuestra alma ni que la maldiga, nadie que se arrepienta de habernos conocido, o de no habernos dicho esto o aquello cuando tuvo oportunidad, o de habérselo callado.

Nadie que eche de menos nuestra sonrisa o nuestras cartas, porque desaparece todo: las cosas, los libros, los dibujos, la música, el agua, la sombra bajo un árbol, el árbol mismo. Desaparece lo grabado en las lápidas de los que se fueron antes, sus obituarios en el periódico, que guardamos porque creíamos que servía de algo, obituarios que nadie hará para nosotros.

Y se borra para la eternidad vacía toda memoria porque no queda persona o soporte que la mantenga, desaparece toda la Historia, recuerdos, relatos, vestigios, anotaciones al margen…

No sé describir, y no voy a seguir intentándolo más y tan torpemente, hasta qué punto de fría y vacía es esa nada, la nada vacía del día después de haber acabado todo, de golpe, a la vez, y para todos.

No sé, por haceros una idea, pensad si eso en la sonrisa de Pedro Sánchez.

Relato: Una rubia en el cine. Por Francisco Javier Sánchez Palomares @Pacurll

 

—Lou, no sé si mandarlo todo a paseo o comprarme una gabardina más pequeña.

—Me importa un rábano, Trevor, decide: copa o café.

—Decido no pagarte.

—¿Para comprarte la gabar…

—Buenos días, caballeros.

Entró Jeffrey Seisdedos interrumpiendo a Lou. Era su proveedor de whiskey, un trapacero sin mácula; capaz de hacer pasar whiskey bueno por matarratas con tal de engañarte. Dejó su mercancía apoyada en la barra, dos comentarios condescendientes sobre tres clientes, cuatro miradas impúdicas hacia cinco damas que no estaban allí, se lamió los dedos para contar los billetes y se escabulló haciendo ruidos guturales. Leer más “Relato: Una rubia en el cine. Por Francisco Javier Sánchez Palomares @Pacurll”

Derrotas blanqueadas… las nuestras. Por @BenjaminTyreen

“han sido derrotadas la razón y la civilización, y no sólo el lenguaje, que se habla de paz y de conflicto y se asumen y descuentan los asesinatos de unos delincuentes comunes y cobardes como si fueran producto de una lucha política…”

En estos tiempos de blanqueos de todo tipo, cada cual más vergonzante, en que tenemos perdida, entre otras muchas batallas, la del lenguaje, me niego a sucumbir sin al menos alzar la voz un segundo antes de la derrota final, una voz al modo de ese pulgar del Terminator a punto de ser completamente consumido por el metal fundido (eso sí que era una verdadera y deseable disolución), voz y un pulgar conscientes de no servir para nada, que todo está ya perdido, y no por haber caído en buena lid, sino por la dejadez y pereza mental de los que creíamos buenos (acabo de definir la traición), frente a las malas artes y la astucia sin escrúpulos de los malos, con lo cual nos privan incluso de la fordiana gloria en la derrota, en el caso de que aquélla realmente exista, que no, que los huesos de Owen Thursday, O’Rourke y todos los demás, pelados y blanqueados (de nuevo) por el viento del Valle, llevan mucho tiempo olvidados y no saben de glorias, que el olvido a todo vence, e iguala en la nada, fría y vacía, la dignidad o indignidad que un día pudo tener ese último segundo antes de irse, que ya no importa.

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La Généralité. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

Parece que pronto habrá que distinguir entre Generalitat de Cataluña y Generalitat en Cataluña. La propuesta hecha por el prófugo Puigdemont de que el preso Sánchez sea elegido presidente de la Generalitat mientras él se reserva el papel de glorioso exiliado con corte incluida apunta en esa dirección: dos “Generalidades”, aunque por supuesto y por desgracia no por el precio de una. Leer más “La Généralité. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu”

“70mm”. Relato De Francisco Javier Sánchez Palomares @Pacurll

Desperté granulado, con el color saturado y en 70 mm, como en una película de 1977. Al hablar, comprobé que mi dicción era perfecta, el  tono grave y el timbre foliador. No hacía falta ser muy audaz para darse cuenta de lo desacostumbrado de la situación, de hecho, nunca había amanecido en Ultra Panavision. Más allá de cierta preocupación transitoria, decidí fisgonear.

Lo primero que me llamó la atención fue la fotografía. A pesar de ser cálida y natural, casi ninguna secuencia de las que iba viviendo estaba rodada con luz solar. Soberbia utilización de los focos. Después de arreglarme pelo y patillas, me coloqué unas correas con dos fundas a ambos costados para portar pistolas, me cubrí con un tres cuartos de piel marrón y bajé a la calle.
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Contra la visión castellanista del español. Por Iván Vélez @IvanVelez72

Nos hemos acostumbrado a utilizar el término “español” y “castellano” en función de inclinaciones políticas, sin saber exactamente qué implica cada palabra. Los hispanófobos hasta hace un tiempo utilizaban la palabra “castellano” rehuyendo nombrar el español. Ahora que asistimos al clímax independentista y que ninguna palabra es inocente sino que lleva una carga ideológica insoportable, el nacionalismo habla ya de lengua española, no para reconocer su ámbito nacional, más bien al contrario, sino para tratarla como una lengua extraña a sus regiones. Tanta estupidez  sólo puede ser motivada por un enfermizo sectarismo y por su gran aliado, la ignorancia. Es por ello que compartimos en el blog el artículo de Iván Vélez publicado en Altamira. Revista de Estudios Montañeses, Núm. 81, 2011, págs. 307-312.

 

“La lengua española constituyó un decisivo aglutinante para el Imperio, contribuyendo a configurar un bloque histórico de escala mundial del que España no es ya, si atendemos al número de hispanohablantes, sino parte de su dintorno. Pese a ello, desde hace más de un siglo, operan en nuestra nación facciones hispanófobas que son conscientes de que atacar al español es atacar a España. En efecto, varias son las regiones españolas que se emplean a fondo para erradicar la lengua de Cervantes de todo aquello que tenga que ver con el mundo oficial y la enseñanza. A esta versión fuerte de unos separatismos intoxicados por el Mito de la Cultura, hemos de añadir una más suave, aquella que, de un modo sibilino, ataca a la lengua española apelando a uno de sus nombres clásicos. Así, a la lengua hablada por los hombres hispanizados, en lugar de español, se le llamará «castellano», dejando la puerta abierta, en España, a la equiparación con lenguas regionales.”

 

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