La Jerusalén terrenal y el derecho de Israel. Por José Sánchez Tortosa @galonni

El mesianismo en política es fuente segura de desastres pero apenas hay política que no se alimente de alguna tentación de mesianismo. La cuestión estriba en si esa pulsión teleológica satura las artesanías del poder que gestionan las pasiones multitudinarias o si es contenida y regulada por ellas dentro de límites que retrasen o canalicen la destrucción del otro y el suicidio colectivo. En el caso del judaísmo, el sionismo tradujo a políticas materiales y secularizadas un mesianismo teológico dotado, sin embargo, desde sus orígenes de una impronta política e histórica que, en la edad contemporánea no cristalizó hasta la fundación del Estado soberano de Israel, Estado laico y, por ello, blasfemo para la ortodoxia judaica a la espera del Mesías. Leer más “La Jerusalén terrenal y el derecho de Israel. Por José Sánchez Tortosa @galonni”

La victoria póstuma del nacionalsocialismo. Por José Sánchez Tortosa @galonni

“Y la trampa en la cual Israel ha evitado dejarse atrapar durante ya más de sesenta años es ésa: la de ceder a la tentación de una victoria militar fulgurante y casi gratuita. Que arrastraría una muerte moral irreversible.
Quienes amamos a Israel, lo amamos exactamente por renunciar a esa victoria. Y a esa muerte.” (G. Albiac, 14-VII-14)

Equiparar a Israel con el Tercer Reich es la victoria póstuma del nacionalsocialismo. Desde luego, no resiste el más mínimo contraste con la realidad. No se obliga a los llamados palestinos a identificarse con marcas externas. No se les prohíbe ser abogados, médicos, profesores o diputados. Jamás hubo algo parecido a un partido judío admitido por el régimen de Hitler. No hay guetos. No hay campos de exterminio. Aniquilar a la población palestina es posible técnica y materialmente para Israel y, en su lugar, ataca centros de armamento y avisa con 48 horas de antelación de sus ataques, siempre en respuesta a los indiscriminados bombardeos o atentados contra población civil israelí:

“Y la trampa en la cual Israel ha evitado dejarse atrapar durante ya más de sesenta años es ésa: la de ceder a la tentación de una victoria militar fulgurante y casi gratuita. Que arrastraría una muerte moral irreversible.
Quienes amamos a Israel, lo amamos exactamente por renunciar a esa victoria. Y a esa muerte.” (G. Albiac, 14-VII-14)
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La lucha de Jacob. El mito del progreso y la Yihad. Texto de José Sánchez Tortosa @galonni

“Hoy Israel es refugio político y militar y dique de contención de la Yihad. Encarna la perseverancia en el ser, la resistencia a sucumbir, la supervivencia dentro de una guerra cuya derrota implicaría su desaparición y que Europa no parece dispuesta a librar.”

La fe en el progreso es ya, tras la Shoá, una desvergüenza teórica, una amnesia imperdonable, una ignorancia delictiva. La Yihad hoy impugna también ese mito oscuro y obstinado. La superstición progresista es una ceguera recurrente, un idealismo cargado de futuro, cargado de muerte. Los procesos históricos están sometidos a una concurrencia tan compleja de causalidades múltiples necesarias que la ingenuidad voluntarista de esperar un futuro luminoso lineal es una tentación suicida y, por tanto, humana. La fe progresista es la secularización formal de una teleología que dota de sentido trascendente a la Historia y que, por ello, en el límite, lo puede justificar todo. Los esfuerzos por desperezarse de la sacralidad metafísica heredada no condujeron a un materialismo ateo y anti-teleológico estricto, vía Spinoza, sino a su coronación más acabada, ecosistema teórico y cultural de los mayores desastres del siglo XX: el idealismo alemán. Israel es una de las expresiones de ese abrupto y despiadado despertar del sueño ilustrado. Su existencia, condición necesaria para la supervivencia del judaísmo y de muchos judíos (y no judíos), desmiente el refinado desdén cosmopolita, cuya exquisitez, que se eleva graciosamente por encima de los Estados y de las fronteras realmente existentes, sólo podía ser disfrutada por aquellos sujetos dotados de una ciudadanía que les protegía y que no venía llovida del Cielo, de la Humanidad ni de la Razón Pura, sino de esos Estados manchados de sangre y barro sin los cuales no hay ciudadanía. Israel es la materialización política y, por tanto, territorial, militar, económica y tecnológica, además de simbólica, del judaísmo de la diáspora, acogido ya en un lugar propio, refugio material para una tradición literaria, histórica y religiosa cuyo nomadismo milenario puso a sus miembros al borde de la extinción en la 2ª Guerra Mundial, cuando su condición de ciudadanos fue eliminada y quedaron en el limbo mortal de los apátridas. Leer más “La lucha de Jacob. El mito del progreso y la Yihad. Texto de José Sánchez Tortosa @galonni”