Cine: Yorgos Lanthimos o “Cómo ser la Favorita”. Por Ignacio Jiménez @IGNACIO09521632

Una cosa que debieron haberle enseñado desde el principio a este Yorgos es a contar con un simple lápiz y papel. Contar con lo mínimo, no como viene siendo habitual en esta generación de niñatos malcriados que nacen con todo bajo el brazo. Un poquito de carestía no les vendría mal.

PUES eso, no me extenderé, porque no lo merece.

Desespera ver desde el primer plano cómo se insulta al espectador y cómo parece que alguien tiene estilo cuando lo que le falta es capacidad para contar. También puede ser que, una de tres: o padece un alto grado de incultura del Cine –lo cual exaspera–, o bien está aquejado de un preocupante desconocimiento del oficio, o por último, tiene un afán de originalidad que a mí me resulta insoportable. Y pudiera ser todo ello a la vez.

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Roma. Por Ignacio @IGNACIO09521632

“Y Cuarón crea, desde sus recuerdos, una figura femenina inolvidable: Cleo, en recuerdo de Libo, la mujer indígena que lo crió de pequeño, no ya interpretada, sino encarnada por Yalitza Aparicio (bellísima), que ni siquiera es actriz ni falta que le hace”.

EXTRAORDINARIO trabajo de Alfonso Cuarón. Lástima que sólo sea posible disfrutarla cinco días en los cines.

Alfonso Cuarón, director cinematográfico de variados géneros (serlo hoy se critica), aunque con muy poca obra y difícil esta de encasillar, es sin duda un “autor” en la mejor extensión e intensidad del término. Sus títulos van desde Sólo con tu pareja, Y tu mamá también, Hijos de los hombres (film de factura magistral, que plantea una distopía inquietante sobre la Natividad) o la tercera entrega de la saga de Harry Potter (una de las más interesantes de la multitudinaria saga), hasta Gravity (de una fisicidad, abstracción y complejidad extraordinarias, en un formato de apariencia hollywoodiense que queda ampliamente superado) y esta su última obra: Roma.

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LA VIDEOTECA DE ALEJANDRÍA. Por David Breijo ‏ @ArtanisD

“(…) una gran parte de la juventud (llámenlos millennials si quieren) no se interesan ni manifiestan curiosidad por nada realizado antes de los albores de este siglo. No se trata ya solo de la barrera del blanco y negro o de que no sepan abstraerse de planteamientos históricos, ambientales o actitudes reflejadas en una obra que les puedan resultar chocantes, pero que eran fruto de su tiempo”.

A comienzos de los 90 mantuve un cierto grado de amistad con un compañero de estudios del Audiovisual. Era más joven que yo y, además, todos en la Escuela de Imagen y Sonido de Galicia sabíamos de él que había pasado por algún serio bache de salud a edades más tempranas. Un día me confesó que en la antesala de una operación de la que podría no despertar, se las arregló para hacerse con una copia de la película “Al Rojo Vivo”. “Pensaba que, si iba a morir, quería marcharme habiendo visto esa obra maestra.”

Todos ustedes han visto ese film, con desenlace antológico, en el que el enloquecido gangster interpretado por James Cagney vuela por los aires en una refinería al grito de “Lo conseguí, Ma: la cima del mundo.” La referencia a Ma va dirigida al personaje de su madre, suya sombra pesa sobre el final en manera solo superada por el otro gran desenlace que todos hemos visto: “Psicosis”. Algo deben de tener las madres muertas y los grandes finales de películas.

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Película: NOSOTROS EN LA NOCHE – REDFORD Y FONDA. Por @opicar

“Our souls at night” título original de la película, y que como casi siempre me gusta más que el que se le ha endosado en España, es un regalo que ante todo habla de ternura y esperanza.

Película, que no serie, producida por Netflix, protagonizada por un Robert Redford de 81 años y una Jane Fonda de 79 años. A partir de aquí  todo lo que voy a comentar a continuación debería  ser innecesario, solo esos dos nombres tendrían que ser razón suficiente para dedicar dos horas escasas de vuestro tiempo a ver esta pequeña joya.

Mi recomendación es que la veáis en V.O. subtitulada para poder disfrutar al máximo de las  interpretaciones de dos mitos vivientes. El guión es una pequeña historia de amor en la vejez, que nos muestra que nunca es demasiado tarde para que busquemos todos y cada uno de nosotros parcelas de felicidad que nos hagan sentir vivos.
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Series, una de vaqueros: GODLESS. Por @opicar

“Godless es un western, para mí el género cinematográfico por excelencia, el género que enseñó a narrar historias al mundo del cine”.

 

GODLESS en Netflix,  lo que en mi tiempos de infancia llamábamos “una de vaqueros”

Godless es una miniserie de alrededor de siete horas de duración, lo primero que cabe decir en su favor es que concluye cerrando la historia, lo que es de agradecer, uno está ya un poco harto de tragarse series con finales demasiados abiertos, que tan solo se justifican por el interés de sus hacedores en realizar temporadas posteriores.
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Cine: “Tras la pared”. La opinión de @opicar

“TRAS LA PARED” es una película que podéis encontrar en Netflix, y que a mi modo ver os puede ayudar a pasar  un buen rato.

Se trata de una película francesa del 2.015, que podríamos encuadrar en el género “chica conoce chico”, una comedia romántica de manual; pero que plantea de una forma al menos peculiar y original el encuentro de los dos protagonistas de la historia.

Los dos personajes viven en apartamentos contiguos, y es el  tabique divisorio entre ambos apartamentos el que da sentido a la historia, tabique escasamente insonorizado  y que en consecuencia poco o nada ayuda a la intimidad de ambos en su propia vivienda, bien al contrario, les ofrece la posibilidad  de dialogar y discutir con  suma facilidad sin la necesidad de verse, desconociendo los dos personajes cual es el aspecto físico del otro. Leer más “Cine: “Tras la pared”. La opinión de @opicar”

Un número impar de razones por las que Robert Bresson es, quizá, el cineasta mas reivindicable de la historia. Texto de @Senor_Fernandez

He sido invitado, gentilmente, a escribir algo sobre cine.
– ¿De qué hablo?
– De lo que quiera.
– ¿Un cineasta francés, antiguo y de escaso éxito, le parecería un tema suficientemente marginal.
– Uno de tantos.
– Pues lo cierto es que no me importaría decir algo sobre él… (nada que no se haya dicho antes, claro).
– Hágalo. Desahóguese si lo necesita.
– Se lo agradezco, querida. Entonces, si le parece, lo primero que escribiré, por si fuera lo último, tratará necesariamente sobre el tal francés objeto de mi entusiasmo y del encabezamiento ¿Está de acuerdo?
– No lo demore más, se lo ruego.

Existen algunas razones que hacen de Robert Bresson un cineasta absoluta y permanentemente reivindicable…

– Es un momento propicio para el afrancesamiento.
– Por razones éticas y estéticas, encabeza mi lista de adhesiones inquebrantables.
– El conjunto de su breve y aquilatada obra – trece películas en cuatro décadas – justifica cualquier entusiasmo. Una corpus compacto, sin debilidades, del que sentirse orgulloso. Le representa.
– “El cine actual es una mierda”. Puede que no sea para tanto, pero faltan aventureros, emprendedores que no teman perderlo todo, buscadores de oro.
– La suya fue una de esas revoluciones que empiezan y acaban en un hombre. Sólo quedaron rescoldos.
– Es el eslabón perdido del mudo, su continuación semiótica.
– Su cine no tendría inconveniente en ser mudo, podría seguirse y disfrutarse sin necesidad de palabras. Del sonoro, de hecho, lo que más le interesa es el silencio.
– En su momento, mostró que otro camino era posible. Pero cayó en una época poco proclive a la austeridad. Se prefería lo discursivo, el maoísmo, la brasa sartriana, a las rubias de la nouvelle vague.
– Por contra, él era un tipo serio, sin tonterías, nada peliculero.
– Poseía el don de la concisión, tan extraño. Aspiraba a la pureza.
– El cinéfilo íntegro, escasamente mitómano, el que sólo quiere que le muestren la espina descarnada, terminará llegando a él por el camino que sea.
– Estuvo a punto de nacer con el siglo y casi le alcanzó para morir con él (1901-1999).
– A pesar de su inexactitud numérica, tuvo algo que decirle al siglo XX, algo religioso e intemporal.
– Conoció el dolor de primera mano, el lento discurrir del tiempo cuando espesa. Pasó algo más de un año en un campo de concentración alemán. La impronta de aquello puede intuirse en su formar de observar los detalles cotidianos de la reclusión, especialmente asombrosa en “Un condenado a muerte se ha escapado.”
– Debutó en el largo con un guión de Cocteau, de título prometedor :“Les dames du bois de Bologne”. Todavía no era él mismo, no del todo.
– A partir de esta primera experiencia, decidió dejar de trabajar con actores profesionales. Quería la verdad, no actuaciones. “Cuando se sufre, no se actúa. Uno debe creer más en el personaje que en el actor.”
– Llamaba “modelos” a sus actores y los trataba como a tales, castigándolos con el desprecio y el hambre.
– “Al azar, Baltasar” supone la estilización máxima de su concepto y de su ideal interpretativo: el actor-burro. Un actor-burro amateur, por supuesto. Cuenta la historia de un burro y de sus alrededores, desde un punto de vista asnal. Aquí, es capaz de llevarle a un extremo de empatía que usted, seguramente, por el concepto que tiene de sí mismo, no esperaría. Notará una invasión de humildad rozagante.
– Pintó y pintuvo. Antes, durante y después del cine.
– “La pintura me ha enseñado que no se debían hacer bellas imágenes, sino imágenes necesarias.”
– Era un moralista con bagaje. Necesitamos moralistas mejor preparados.
– Si se piensa en el cine como escritura, su prosa puede asemejarse a la de Duras, Camus… Se viste con lo imprescindible para tapar las vergüenzas.
– Escribió “Notas sobre el cinematógrafo”, una suerte de “Cartas a un joven cineasta”. Es un compendio de aforismos en los que desgrana su visión sobre este idioma. Imprescindible para cualquier vocación auténtica.
– “Controlar la precisión. Ser yo mismo un instrumento de precisión.”
– Diferenciaba entre el cine (teatro filmado, a su entender) y el cinematógrafo (arte singular e independiente, con una retórica propia, infradesarrollada). Entendía el funcionamiento del sistema neuroentérico de su cinematógrafo, de qué forma se movían sus tripas…. No necesitaba para nada del teatro.
– “El terreno del cinematógrafo es el terreno de lo inefable.”
– Una razón de peso para estimarlo es la buena educación de que hacía gala. A usted, espectador avezado, le trata con el respeto que merece porque espera lo mejor de usted. No le dirá una palabra más alta que otra. No tratará de embaucarle por medio de la música. Si quiere escuchar música, es muy libre de hacerlo en su casa. Al cinematógrafo se viene a otra cosa.
– Rohmer: “Las obras de Bresson son muy musicales, aunque apenas contienen música.”
– Tenía muy presente la narrativa musical en el montaje, y en el uso del sonido.
– Devoto de Dostoievski, de su mar de fondo. En lo formal, sin embargo, Bresson es más de la frase corta y del punto y seguido que de la subordinada. Lo adaptó en “Una mujer dulce” y “Al azar, Baltasar”, trasunto de “El idiota”.
– Dijo Godard (que ha dedicado la mitad de su vida a las frases): “Bresson es el cine francés, como Dostoievski es la novela rusa”.
– Bresson distaba mucho de ser un pijillo afectado, necesitado de atención y cercado por el remordimiento como Godard: estaba a lo importante, al meollo.
– Director de directores: Wenders, Kaurismaki, Haneke, Dumond… Algunos de los buenos de hoy le reconocen el compromiso, el coraje, la deuda. Y de los de antes.
– Rohmer: “Bresson no es un maestro, es un ejemplo.”
– Tarkovsky: “Todo artista serio tiende a la simplicidad y Bresson es uno de ellos.”
– Malle: “En una primera visión puede quemaros los ojos. Entonces, haced como yo: volved todos los días.”
– Schrader – sin asomo de rubor en sus mejillas calvinistas – reconoce lo mucho que tomó prestado de Pickpocket para escribir Taxi Driver.
– El mejor de los nuestros (Erice), otra ave rara, dijo de él: “No hay en la historia del cine una aventura creadora tan singular y solitaria.”
– La rigidez de su discurso estético se asienta en la coherencia, en la convicción moral. Siente aversión por el fingimiento y el truco fácil.
– “Nunca explico nada”. Esta es su manera de respetar al espectador, de no masticar por él. Apela a la capacidad de sentir de su publico y evita la tentación de manipularlo. No le obliga a mirar donde no quiera, ni le dice lo que tiene que pensar.
– Durante toda su carrera demostró una gran independencia del gusto del público. Tal vez, por esto, nunca tuvo gran éxito comercial.
– “Cuando se está en la cárcel, lo mas importante es la puerta.” Esto bastaría para definir su estilo y su propósito. Su manera de contar es fijarse en esa puerta y esperar a que se abra.
– De “Notas sobre el cinematógrafo”: “Esconde las ideas de manera que puedan ser encontradas. Las más importantes serán las mejor escondidas.” “Busca la producción de emoción desde la resistencia a la emoción.”
– Persigue una unidad discreta entre contenido y forma, concediendo un leve margen para la expectación. Lo mas importante está fuera, mas allá de la pantalla. Su voluntad elíptica, lo significativo del fuera de campo, contrasta con la precisión de lo visible: el encuadre y el montaje. Usa los movimientos de cámara imprescindibles. Rueda casi todo con lente de 50mm., un objetivo que desprecia el énfasis. Evita cualquier efectismo y elimina lo superfluo.
– Su mirada, de un laconismo beatífico, se expresa en la frase que cierra “Diario de un cura rural”, adaptación de Bernanos: “¿Qué importa? Todo es gracia.”
– Propongo un orden de descubrimiento, un modo de contagio, para quien no conozca a este artista único e inspirador y desee hacerlo: “Pickpocket”, “Un condenado a muerte se ha escapado”, “Diario de un cura rural”, “Mouchet”, “Lancelot du Lac”, “El dinero”, “Al azar, Baltazar”. A partir de ahí, el resto.
– Robert Bresson conocía el secreto que muy pocos han llegado a conocer: esa es la razón definitiva para su reivindicación permanente.

Sr. Fernández