De indignaciones hemipléjicas. Por @MylesBo

 

Me gusta el fútbol. Y la pasión de los partidos en el estadio. Y que gane mi equipo. Pero aún mucho más que gane mi equipo, me gusta el fútbol.

A ver si con un ejemplo lo entienden todos, incluso esos que están un poco al límite, que van rozando el palo, vamos. Si no hablas nunca de fútbol no pasa nada, no lo echaré de menos. Si hablas de fútbol y criticas las ayudas arbitrales al Barsa tanto como las del Madrid, podré pensar que te gusta e importa ese deporte, y que tu opinión es sincera.

Pero si te rasgas las vestiduras y das la brasa cada día con los penaltis injustos a favor del Barsa, y el día que le regalan uno al Madrid (o al revés, me dan igual los equipos) te callas, es que ni te gusta ni te interesa el fútbol, eres un hooligan sectario que no distingue un balón de un bocata de sardinas, y sólo opinas para vomitar esa vileza típica del resentido que en el fondo se detesta a sí mismo.

Y si me aplaudes cuando critico una astracanada del equipo que no te gusta, pero cuando me meto con la última chorrada de “los tuyos” me sales con la mamonada de que peor aún es que haya hambre en el mundo, o que tu abuela come peras pero al menos no roba, entonces es que eres tan ruin que ni tan siquiera das pena. Mucho menos la mereces.

(No sé en qué párrafo he dejado ya de hablar de fútbol).