De enemigos y buenas personas. Por Carmen Álvarez

 



 «…no dejo de preguntarme de qué premisa mental parte este  diputado de Podemos para reconocer que jamás pensó que le diría a un diputado del PP que era buena persona y que lo iba a echar de menos.  Éste es el quid de la cuestión.»

 

A Churchill se le atribuyen tantas frases que a veces ya dudo de si realmente el político dijo todo lo que se ‘imputa’ . En este caso sí es cierto que al comentario ingenuo de un joven diputado tory señalando a la bancada de enfrente como enemiga, el político inglés contestó con la lapidaria sentencia, “nuestros adversarios están enfrente, nuestros enemigos atrás”.

Siendo una frase desoladora para los que, llenos de ideales y buenas intenciones,  pretenden dedicarse al otrora noble ejercicio de la política, ya quisiéramos muchos para estos tiempos que sólo se considerara enemigos a los propios y adversarios a los que defienden ideas contrarias a las nuestras. Hoy en día todos somos enemigos y no se hacen prisioneros. Leer más “De enemigos y buenas personas. Por Carmen Álvarez”

ME DEBO A MI PÚBLICO: REPUTACIÓN, POSTUREO Y ARTISTEO DEL PERIODISMO (DE OPINIÓN) PATRIO. Por Hildy Johnson

me fío casi instintivamente de los que no tienen una reputación que mantener, aquellos que no van de nada. Entiendo que esto es prácticamente imposible o complicado teniendo en cuenta que, para empezar, son todos humanos y formar parte del firmamento mediático es un modo de emborracharse muy rápido…”.

Estos días pasados, previos y posteriores a las elecciones andaluzas, han sido estupendos para comprobar, una vez más, el nivel de televisión,  periódicos y radio. Y es que hay muchos periodistas, que podemos llamar estrellas  (y hay estrellas rojas, naranjas, azules, blancas y enanas, supergigas, etc.), que se deben a su público en el sentido que voy a relatarles: les puede su reputación (más bien su personaje); segundo, y consecuencia de lo anterior, el postureo les mata;  y, tercero, y  no en importancia, el artisteo es, a menudo, una tentación constante (y, para algunos, el ámbito natural donde nadan).

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Series: UN ESCÁNDALO MUY INGLÉS – GRANT. Por @opicar

“…el caso de Hugh Grant merece reseña aparte. He de reconocer que nunca ha sido un actor que haya gozado de mis preferencias, aún a fuerza de ser injusto siempre lo he visto demasiado encasillado en papeles de guapo bobalicón; sin embargo su interpretación de Jeremy Thorpe en la serie es para enmarcar, en mi opinión alcanza la excelencia y decir que está sobresaliente sería quedarme corto”.

Mini serie de tres capítulos que podéis ver en Amazon-Prime, producida por la BBC y basada en el escándalo político que protagonizó en su momento Jeremy Thorpe, líder de los liberales ingleses, y que convulsionó a la sociedad británica. Está dirigida por Stephen Frears a mi juicio de manera magistral.

No haré demasiado hincapié en el hecho de que la serie está producida por la BBC, como siempre con su sello distintivo que las hace reconocibles, pero no puedo resistirme a elogiar el tono de tragicomedia con que se narra la historia, llegando por momentos a lo delirante, un tono digno del mejor Berlanga que, en mi caso, no cabe mejor elogio.

He referenciado el comentario con Grant porque, si bien todo el plantel de actores es sencillamente inmejorable, el caso de Hugh Grant merece reseña aparte. He de reconocer que nunca ha sido un actor que haya gozado de mis preferencias, aún a fuerza de ser injusto siempre lo he visto demasiado encasillado en papeles de guapo bobalicón; sin embargo su interpretación de Jeremy Thorpe en la serie es para enmarcar, en mi opinión alcanza la excelencia y decir que está sobresaliente sería quedarme corto.

Que nadie se engañe, el tono tragicómico con que Frears nos cuenta lo sucedido allá por los años setenta con el escándalo Thorpe, no oculta ni por un solo momento la seriedad de los temas que la serie pone sobre el tapete, y que son de plena actualidad a día de hoy. La lucha de los colectivos LGTB, la corrupción y la doble moral de la clase política, el clasismo, el papel de la prensa o el cuestionable funcionamiento de la Justicia, son asuntos que la serie no solo no rehúye, sino que pone en evidencia, al tiempo que lo hace compatible con el hecho de tratar a los personajes con un cierto grado de compasión.

“Un escándalo muy inglés” es un ejemplo soberbio de la forma de hacer cine y series de los británicos, una lección magistral de interpretación de sus actores, un uso de la ironía y del humor solo al alcance de aquellas islas y un ejercicio de honradez a la hora de tratar y abordar temas espinosos de su propio pasado; en definitiva, una serie que es un pecado perderse.

Por último una reflexión personal y que como tal no tiene más valor, es seguro que la lectura política que cada quien hará de lo visto en la serie será distinta, pero en mi caso me ha reafirmado en la creencia de que el mundo se sustenta básicamente en el uso de la mentira como instrumento de poder. Es posible que la inmensa mayoría tan solo utilicemos la mentira por instinto de supervivencia, y que tan solo seamos mentirosos aficionados, pero no me cabe la menor duda de que los mentirosos profesionales habitan y medran en el seno de las élites políticas.

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y EL CHICO LACOSTE. Por Josep Danon @DanonJosep

“La función de mi aportación consiste, pues, en facilitar al lector luz y taquígrafos sobre los elementos de hecho de los que se ha valido la Audiencia Nacional para su posterior valoración jurídica, a fin de que el propio lector pueda ponderarlos”.

 

La reciente negativa del Juzgado de Primera Instancia de Gante a conceder la extradición del rapero pijo, el chico Lacoste, se basa básicamente en considerar que las expresiones por las que fue juzgado por la Audiencia Nacional, deben de encuadrase dentro de la creación artística, y por consiguiente, se hallan protegidas por el derecho a la Libertad de Expresión.
Estos días se ha venido escribiendo desde diverso foros, y sin demasiado conocimiento de causa, a cerca del contenido “artístico” de las expresiones objeto de condena.

No es objeto de este artículo reflexionar respecto de los límites de la libertad de expresión, o la necesidad de que la creación artística deba o no ser completamente libre, ni siquiera valorar desde el punto de vista jurídico los razonamientos que llevan a la Audiencia nacional a la condena.
La función de mi aportación consiste, pues, en facilitar al lector luz y taquígrafos sobre los elementos de hecho de los que se ha valido la Audiencia Nacional para su posterior valoración jurídica, a fin de que el propio lector pueda ponderarlos.

A continuación transcribo sin mutilaciones ni comentarios la relación de hechos probados de la sentencia núm. 4/2017 de 21 febrero de la Audiencia Nacional. Pasen, vean, y juzguen ustedes mismos:
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La Nada vacía. Por Rome Clay @BenjaminTyreen

Nadie que eche de menos nuestra sonrisa o nuestras cartas, porque desaparece todo: las cosas, los libros, los dibujos, la música, el agua, la sombra bajo un árbol, el árbol mismo”.

Hay una película de 2012, “Buscando un amigo para el fin del mundo”, que trata de los últimos días que viven sus dos protagonistas mientras la humanidad espera un asteroide que, irremediablemente, acabará con ella y con el planeta. A ver, que el “flim” no es una maravilla, pero tiene su parte original, es entretenido, y por momentos te crees que los protagonistas están realmente enamorados.

Cabrían diversas reflexiones de esas de cinefórum a partir de ese planteamiento “apocalíptico”, al menos sobre la mesa de una tertulia de gente con un mínimo de sensibilidad, inquietudes e inteligencia, así en plan “cómo aprovecharías tus últimas horas”, o “qué te preocuparía” en una situación como esa. Ahora se me ocurren dos:

Una, esa sensación de certeza de tu muerte en unos días, pero gozando de perfecta salud, la fatalidad inevitable del “todo se acaba” así, gratis, porque sí, sin enfermedad o accidente, solamente —y nada menos— porque el mundo se acaba, nos ponen el “The End” y ya.

Pero hay otra idea en el planteamiento de la película, no tan evidente quizás: sabemos que la muerte no descansa, pero sigue unos turnos (a veces bastante, absurdos, ya) de forma que siempre queda alguien para contarla, para temerla o para esperarla. Pero lo que ocurre con ese “Fin del mundo” es que desaparecemos, todos, y a la vez, no queda nadie. Nadie. No queda ni siquiera la muerte, que no tiene nada ya sobre lo que posarse.

Nadie para recordarnos, nadie que pueda decir de nosotros —aunque ya no estemos— que fuimos quienes le descubrimos ese lugar, ese libro, ese beso o ese sentimiento; nadie que rece por nuestra alma ni que la maldiga, nadie que se arrepienta de habernos conocido, o de no habernos dicho esto o aquello cuando tuvo oportunidad, o de habérselo callado.

Nadie que eche de menos nuestra sonrisa o nuestras cartas, porque desaparece todo: las cosas, los libros, los dibujos, la música, el agua, la sombra bajo un árbol, el árbol mismo. Desaparece lo grabado en las lápidas de los que se fueron antes, sus obituarios en el periódico, que guardamos porque creíamos que servía de algo, obituarios que nadie hará para nosotros.

Y se borra para la eternidad vacía toda memoria porque no queda persona o soporte que la mantenga, desaparece toda la Historia, recuerdos, relatos, vestigios, anotaciones al margen…

No sé describir, y no voy a seguir intentándolo más y tan torpemente, hasta qué punto de fría y vacía es esa nada, la nada vacía del día después de haber acabado todo, de golpe, a la vez, y para todos.

No sé, por haceros una idea, pensad si eso en la sonrisa de Pedro Sánchez.

Relato: Una rubia en el cine. Por Francisco Javier Sánchez Palomares @Pacurll

 

—Lou, no sé si mandarlo todo a paseo o comprarme una gabardina más pequeña.

—Me importa un rábano, Trevor, decide: copa o café.

—Decido no pagarte.

—¿Para comprarte la gabar…

—Buenos días, caballeros.

Entró Jeffrey Seisdedos interrumpiendo a Lou. Era su proveedor de whiskey, un trapacero sin mácula; capaz de hacer pasar whiskey bueno por matarratas con tal de engañarte. Dejó su mercancía apoyada en la barra, dos comentarios condescendientes sobre tres clientes, cuatro miradas impúdicas hacia cinco damas que no estaban allí, se lamió los dedos para contar los billetes y se escabulló haciendo ruidos guturales. Leer más “Relato: Una rubia en el cine. Por Francisco Javier Sánchez Palomares @Pacurll”

Derrotas blanqueadas… las nuestras. Por @BenjaminTyreen

“han sido derrotadas la razón y la civilización, y no sólo el lenguaje, que se habla de paz y de conflicto y se asumen y descuentan los asesinatos de unos delincuentes comunes y cobardes como si fueran producto de una lucha política…”

En estos tiempos de blanqueos de todo tipo, cada cual más vergonzante, en que tenemos perdida, entre otras muchas batallas, la del lenguaje, me niego a sucumbir sin al menos alzar la voz un segundo antes de la derrota final, una voz al modo de ese pulgar del Terminator a punto de ser completamente consumido por el metal fundido (eso sí que era una verdadera y deseable disolución), voz y un pulgar conscientes de no servir para nada, que todo está ya perdido, y no por haber caído en buena lid, sino por la dejadez y pereza mental de los que creíamos buenos (acabo de definir la traición), frente a las malas artes y la astucia sin escrúpulos de los malos, con lo cual nos privan incluso de la fordiana gloria en la derrota, en el caso de que aquélla realmente exista, que no, que los huesos de Owen Thursday, O’Rourke y todos los demás, pelados y blanqueados (de nuevo) por el viento del Valle, llevan mucho tiempo olvidados y no saben de glorias, que el olvido a todo vence, e iguala en la nada, fría y vacía, la dignidad o indignidad que un día pudo tener ese último segundo antes de irse, que ya no importa.

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