La extrema izquierda antisistema cuando pierde las elecciones. De la forma (trivial y risible), al fondo (preocupante). Por Rome Clay @BenjaminTyreen

Y ese insulto hacia los que no aceptan que les impongan sus ideas, lo que ellos “saben” que conviene, su totalitarismo en definitiva, es el estadio inferior y todavía “inofensivo”, porque la Historia (Stalin, Pol Pot, Castro, Kim Jong Un y otros héroes por el estilo) demuestra cuán fácilmente se pasa desde el desprecio, intelectual y social, al asesinato indiscriminado para reeducar a los “ignorantes”.

A nadie le gusta que ganen las elecciones sus rivales políticos. A nadie.

Es algo no sólo comprensible, sino coherente: Si asumes una opción política como buena y deseable porque crees (concedamos que de buena fe) que es la mejor para el bienestar de tus conciudadanos, y a la hora de votar esos mismos ciudadanos escogen mayoritariamente la opción contraria, resulta frustrante y decepcionante.

Esa decepción es normal, y a todos nos ha pasado (y, Dios mediante, nos seguirá pasando) muchas veces.

A partir de ello, es curioso examinar cómo algunos reaccionan públicamente ante los resultados electorales que no les favorecen, y la manera en que manifiestan su comprensible decepción.

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“Virgencita que me dejen como estoy”. Por Carmen Álvarez

 “A la espera de que Sánchez convoque elecciones y desaloje La  Moncloa, cosa que tendrán que hacer los bomberos supongo, esperamos de los que defienden España, lealtad y prudencia. El primer desafío es Andalucía. Que sepan que los observamos atentamente”.

 En estos últimos años absurdos que vive España, o más bien padece, algunos hemos arremetido contra la Constitución del 78 en el tema autonómico y, en mi caso, no me desdigo de nada.  Cada vez es más gente la que no cree que el estado de las autonomías haya sido positivo para estepaís. Basta mirar Cataluña o el País Vasco, para acreditar la máxima expresión -que no única- de un fracaso anunciado por pocas personas, por cierto, pero anunciado en su momento. Ahora, cualquier persona con un mínimo sentido común sabe que el nacionalismo es un monstruo insaciable, y cuánto más poder se le otorga, más demanda.

Desgraciadamente, hace falta aclarar y explicar que no estar de acuerdo con ciertos aspectos de la Constitución no te convierte en antisistema ni en fascista de forma automática. Y aquí hay un matiz fundamental a tener en cuenta, ¿qué grado de desacuerdo hay que tener con el marco jurídico fundamental para poder denominar a un partido anticonstitucionalista?

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Lo apolítico no es opción. Por Carmen Álvarez.

“No deja de ser paradójico que bajo la excusa de una sentencia por un juicio de corrupción, el PSOE haya llegado al poder pactando con la peor corrupción que existe: la de aquellos que quieren quedarse con lo que no es suyo, una parte de España”.

Artículo publicado en Ataraxia Magazine el día 1 de diciembre de 2018. https://ataraxiamagazine.com/

Hay cosas difíciles de olvidar, y cosas que no se deben olvidar nunca. El otoño del pasado año fue inolvidable. No sólo para los catalanes, sino para España entera. Insisto, no sólo para los catalanes, sino para España entera. No he escrito “para los catalanes y para los españoles”; les ruego que si algún día digo algo parecido me bloqueen o me nieguen el saludo si para entonces no lo han hecho ya.

De esas fechas, entre el 6 de septiembre y el 29 de octubre, todos tenemos grabadas imágenes, sensaciones, emociones, frases, discursos, cada uno de una forma. Lo que a algunos les impactó más, a otros no lo hizo en absoluto, y es que la memoria, que tiene mucho de emocional, es personal, única y perfectamente subjetiva, incluso diría que caprichosa.
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EL SULD Y EL DESCONCIERTO. Por Rome Clay @BenjaminTyreen

“Pero el día que todos voten ‘correctamente’ o al gusto de uno, de quien sea, el día que alguien esté completamente satisfecho con el resultado de unas elecciones porque se amolda a su criterio y no le produce desconcierto o sorpresa de ningún tipo, entonces será porque no haya SULD (sufragio universal, libre y directo), ni libertad, ni diversidad, ni respeto por el disidente”.

Veo estos dos días en la prensa y en las redes sociales sorpresa y desconcierto por los resultados electorales del domingo.

Y a riesgo de caer en un postureo didáctico que aborrezco (y, si es el caso, pido desde ya disculpas), intentaré recordar a esos desconcertados algo que seguro ya saben, pero que quizás con el fragor de los acontecimientos hayan olvidado momentáneamente.

Y me dirijo únicamente a los sinceramente y de buena fe desconcertados; a los resentidos y a los que se dedican a insultar a quienes no votan lo que ellos quieren, no; a estos últimos, dada mi ya avanzada edad, no puedo dedicarles ni un minuto de tiempo ni un gramo de atención, tiempo y atención que no diré que sean objetivamente apreciables, pero para mí tienen un cierto valor que no me permito malgastar.

Al tema: SULD. Cuando de joven estudiaba la Constitución y la Ley Electoral, pues me hacía apuntes, como todo el mundo cuando estudia. Y en los apuntes usaba, también como todos, abreviaturas. Sufragio universal, libre y directo.

Universal y libre, no censitario. Es decir, que cualquier persona mayor de 18 y no incapacitada judicialmente para ello puede votar libremente.

Además, puede hacerlo cualquiera que sean sus estudios, preparación, renta económica o posición social, sea o no contribuyente, sea un santo o un auténtico hijo de puta. Lo puede hacer desde un premio Nobel hasta el gorrilla aparcacoches, o pensadores tan profundos como Belén Esteban, Pep Guardiola o El Roto; puede hacerlo la cajera del Día y puede hacerlo el Gran Wyoming de los 19 inmuebles; ¡pueden hacerlo Incluso Piqué y Sergio Ramos!; puede hacerlo el niñato que se pasa el día haciéndose pajas y contándose los granos de la cara, y puede hacerlo el anciano que ha trabajado toda su vida en la mina o destripando terrones; puede hacerlo el superdotado intelectualmente y el que no sirve ni para mirar si llueve; puede hacerlo el vago cuyo mayor esfuerzo es practicar el diábolo de vez en cuando en los semáforos, y la madre de familia que trabaja 20 horas al día, sin vacaciones ni fines de semana.

Y no sólo pueden votar, sino que además, y para más “inri”, ¡pueden votar a quien les dé la gana! Y directamente, sin intermediarios. Y (venga, demos una vuelta de tuerca más) resulta que todos esos votos cuentan lo mismo vengan de quien vengan, no vale uno más que otro.

Eso es, explicado así muy pedestremente, el SULD que, como todo sistema, tendrá sus ventajas e inconvenientes, pero que personalmente me parece el mejor y más justo.

Claro, ocurre que con esto del SULD no siempre sale lo que nos gustaría, o incluso para algunos nunca o casi nunca. A veces resultan cosas que no nos parecen lógicas, según nuestras (personales) entendederas. Es lo que tienen la libertad y el hecho (para mí enriquecedor) de que no todos pensemos igual. Y esto último, tan sencillo, es lo que tristemente desconcierta a algunas personas (algunas de ellas con cierta inteligencia), que dicen no entender ni explicarse cómo la gente, o alguna gente, vota lo que vota en ejercicio de su libertad y del derecho al famoso SULD.

Pero el día que todos voten ‘correctamente’ o al gusto de uno, de quien sea, el día que alguien esté completamente satisfecho con el resultado de unas elecciones porque se amolda a su criterio y no le produce desconcierto o sorpresa de ningún tipo, entonces será porque no haya SULD, ni libertad, ni diversidad, ni respeto por el disidente. Como ocurre en otros países desgraciadamente contemporáneos. Ojalá aquí no llegue, no vuelva a llegar, ese día.

Nb: Quizás el del Nobel, ahora que lo pienso, no haya sido buen ejemplo, porque se lo dieron entre otros a Al Gore y a García Márquez (realismomágicoelquetraigoaquícolgando), pero bueno, ya me entendéis lo que quería decir.

Sobre Andalucía y sus elecciones. Por Estrella Fernández-Martos @estrella_fmm

Estrella Fernández-Martos me permite subir al blog este análisis “Sobre Andalucía y sus elecciones”. De Andalucía hablamos todos, pero no creo que tengamos muy claro de qué hablamos, como en tantas cosas. Conocí a Estrella hace pocos meses en Madrid y nos faltaron horas para hablar de mil cosas, entre otras de Andalucía. Quedó pendiente que me explicara a fondo cómo ve la región que vive y en la que vive. Así pues, le agradezc2o que haya hecho un hueco para escribir este texto y que me deje compartirlo en el blog.
Por cierto, prestad especial atención al último párrafo, por favor.
Podéis seguirla en su blog conlospiesenelaguablog.wordpress.com

Siempre me llama la atención la visión que se tiene de Andalucía y sus ciudadanos más allá de Despeñaperros. Una masa uniforme de votantes del PSOE, regados por el PER, la subvención  y la ayuda, amarrada por el amiguismo y la mayor red clientelar existente en España. Siendo en gran parte cierto, no es una verdad completa. En la gran mayoría de los análisis falta la otra gran razón por la que el gobierno de la Junta sigue en manos de los de siempre: La Oposición. Que no existe. Si no existe, no se ve. Y si no se ve, no se vota. Parafraseando a Don Mendo, el caso andaluz cuenta con el agravante de que “si no los conoces, no los votas y sigues siendo del mismo deudor, más ¡ay de ti si los conoces!, si los conoces es peor”.
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De la izquierda y sus obsesiones. Por @abogadosensible


“Y la última de las obsesiones de la izquierda española es FRANCO, muerto hace 43 años y que empezó a gobernar hace 82. A cualquiera que le cuentes que la obsesión y actividad principal del Presidente del Gobierno nombrado hace unos meses (según el cual era necesario un cambio de gobierno por la urgencia de los problemas de España, por lo que abanderó una moción de censura contra el Gobierno salido de unas elecciones generales) es tratar de encontrar la fórmula jurídica para desenterrar los restos mortales de alguien muerto hace cuarenta años…”

Estos días estamos viviendo la obsesión del gobierno de Pedro Sánchez por llenar de titulares los medios con la cuestión de la exhumación de los restos del General Franco. Una obsesión que pese a que a la mayoría nos genera desde la hilaridad (lleva 43 años muerto) al rechazo ante decisiones que maldita falta que hacen en nuestro país, no es ni mucho menos neutra.

Hagamos un poco de Historia: nuestro mundo es heredero del nacido tras las guerras revolucionarias o napoleónicas. La creación de los estados nación y la desaparición de los estados patrimonio (de las respectivas familias reales), se inició en ese momento y llega hasta la actualidad. El surgimiento de esos estados vino acompañado de la creación de un nuevo sistema económico, el capitalismo, que si bien generó el progreso más grande de la humanidad en doscientos años, no es menos cierto que trajo tensiones y desigualdades sociales que, aunque muy corregidas sobre todo en los países occidentales, aún siguen existiendo.

Bajo dicho conflicto, el de las desigualdades creadas por el capitalismo en los países del mundo occidental (esto se olvida muchas veces) es donde nacen los sindicatos y partidos llamados de izquierdas. Estos buscan, loable fin, combatir esas desigualdades sociales que levan a la explotación del proletariado para conseguir beneficios económicos que solo a unos cuantos favorecen. Para eso nacen esos partidos y sindicatos de izquierda y, aunque errados en muchos de sus planteamientos, es cierto que muchos de los estándares del modelo de vida actual, o sociedad del bienestar, nacen precisamente de esa lucha entre partidos de izquierda y las clases que defendían el capitalismo salvaje.

No quiero olvidar que, pese a la propaganda al respecto, dentro de las mismas clases dominantes muy pronto se vio que era necesario cambiar las cosas, pero no por miedo al estallido social, que también, si no por el kantiano “deber ser” que impregnaba a parte de la sociedad culta de la época: uno de los primeros hitos en defensa de los más socialmente débiles lo constituye la encíclica “rerum novarun” publicada en 1891 por el Papa León XIII, no precisamente un peligroso izquierdista.

Por no hacerlo largo diremos que esta confrontación tiene su punto culminante al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando la creación de los dos bloques generó una nueva izquierda dentro del mundo capitalista que encontró su mejor aliado en unos partidos burgueses, o de derechas, que entendieron al fin que la mejor manera de mantener su estatus era hacer partícipes a todos de los beneficios empresariales. Ello conllevó la reconstrucción asombrosa de la Europa occidental tras la Guerra en tiempo record. No tengo ahora el dato cerca, pero recuerdo haber leído que tras la Guerra De Gaulle hizo un discurso en el que indicaba que el continente tardaría treinta años en recuperar la riqueza anterior al conflicto bélico, y fue todo mucho más rápido, como ahora sabemos. Todo ello fruto de la colaboración entre el capitalismo, USA y las grandes empresas, y los partidos de izquierda que aparcaron sus obsesiones por conseguir la reconstrucción de una Europa mejor para todos.

La creación del estado del bienestar, aceptada por todos los partidos mayoritarios de los arcos parlamentarios de los países occidentales supuso, principalmente, dejar a la izquierda vacía de fines porque, al aceptar el sistema capitalista (contrario necesariamente a la igualdad en muchos aspectos) tenía que admitir también que ya no era posible conseguir muchos de aquéllos, y el resto del discurso le fue arrebatado por la derecha y el centro ideológico.

Llegados a este punto la izquierda necesitaba reinventarse y empezó a dar tumbos ideológicos.

Veamos: primero fue el mal llamado “pacifismo”: mientras existían los bloques, la obsesión de la izquierda era que el capitalista se deshiciera porque ponía en peligro la paz, y curiosamente eso no pasaba con el bloque comunista, al que nadie le pedía eso. Así asistimos en los años 80 a las manifestaciones contra la existencia de misiles con cabeza atómica, o la obsesión de la izquierda porque la OTAN se disolviera. Claramente todo dirigido desde Moscú, donde la izquierda miraba desde los años 30 en busca de órdenes.

Cuando se hundió el comunismo la izquierda occidental se quedó sin inspiración. Ya no había ideales que necesitaran ser defendidos ni peleas por las que luchar, habían desaparecido.

Eso generó la necesidad de inventar nuevas luchas autojustificantes que, disfrazadas de conquistas sociales de nuevo, justificaran la existencia de la izquierda. Además, al carecer de un líder válido que marcara el camino a seguir (ya no estaba el Secretario del Politburó en Moscú para ordenar) se empezaron a entremezclar ideas, algunas con más acierto que otras, en esa lucha por supervivencia ideológica.

Así, por ejemplo, asistimos al nacimiento del “animalismo”, la defensa de los animales, pero llevada a un punto en el que se confunde la prohibición de la crueldad con los animales, algo necesario y loable y que nadie de bien negaría, con un reconocimiento de derechos que pretende igualarlos a las personas, algo que no tiene ningún sentido jurídico.

Otra de las obsesiones, el feminismo, pero de nuevo llevado al error: un fin loable y aceptado por una mayoría social, la igualdad entre hombres y mujeres, se convierte, a su paso por la izquierda, en una ideología asfixiante que culpabiliza al hombre de lo que ha hecho y de lo que no y que lleva a generar más tensiones de las que realmente pretende combatir. Otro exceso.

El medio ambiente, tercera obsesión: un buen fin, la necesidad de preservar el planeta para las generaciones futuras, algo con lo que cualquiera en su sano juicio estaría de acuerdo, una vez pasa por manos de la izquierda establece un contexto de penalización de cualquier actividad mercantil que genere riqueza.

En España, con nuestro hecho diferencial, nos surge uno propio, difícil de ver en otros países: La obsesión de una parte de la izquierda por ser nacionalista, llevada al extremo de la justificación para tratar de romper un Estado. Así partidos como ERC, BNG, COMPROMIS o BILDU que se definen como de izquierdas, en los que prima más el nacionalismo, por descontado antiespañol, que los supuestos fines de la izquierda.

Si decíamos antes que el único fin de la izquierda que ha sobrevivido, aunque asumiendo que no puede ser absoluto, es la igualdad, ¿cómo es posible que existan partidos de izquierda que luchen por defender fines que van contra la igualdad? Porque no olvidemos que el nacionalismo es algo contrario, por definición, a la igualdad: los míos siempre son mejores que los otros. Ejemplos de esto los tenemos todos los días.

Y la última de las obsesiones de la izquierda española es FRANCO, muerto hace 43 años y que empezó a gobernar hace 82. A cualquiera que le cuentes que la obsesión y actividad principal del Presidente del Gobierno nombrado hace unos meses (según el cual era necesario un cambio de gobierno por la urgencia de los problemas de España, por lo que abanderó una moción de censura contra el Gobierno salido de unas elecciones generales) es tratar de encontrar la fórmula jurídica para desenterrar los restos mortales de alguien muerto hace cuarenta años…

Pero nuestra izquierda es así de innovadora: siempre buscando una nueva obsesión que justifique su existencia, una nueva lucha que pueda generar fractura y mantenerlos en la pelea, que traiga de nuevo a la arena política rencores, agravios imaginarios o descontextualizados, y resentimientos teóricamente superados por nuestra Sociedad, pero necesarios para que los discursos se enconen en el barro de lo sentimental-irracional y del odio a las libertades individuales, y aunque ello conlleve que en vez de avanzar hacia la igualdad que teóricamente propugna, se creen nuevas desigualdades que no sabemos que nos depararán.

La izquierda conservadora, el centro progresista (ampliado). Por Miguel Cornejo @MiguelCornejoSE

“La solución de la izquierda es subvencionar más a unos grupos de interés que viven de ser intermediarios entre el Estado y la ciudadanía, no de proporcionar soluciones reales. Y si no queda dinero, desenterramos a Franco o agitamos banderas para movilizar a nuestros seguidores”.

Cualquiera que vea el mapa político europeo hoy verá una nota común: la caída, y casi desaparición, de los partidos de la vieja socialdemocracia, y la aparición de opciones populistas que entroncan con el socialismo más añejo.

La socialdemocracia se edificó sobre la defensa del Estado del Bienestar (algo compartido con todos los partidos centristas del continente), la prestación de sus servicios por el Estado, el papel tutelar de éste en la sociedad y el impulso de los sindicatos. Con el tiempo, en España eso se ha traducido en la defensa de que el dinero público sólo se puede gastar a través de empleados públicos (en sanidad, en educación…) aunque no sea lo más efectivo ni lo más eficiente. Se ha traducido en la defensa de privilegios para los que tienen trabajo frente a los excluidos del mercado laboral. Se ha traducido en acomodamiento con los nacionalismos que buscan crear privilegios para diferentes grupos.
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YO ACUSO. Por @Pkdor365

Será porque cada vez me preocupa más cómo está España, o será porque veo opiniones en las redes sociales y en los medios que me deprimen profundamente, pero rescato a continuación una entrada que ya publicara hace más de diez años en un anterior blog. Lo peor de todo es que, salvo el cambio de 70 por 80 años, no he cambiado ni una coma porque la situación actual es muchísimo peor que cuando lo escribí.

Allá va:

Con evidente poca originalidad parafraseo al insigne Zola para lanzar mis graves acusaciones contra la clase política española, los que les alientan y apoyan en sus infames e irresponsables actuaciones, y los que se creen a pies juntillas las mentiras, falsedades y tergiversaciones interesadas de tantos hechos históricos y presentes.

Para entender mi relato hay que remontarse 80 años atrás. España se desgarró con la peor pesadilla que puede sufrir un país: la Guerra Civil. En ella murieron y fueron represaliados personas culpables e inocentes de ambos bandos contendientes, y en las dos partes hubo actos de humanidad y actos infames de asesinatos, tortura y represión. Como ocurre en toda guerra el bando vencedor se cebó con el vencido y nuevamente hubo represión, cárcel y muertes. Leer más “YO ACUSO. Por @Pkdor365”

Por la gracia de Sánchez. Por Antonio Jaumandreu

“En aquellos tiempos las diferencias se ventilaban de manera menos civilizada, y en nuestro país empezaron a sucederse los enfrentamientos, los asesinatos, los ajustes de cuentas, las sublevaciones, las quemas de iglesias y fábricas. Y finalmente media España se alzó contra la otra media, que a su vez previamente había intentado borrarla de la faz de la tierra”.

Probablemente muchos de entre los jóvenes ignoren que Francisco Franco se consideraba “Caudillo de España por la gracia de Dios” y que así lo proclamaban las monedas acuñadas durante su largo mandato, que se extendió desde abril de 1939 a noviembre de 1975. Treinta y seis años. Algo menos de lo que lleva el PSOE gobernando ininterrumpidamente en Andalucía, por poner un ejemplo que resulte fácil de entender…

Franco fue un dictador. Empecemos por ahí. Y por aclarar que cuando el dictador murió yo tenía quince años, honi soit qui mal y pense. Su larga dictadura tuvo épocas de extrema dureza y otras más blandas, rozando un paternalismo autoritario. Una situación por otra parte propia de las dictaduras “de derechas”, de las que suele decirse que, si no te metes en política, puedes vivir razonablemente bien. Claro: ni en política, ni en moral, ni en cultura, ni… O sea: trabaja y calla y no te pasará nada.
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Se avecina tormenta. Por Bea Fanjul @bea_fanjul

“Si ya nos esperaba un futuro desolador con los nacionalistas, imagínense lo que puede ser con un gobierno español sometido al yugo nacionalista”.

Se avecina tormenta. Siento  como el cielo oscurece y se tiñe de un gris oscuro, ese color que tanto caracteriza al País Vasco. Una tormenta cargada de cinismo, engaño y desafío.

La hoja de ruta marcada por los nacionalistas nos lleva nuevamente al pasado, volvemos al Plan Ibarretxe y a su afán por quebrar nuestra tierra, que nada nos importa a los vascos. Una reforma del Estatuto, es la última genialidad de las 2 fuerzas mayoritarias en el País Vasco (PNV – EHBILDU).

El nuevo estatuto nos divide en Ciudadanos Vascos vs Nacionales, por supuesto, con distintos derechos y deberes, no pretenderán que los vascos de primera jueguen en la misma liga que los de segunda, y por vasco de primera me refiero a los que se sienten únicamente vascos, sin saber que ser vasco te hace doblemente español. Para que nos entendamos, me recuerda mucho a los tiempos duros, cuando te señalaban por pensar diferente, la diferencia es que antes lo hacían con plomo y ahora lo harán con un “carné de identidad”. Todo ello acompañado de un referéndum, porque no nos olvidemos que su fin justifica los medios, y su última parada es la independencia.

Esta reforma del estatuto también contempla dejar exento cualquier mecanismo constitucional de intervención, por ejemplo, el artículo 155. En resumidas cuentas, el PNV y sus socios filoetarras pretender hacer del País Vasco una tierra sin ley: ciudadanos encasillados en categorías y decidiendo por los demás que nuestro futuro es la independencia.

En su hoja de ruta también está el acercamiento de los presos de ETA, el disfraz a una amnistía encubierta, con pulsera o sin ella. En lo que llevamos de gobierno, dos han sido los presos acercados al País Vasco, nada que objetar cuando se hace bajo los requisitos de la Ley. Pero lo que no puede ni debe darse es el acercamiento masivo de todos los presos, sin exigencias, sin contemplaciones, sin arrepentimiento  y menos aún, sin tener en cuenta a las víctimas. Víctimas que muchas veces han sido injustamente instrumentalizadas, haciendo de su lucha una defensa férrea en el gobierno y un azote en la oposición.

Pero hagamos memoria, 20 de Junio de 1995, cinco meses después del asesinato de Gregorio Ordoñez el Grupo Vasco (PNV) hacía una proposición de Ley a Grupos Parlamentarios del Congreso, donde instaba a que los candidatos a las alcaldías y concejalías fuesen residentes del municipio al que presentaban sus candidaturas, así que no solo recogieron nueces, se aprovecharon del miedo, las lágrimas y la solidaridad de una sociedad asfixiada de dolor. Quizá unos pidan tenerlos cerca, pero otros se hubiesen conformado con tenerlos vivos.

Su empeño en fracturar y enfrentar a la sociedad ya no tiene límites. Pero qué podemos esperar de una tierra en la que se vitorean a asesinos no arrepentidos alzándoles cómo héroes, o de asumir como pelea de bar una agresión cargada de odio, y todo ello con el beneplácito de las instituciones.

Si ya nos esperaba un futuro desolador con los nacionalistas, imagínense lo que puede ser con un gobierno español sometido al yugo nacionalista.

Pero ¿qué podemos esperar de Moncloa que más que el Gobierno de España parece la república independiente de IKEA, montando y desmontando a su antojo lo que con tanto sacrificio hemos construido los españoles? ¿Soberanía Nacional? Fuera ¿Dignidad? Ninguna. ¿Transparencia? Ni está ni se la espera.