La libertad de no saber nada y otros espejismos. Por José Sánchez Tortosa @galonni

“Esa democracia de la idiotez, que es demagogia de la peor especie y que la LOGSE institucionalizó, es el primer enemigo hoy día para los sujetos que están en fase de formación y que pueden no haber perecido aún bajo los dogmas elásticos y funestos de lo políticamente correcto”.

La desaparición o trivialización de la filosofía, en forma de consejos de autoayuda, márketing publicitario, misticismo de saldo y otras baratijas postmodernas parece imparable. Acaso sea su inexorable destino. Puede ser aproximadamente cierto lo que alguna vez le escuché al profesor Albiac, que la Filosofía es una disciplina académica que cumple su ciclo entre Platón y Aristóteles. Desde entonces, es poco más que doxografía, salvo casos excepcionales, como Spinoza o Gustavo Bueno.

Sin necesidad de eliminar la asignatura de los planes de estudios se puede acabar dejando a los estudiantes de bachillerato paulatinamente sin material de estudio en lo que se refiere a la propia Filosofía y, en general, al pensamiento racional. Seguirá habiendo Filosofía en el sentido de que no es posible razonar y, prácticamente, siquiera hablar sin emplear las ideas filosóficas, que están incorporadas y agitando todo discurso, incluidos los más estúpidos, y a veces especialmente los más estúpidos. Pero ese uso de las ideas filosóficas, que no quedaría borrado, se daría sin definir sus términos, sin respetar las condiciones del discurso lógico, sin el escrúpulo de la construcción filosófica, sin los diques de contención que la constancia de una racionalidad limitada impone. El hueco que dejaría un estudio riguroso de las condiciones en que los seres humanos se han enfrentado a lo largo de la Historia al problema de comprender lo que les rodea y les constituye sería ocupado por mitologías acríticas ubicadas en planos categoriales distintos y parciales, como los religiosos, los tecnológicos, los científicos, los psicológicos, los políticos, los jurídicos, los económicos, etc. Leer más “La libertad de no saber nada y otros espejismos. Por José Sánchez Tortosa @galonni”

La identidad servil. Por José Sánchez Tortosa @galonni

En memorable escena de la memorable Amanece que no es poco, el alcalde, a su llegada al pueblo acompañado por una resplandeciente dama, es recibido por los paisanos con gran alborozo. Uno de los asistentes reclama su derecho a disfrutar de la compañía de la moza al grito de “¡Queremos que la moza sea comunal!”. Pero la reivindicación debió de parecer insuficiente por lo que otro completó: “¡Y turgente!” A lo cual, el primero rectifica con énfasis: “¡Que turgente ya es!”

Pues parece que en análogo lío se enredan muchos cuando tienen que afirmar al mismo tiempo que somos iguales, pero diferentes. “¡Que diferentes ya somos!”, habría que recordar, sin necesidad de remitirse a los aforismos fulgurantes de Heráclito El Oscuro. Mientras no se precise con respecto a qué se es igual o diferente el enredo no se deshace. Leer más “La identidad servil. Por José Sánchez Tortosa @galonni”

En el aniversario de la muerte de Gustavo Bueno. Su recuerdo en El Catoblepas.

Hoy hace un año que falleció el filósofo Gustavo Bueno Martínez, dos días después de que muriera su esposa. Me sorprendió el sentimiento de orfandad y tristeza tan fuerte que quedó en aquellos que lo conocieron. Muchos de ellos escribieron sobre él en la revista “El Catoblepas” y lo que de él dijeron los que de él aprendieron es el mejor homenaje que desde aquí podemos hacer.

  • Emmanuel M. Alcocer:   “A Gustavo Bueno, el filósofo de nuestro tiempo”

“Así transcurrieron varios años en los que, a distancia, no sólo iba conociendo al Bueno filósofo, sino también al Bueno persona, su magnética y portentosa persona”.

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  • Iván Vélez:    “Gustavo Bueno, nuestro mayor filósofo”

España frente a Europa constituye un verdadero arsenal argumentativo en favor de un pasado, el imperial, que sirvió para construir una de las partes formales del mundo, la Hispanidad, pero también para defender a España de sus muchos hijos enfermos, los mismos que comenzaron a atacar al calceatense del modo más grosero”.

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  • Pedro Insua:  Gustavo Bueno, ‘praeceptor et excitator Hispaniae’

“Bueno ha tenido la lucidez y el coraje suficientes apara alertar, avisar, y ponernos en guardia, a quien le quisiera oír, ante una masa que nos rodea, verdaderamente viscosa, de nociones erráticas, oscuras, engañosas, cuando no falsarias, tratando de poner un correctivo, orden y un sano entendimiento frente a ese caos de opiniones, esa diafonía ton doxon, envolvente”.

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  • José Sánchez Tortosa: “El legado vivo del pensamiento de Gustavo Bueno”

“Su legado, como es patente, desborda los límites de una obra académica y erudita. Bueno, siguiendo al pie de la letra la enseñanza platónica según la cual el filósofo está obligado como tal a volver a la caverna, se ocupó de los temas más aparentemente triviales o mundanos con el instrumental teórico de un sistema filosófico excepcionalmente sólido, ofreciendo luz sobre las miserias actuales”.

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  • Atilana Guerrero: “El «argumento ontológico» de Gustavo Bueno”

“Gustavo Bueno es, él mismo, un filósofo a la escala de una «sociedad universal», entre cuyas «partes formales» hay que contar a la España que le «moldeó» y por la cual él mismo pudo ser como fue. Para empezar, por la lengua española. Una lengua en la que no se puede hablar sin hacer filosofía, como él nos enseñó, debido a aquella labor iniciada ya desde el siglo XIII con la Escuela de Traductores de Toledo”.

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  • Marcelino Javier Suárez Ardura:   “A Gustavo Bueno, in memoriam”

“Filósofo, maestro y referente, 
que lucha sin temer las emboscadas
-contemplando al rival siempre de frente-

de togas y mucetas orquestadas, 
descansa, Gustavo Bueno, silente, 
seguro de las cumbres conquistadas”.

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