Música: EL BLUES – EL ORIGEN. Por @opicar


“El blues es el origen, el resto tan solo son sus frutos”,  nada más cierto, aquellos cantos primitivos interpretados por los más parias entre los parias, los esclavos, dieron origen y fueron base para el desarrollo de estilos como el rock, el pop, o incluso el propio jazz, estilos musicales que no solo están influenciados por el blues sino que, en mayor o menor medida, tienen al blues dentro.

Resulta paradójico el hecho de que la inmensa mayoría  del arte que el ser humano ha sido capaz de crear para disfrute de sus congéneres ha nacido casi siempre del dolor de sus autores.

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Música: DYLAN. Por @opicar

Ser referencia intemporal en el arte está al alcance de muy pocos, es un milagro que solo se da en los genios y, sinceramente, creo que nadie sabe por qué se da, pero al igual que Dylan no quiero racionalizarlo, me conformo con escuchar al viejo Bob y sumergirme con frecuencia en la más bella canción que para mi gusto se ha escrito nunca, que no es otra que “Knock Knock Heavens Door”.

  El New York Times en el año 1979 recomendaba a sus lectores la actuación que Lola Flores iba a realizar en el mítico Madison Square Garden diciendo lo siguiente, “no canta bien, no baila bien, pero no se la pierdan”.

En el año 1941 en Duluth (Minesota) llegaba a este mundo “Robert Allen Zimmerman”, quien más tarde artísticamente sería “Bob Dylan”, he de reconocer que cada vez que pienso en él inevitablemente me viene a la memoria el comentario del New York Times acerca de Lola Flores. Leer más “Música: DYLAN. Por @opicar”

Música: JAMES BROWN – DETERMINACIÓN. Por @opicar


Brown en directo es un tipo primitivo, es pura energía, alguien que gruñe y se lamenta como si estuviese enfadado con el mundo. La grabación de su directo en el teatro Apolo del año 1962 fue un hito, y se convirtió en disco de cabecera de gente como los Stones o los Beatles”.

Cuando has nacido en un lugar donde solo habita la miseria, cuando tu madre te abandona a la edad de cuatro años, y cuando tu infancia ha consistido en buscar clientes para el prostíbulo que regenta tu tía, lo más probable es que acabes por ser un paria destinado a una vida de mierda, salvo que tu espíritu de supervivencia y tu determinación te empujen a cambiar tu destino.

Su infancia marca a Brown, antes que nada, él es supervivencia y ambición pero, sobre todo, es puro talento, y también es alguien solo, muy solo, alguien incapacitado para confiar en nadie que no fuera él mismo.

Brown como cualquier negro de su época que quiere cantar se agarra al “soul”; es bajito, feo, con rasgos africanos, eso no ayuda, pero a Brown le sobra determinación y talento, y logra hacerse con un nombre en los circuitos de música negra.

Brown en directo es un tipo primitivo, es pura energía, alguien que gruñe y se lamenta como si estuviese enfadado con el mundo. La grabación de su directo en el teatro Apolo del año 1962 fue un hito, y se convirtió en disco de cabecera de gente como los Stones o los Beatles.

Actuaciones como la del TAMI  o la de el show televisivo de Ed Sullivan hicieron que Brown se convirtiera en el indiscutible jefe de la música negra, siempre acompañado por un banda extraordinaria de músicos, como los hermanos Parker o Pee Wee,  músicos que convertían en partituras los gruñidos que aquel analfabeto musical les hacía escuchar.

Brown, consciente o no de ello, inventa el “funk”, esa música que inevitablemente provoca que nuestro cuerpo siga su ritmo; el soul, el gospel y el jazz se dan la mano en Brown y juntos dan a luz una nueva criatura “el Funky”.

 Míster Dinamita se comporta como un tirano con su banda y, ante las reivindicaciones de ésta, se lanza al vacío y forma una nueva banda con los hermanos Collins al frente; se reinventa y a partir de ese momento guitarra y bajo se convierten en la base del auténtico funk.

Pero a Míster Brown no le parece suficiente la música, y toma posturas políticas públicas. Es amado y odiado por ello por su propia raza según el momento, todavía impresiona ver las imágenes de su concierto en Boston en el año 1968 donde, ante un público negro soliviantado por el reciente asesinato de “Martin Luther King”, él solo desaloja a la policía del escenario y logra apaciguar los ánimos de los asistentes al concierto.

Brown es, sin ningún tipo de duda, uno de los músicos más influyentes de la historia, Michael Jackson, Prince, el hip-hop o el Rap solo fueron posibles gracias a él y a su legado musical.

Por último, una recomendación, tenéis en Netflix un estupendo documental producido por Mick Jagger sobre su vida y obra. Si lo veis, conoceréis mejor a un tipo irrepetible, con sus luces y sus sombras,  un verdadero genio de la música,  Míster Dinamita.

“BEATLES Y STONES”. Por @opicar


“Dicho de otra manera, o eras de los Beatles o era de los Stones, una vez más la eterna estupidez humana de tener que elegir algo renunciando e incluso abominando de otras cosas, estupidez a la que no fui ajeno, servidor era de los Stones; por otra parte a los únicos que he podido ver en directo,  los Beatles, me parecían blanditos y un tanto cursis, errores de juventud”.

Me aventuro por primera vez a escribir sobre la que sin duda es mi mayor afición desde que tengo uso de razón, y lo hago porque así me lo ha pedido la titular de este estupendo blog en un nuevo ejercicio de inconsciencia por su parte, espero ante todo no defraudarla a ella y si además a alguien entretengo pues miel sobre hojuelas.

Querría dejar algo claro,  que nadie espere de estas colaboraciones datos exhaustivos sobre artistas, ni de sus discografías o de sus biografías, no tendría sentido, vivimos tiempos en que la información habita en un sinfín de sitios que a buen seguro pueden satisfacer la curiosidad o las ansias de conocimiento de todo el mundo. Leer más ““BEATLES Y STONES”. Por @opicar”

Cuidado, es Bola. Por Ignacia de Pano @ignaciadepano

-Ten cuidado, es mi corazón. No es un reloj que sostienes o esa nota que lees y luego quemas, es mi corazón.

Llegué a Bola de Nieve a través del espejo de Caetano Veloso. Una tarde de verano en Madrid, con el sol aún alto quemándome la espalda. El concierto de la noche anterior había tenido que suspenderse y Caetano propuso ofrecerlo al día siguiente a primera hora, con tiempo para poder seguir inmediatamente al aeropuerto.

Fue así, a plena luz del día y entre clásico y clásico, cuando Caetano nos contó que esa mañana, en su habitación del hotel y con las cortinas cerradas, cambiando al azar los canales de la televisión, se había quedado enganchado en una película antigua en la que había sonado el “Vete de mí” de Bola. Hizo ahí una parada para sonreír con un gesto entre la admiración y el asombro. “Ah, Bola…” susurró. Y cerró los ojos mientras iniciaba una versión desnuda y bellísima del clásico que yo escuché entonces por primera vez, a las cuatro de la tarde de un sábado de julio de hace ya muchos años, jovencísima, enamorada y alerta, muy alerta, a todo lo que fuera música de la que te puebla por dentro.
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“Memoria del futuro” Por Ignacia de Pano @ignaciadepano

“Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez…”

Hay versiones contrapuestas. Pero la que a mí me gusta es la siguiente:

Consuelo, Consuelito Velázquez, compuso “Bésame mucho”, el bolero más versionado de la historia, a los dieciséis años.

Cuando aún no la habían besado.

Como pudo una niña escribir algo así es algo que no puede entenderse racionalmente. Es posible que ni ella misma supiera explicar cómo lo hizo. Qué, o quién, la poseyó para describir no la anticipación del primer beso sino la agonía del último.

Consuelito, en su cuarto de niña.

Adivinando, acertando.

Porque no hay muchos besos, sino uno solo. Alguien, algo, le susurró, antes de saberlo, que en ese asunto a vida o muerte no hay sustantivos, solo verbo. Bésame. Bésame mucho.

“Quiero sentirte muy cerca, mirarme en tus ojos, verte junto a mí..”

Consuelito tenía, como alguien me dijo una vez, memoria del futuro. Adolescente que recuerda, sin haberlo vivido todavía, el dolor por dentro cuando él, o ella, se van.

“Piensa que tal vez mañana, yo ya estaré lejos, muy lejos de ti…”

Consuelito, a los dieciséis años, y mortal. No se siente eterna, como nos sentimos todos a esa edad. Sabe, porque hay un dios que se lo susurra al oído, que las cosas se acaban. No es de mármol, como todos los adolescentes. Lo que escribe, como en trance, son palabras de carne que sabe que envejece. Que tiene miedo, eso tan adulto, tan familiar a los que con el paso de los años comprendemos por experiencia lo que ella intuye.

“…Que tengo miedo a perderte, perderte después…”

De todas las versiones, más de mil, que ha tenido este bolero alfombra mágica, solo la de João Gilberto recoge la Revelación que contiene y la desvela en toda su angustia, su profundidad, su deseo. Ya no es un bolero, ya no se baila, es una oración. Y se escucha y se canta por dentro, con los ojos muy cerrados. Es una ceremonia, una invocación.

Es algo muy serio.

Más de ocho minutos de trance hipnótico. Con el mítico arreglo de cuerdas de Claus Ogerman poniendo el nudo en la garganta a la voz monocorde y ronca de João, que suplica.

En esta versión no hay final feliz. Algo, esa guitarra como una red armónica y desesperada, nos dice que él, que ella, se irá.

Y que no sería beso si no supiéramos que se acaba.

João adulto, Consuelito niña. Nosotros.

Y la vida entera en ese “después” del minuto 7.54.

El arte de interrumpirse. Por Ignacia de Pano @ignaciadepano

“Hoy ha venido María Bethania, la hermana de Caetano Veloso e historia viva de los últimos cuarenta años de la MPB. Con su melena blanca y su voz emocionante, Diosa ella misma, Bethania acude a la llamada de Zeca”.

Zeca Pagodinho, nacido  el cuatro de julio de 1959 en Río de Janeiro, es el rey del samba. Profeta en su tierra, es adorado en los barrios pobres de la zona Norte carioca y en el Brasil entero. Carismático, de enorme personalidad, frecuentó  las rodas de samba desde pequeño y asombró pronto al mundo con su forma de cantar samba prácticamente perfecta. Nadie divide, nadie ralentiza o adelanta la melodía dentro siempre de compás, como él. Zeca Pagodinho es una estrella. Puede que la mayor de esa galaxia cuajada de ellas que es la música brasileña. Al igual que Frank Sinatra, Zeca deslumbra, apadrina, ayuda y sobre todo manda. Manda porque es inevitable, porque irradia autoridad. Zeca, el Zeca sabio que jamás se desclasó, tiene Auctoritas.

Descuidado con su forma física, aparenta unos años más de los que tiene. No renuncia ni a los churrascos de los domingos en su sítio (casa de campo) de Xerém, ni a las feijoadas de los sábados, ni a las rodas de samba en el porche y sus cervezinhas geladas. Patriarca de los suyos, lleva su barriguinha de padre de familia con total naturalidad. A Zeca Pagodinho no le importa lo que tú y yo, que jamás lo veremos en directo porque como me dijo una vez uno de los mayores productores de nuestro país, “no hay dinero para traerlo a España”, pensemos de él. Zeca Pagodinho es una de esas escasísimas personas que sabe quién es. Y lo que es Pagodinho, con su media sonrisa malandra, es el mayor sambista de Brasil. Un artista extraordinario, de los que surge uno en varias generaciones.

Zeca tiene un programa de televisión que graba en su propia casa. El programa se llama ” o quintal de Zeca”, el patio de Zeca. Pagodinho invita a un grande de la música brasileña y le rodea de los mejores músicos  y percusionistas para que se luzca y brille como nunca antes. Ël, que sabe quién es, cede el protagonismo y se dedica, exclusivamente, a asegurar el éxito de su invitado. Ahí está él, controlando la batucada con su mirada de la que nada escapa, corrigiendo con un gesto cualquier despiste de los músicos, anfitrión y capitán. El jefe.

Nadie dice que no a la llamada de Pagodinho. De las esferas sofisticadas de la bossa nova a los más modernos: todos reconocen la cadena de mando y se presentan en el patio de Zeca cuando son convocados, sabiendo que en ningún otro escenario se les cuidará más y mejor.

Hoy ha venido María Bethania, la hermana de Caetano Veloso e historia viva de los últimos cuarenta años de la MPB. Con su melena blanca y su voz emocionante, Diosa ella misma, Bethania acude a la llamada de Zeca. Empieza el programa. Ahí están la Diosa y el jefe, felices de estar juntos. Es la primera vez que veo a Zeca con esa mirada feliz y admirativa: la mirada del que por fin se sabe junto a un igual. Bethania, con ese viejo hábito de dejarse adorar, sonríe también con su sonrisa larga que transforma su cara y la dota de una belleza inolvidable. Estos dos se quieren, pienso yo. Se quieren porque se admiran.

Antes de ponerse a cantar, sin más presentaciones, Bethania se pone a recitar. Nadie recita mejor que ella en ninguna lengua del mundo, nadie lo hace con ese cuidado, con ese placer. Las palabras salen de su boca envueltas en seda, mecidas, doradas como pan saliendo de un horno, perfumadas.

Es un poema de Luiz Carlos Lacerda, que yo traduzco aquí, sin más pretensión que el hacerlo más accesible:

“Vive conmigo en mi casa

Un muchacho que amo…”

Zeca, a su lado, con la mirada baja, concentrado en ella, no puede reprimir un suspiro gozoso. Él, hombre del pueblo, conoce esos versos. La alta poesía no es una extraña en ese patio de Xerém. Los conoce y los ama. Y escucharlos en la voz de Bethania, anticiparlos en la voz de Bethania, se convierte en una experiencia cultural que todos compartimos al contemplarla.

Sigue Bethania, sonriendo tras el suspiro de Zeca, convertida de repente en madre que cuenta un cuento al hijo que la escucha expectante:

“…Aquello que él no me dice porque no sabe

Me lo va diciendo su cuerpo

Que baila para mí

Él me adora y yo veo a través de sus ojos

Al niño que aprieta el gatillo del corazón

Sin saber el nombre de lo que practica

Él me adora y yo me gratifico

Solo con ojos que yo veo

Corto todas las cebollas de casa….”

Zeca no puede más, de repente los versos que ha venido repitiendo en su interior acompañando la voz de miel de Bethania le explotan en los labios y se adelanta, en comunión con ella, con todos los que alguna vez hemos compartido un poema o unos versos:

Arrastro lo muebles, incenso…

Bethania sonríe: ¡se lo sabe! Dice feliz. Él asiente, con gesto manso de niño.  A partir de ahí el poema se conjuga a dos:

“… Él tiene miedo de decir que me ama

Y me aprieta la mano

Y me llama amiga.”

Zeca, convertido por la magia de la gran poesía en el muchacho de los versos, contraviene ese miedo y grita, sin poderlo remediar,  a la Diosa que tiene al lado: ¡TE AMO!

Y le aprieta la mano.

Y la llama amiga.

Lo que viene después de ese momento único son cinco minutos de samba perfecto. Puede que otro día hablemos de ese “sonho meu”, que tanto merece una crónica propia, pero este texto es solo para cantar la inmensa alegría que surge de compartir la belleza. Bethania y Zeca, esa versión mejorada de nosotros mismos, lo saben. Y al convertir esos versos en un diálogo gozoso, al expresar en esa memoria común el acervo cultural que nos une y nos define, nos recuerdan a todos, en estos tiempos oscuros, lo magnífica que puede ser la condición humana.

Ojalá nunca se nos olvide.

Ahora escuchen, observen y disfruten.