“España es una nación histórica hasta que en 1812 pasa a ser Nación política.” Texto de Emmanuel Martínez Alcocer @Filomat_ ¿QUÉ ES LA NACIÓN?

Como recordará quien lea estas líneas, hace unas semanas, en plena campaña por las presidenciales del PSOE, Patxi López preguntaba a Pedro Sánchez si sabía qué era una nación. La respuesta del ahora dirigente del Partido Socialista fue tan ridícula que nos negamos a reproducirla, pero es una muestra del nivel, del fango intelectual, con el que se maneja nuestra clase política. Aunque sus votantes no están mucho mejor.

Así pues, ¿qué es una nación? Esta es una pregunta dificilísima, así que iremos paso a paso.

En primer lugar habría que decir que nación viene del latín nascor, nacer. Eso ya nos da una pista de qué estamos hablando, pero no es suficiente. Requerimos de una clasificación más amplia, una explicación que, por supuesto, nos ayude también a entender qué es una nación históricamente.

Usando un lenguaje biológico podríamos decir que la Idea de Nación –pues estamos hablando de una Idea filosófica (que por tanto requiere de la intervención de múltiples categorías científicas y prácticas y hechos previos)– es divisible en tres géneros con cuatro especies. En primer lugar habría que hablar de nación en el sentido biológico o zoológico (y etimológico), o sea, la nación como nacimiento de algo. Que se dividiría en nación como nacimiento de una parte de un organismo, por ejemplo el nacimiento de un diente de ese ser humano (primera especie), y en nación como naciones grupales (segunda especie).

En segundo lugar hay que hablar de la nación en sentido étnico. Aquí la nación tiene un sentido antropológico y refiere al lugar donde se nace, a la región o a la etnia en la que los sujetos nacen y crecen. Pero esto implica que la definición de éste tipo de nación debe establecerse o delimitarse desde la plataforma de las sociedades políticas. Así pues hablaríamos de naciones étnicas periféricas (tercera especie): aquellos grupos o estirpes marginales o periféricos, esto eso, no plenamente integradas, en la república o en el imperio que se toma de referencia –como las naciones bárbaras de tiempos del imperio romano–; en naciones integradas (cuarta especie): aquellas que están integradas o incluidas en una sociedad política –por ejemplo un reino o un Estado–; y por último las naciones históricas (quinta especie). La nación étnica histórica no es una Nación política en sentido estricto, pero es una nación percibida como nación étnica-cultural unida. Dicho de otra forma, es una sociedad política (un Estado) que es resultante histórico de la confluencia de diversas naciones o pueblos que han logrado configurar una cultura, un idioma, unas costumbres, en general un cúmulo morfodinámico de instituciones bien definidas –y esto es muy importante– ante terceras sociedades políticas, reinos o imperios. Pero a pesar de ello no es plenamente una Nación formal política, aunque materialmente pueda superponerse o conmensurarse con el contorno de alguna sociedad política –reino o imperio–. Por ejemplo, España es una nación histórica hasta que en 1812 pasa a ser Nación política.

En último lugar, como último género, tenemos que hablar de las Naciones políticas. Estas naciones –que son las naciones canónicas pues aunque no sean temporalmente las primeras, sino más bien las últimas, son la referencia para definir las demás– son producto de una racionalización semejante a la racionalización científica, pero aplicada a la sociedad política (holización). Son las naciones que cristalizan en la época moderna en el contexto de la constitución de los Estados que surgen del Antiguo Régimen, a partir de las revoluciones entre finales del XVIIII y principios del XIX (americana, francesa y española). Son las naciones que se han configurado a escala de tales Estados modernos. En ellas hay hombres libres, ciudadanos, no súbditos (como pasa en las naciones históricas). Por eso la forma típica de las Naciones modernas es la república o las monarquías constitucionales, y, como decíamos, se despliega en la Nación canónica (sexta especie): las naciones modernas, procedentes de Estados del Antiguo Régimen; y en naciones fraccionarias (séptima especie), esto es, supuestas naciones étnicas que pretenden ser reconocidas como sociedades políticas dentro de otras sociedades políticas ya existentes y fraccionar la Nación política madre a la que pertenecen. El País Vasco o Cataluña, en caso de que se secesionasen (que no independizasen) serían naciones fraccionarias.

Todos estos géneros y especies constituyen la Idea de Nación.

Los recuerdos y el rencor. “Aquella Transición trajo Estado de Derecho frente a totalitarismo. Y a Unidos-Podemos les mola el totalitarismo”. Texto políticamente incorrecto de @MylesBo

Tras leer ayer las noticias de esa celebración en las Cortes de los nosécuántos años de la llegada de la democracia, y de la reacción de los de Unidos-Podemos denostando y renegando de eso que se dio en llamar “Transición”, para ellos el origen primero de los males de nuestro actual sistema político, me he permitido  —a la manera de Sherlock Holmes en sus momentos de lucidez—  la inyección  de una dosis de “Nostalgín Forte” y abandonarme a algunas vivencias de aquélla época.

En noviembre de 1975 yo tenía 8 años. Y el día 20 (ahora sé que fue el 20) me alegré, supongo que como tantos en mi caso, por la agradable sorpresa de no tener colegio ese día. En mi casa no se celebró con champán (ni con sidra, que champán no habría) la muerte de Franco, pero tampoco recuerdo un luto o tristeza especiales. Supongo que sería lo mismo en la mayoría de hogares españoles, por más que ahora parezca que todiós se pasó cuarenta años dejándose los cuernos en lucha cruenta contra la dictadura.

Como adulto, miembro de la población “activa” y padre que soy ahora, puedo comprender las incertidumbres que asaltaban entonces a quienes tenían obligaciones parecidas a las mías, ante una situación políticamente inédita y jodidamente peligrosa, por más que se proclamara desde instancias oficiales que todo estaba “atado y bien atado”.

Ese es el primer mérito que otorgaría a los responsables políticos de esa “Transición”: reducir el margen de incertidumbre, conseguir que el paso de 1975 a 1978 fuera  —no sin vencer grandes dificultades—  ejemplar en cuanto a la continuidad de las certezas (laborales, jurídicas, domésticas y de convivencia ciudadana) que todo ciudadano responsable espera y exige para sí y sus allegados. Y eso es lo que los políticos deben siempre procurar para sus conciudadanos y lo que justifica, al fin y al cabo, su existencia.

Insisto: sólo por ello, toda esa gente merece nuestro agradecimiento y reconocimiento. Esa “tranquilidad” jurídica en la transición de un régimen político a otro creo que no es suficientemente valorada, aunque sólo sea por lo sorprendente.

Recordaréis los de mi quinta (y más mayores) cuántas veces en aquellos días de finales de 1975 se nos leyó y leímos aquello que llamaban el testamento político que Franco dirigió a los españoles. En mi mente infantil quedó grabada por entonces una idea que él nos enviaba “desde el más allá”, advirtiéndonos de los males del comunismo, ya no recuerdo si nacional o internacional, que no tengo memoria exacta de la frase en cuestión ni  —como decía aquél—  me voy a levantar ahora a googlearlo.

Por eso, de cuando apareció Santiago Carrillo por nuestras vidas, recuerdo (aparte del suceso tan comentado en la ciudad de provincias donde vivíamos, en que el dueño de un bar destrozó el televisor de su establecimiento de un disparo de escopeta cuando vio aparecer al personaje en el telediario) haberle preguntado a mi padre: “Si Franco dejó dicho en su testamento que cuidado con los comunistas, ¿por qué los legalizan ahora?”.

Ahora, con el tiempo, creo que mi extrañeza no venía tanto del hecho de que no se tuviera en cuenta la recomendación de Franco (personaje de quien por entonces apenas conocía yo poco más que aquello del culo blanco, y su mujer, y el Ariel), como de la incomprensión —quizás fruto de una temprana e inconsciente intuición leguleya— ante la falta de respeto de la última voluntad que una persona expresa en su testamento, por mas que fuera un testamento “político”, que maldito si sabía yo entonces qué demonios era eso.

Luego ya, Suárez (de quien había oído hablar a mi padre y a mi tío acerca de unas jornadas jurídicas o algo así que se celebraban anualmente en Peñíscola); el 23F, mi madre y yo con la radio puesta, suenan tiros de repente (“¿eso son disparos?”), se arrodilla rezando sin saber que las balas van al techo y no a las cabezas de todos los que allí estaban (sí, queridos niños de LOGSE: la radio es una cosa que se escucha, pero que no se ve); Felipe en el 82 y Pepe Bono (un mediocre abogado, según los que sabían), con sus amigos dándose una comida-homenaje-celebración de victoria electoral, unas mesas más allá en el restaurante de carretera donde mis padres nos llevaban a comer algunos domingos; asesinatos de la ETA; Tarradellas que era un señor mayor con pinta de caballero… Bueno. Nada que no recordéis los que rondéis mi ya provecta, etc.

Se ve que celebraron ayer esa llegada de la democracia. Bueno. Si identificamos democracia con la posibilidad de elegir libremente a nuestros representantes políticos, me vale. Aunque opino que la democracia es mucho más que votar a este o a aquél (que también), pero esto no viene ahora al caso.

Y a los de Unidos-Podemos no les gusta ni la Transición, ni la democracia que aquélla nos trajo.

Y lo entiendo perfectamente.

Aquella Transición trajo Estado de Derecho frente a totalitarismo. Y a Unidos-Podemos les mola el totalitarismo. ¡Qué digo les mola! ¡Se les pone durísima con el tema! (y que me perdone la zafia expresión Tania, Irene, o como se llame la favorita ya a estas horas).

Aquella Transición se hizo con un interés último común, a base de política racional y pragmática, y con los pies en la tierra, que es la forma de llegar a acuerdos desde ideologías encontradas. Y a los de Unidos-Podemos les alimenta, condiciona su existencia, lo necesitan como respirar (no diré como ducharse), que las diferencias ideológicas se mantengan y se enconen en el terreno de lo sentimental, de lo irracional, del resentimiento, en un escenario-mundo de unicornios de mentira.

Aquella Transición se hizo con esfuerzo, con concesiones, con sacrificio (muchos incluso con el de sus vidas frente a la ultraizquierda vasca, esa que resulta tan molona a ya sabéis quiénes), sabiendo que lo bueno, lo posible, lo que merece la pena, es difícil de conseguir. Y para los de Unidos-Podemos el esfuerzo y el sacrificio, y todo lo que no sean privilegios de gratis, es fascista, franquista, homófobo, o centralista, según los casos, o incluso todo junto mezclao.

Así que… sí. Iglesias (y Garzón, su mocoseco): lo extraño sería que vosotros celebraseis la Transición que nos trajo esta democracia (tan imperfecta, y por eso tan española y tan nuestra), porque niega esa biliosa existencia política vuestra que vive del resentimiento, del rencor y del odio a la libertad. Esta democracia que os permite a vosotros, bonicos pijos antisistema, vivir del sistema como dios.

No os diré, como Echenique, que me chupéis la minga (que uno no está ya para muchos trotes, aparte escrúpulos insalvables que me impiden siquiera imaginarlo), pero os mandaría como regalo de ese día de “celebración democrática”  —para el caso de que pudierais recibirlo—  todo mi desdén y desprecio, que no mi rencor.

Que el rencor es todo vuestro.

Consideraciones médicas y bioéticas sobre la esterilización de una joven autista. Texto del @Senor_Fernandez

   “Elia, la niña autista a la que extirparán el útero para que no enloquezca cada mes con la regla”.

   Con este aterciopelado titular, que tomo prestado por su elocuencia insuperable, presentaba El Español, recientemente, la noticia de que un juzgado de primera instancia de Tarrasa había autorizado la esterilización de una joven autista. Tal solicitud fue presentada por su madre con el objeto de evitar el exagerado sufrimiento menstrual que padecía su hija como consecuencia de algunas características conductuales propias de la enfermedad, singularmente exacerbadas en su caso. Una sentencia pionera, se dice. En España, lo es. Y una ocasión propicia para la controversia jurídica, filosófica, médica, bioética, etc. La sentencia da lugar, por ejemplo, a múltiples consideraciones sobre su trasfondo moral, el modo en que se han tutelado los derechos individuales de la principal afectada y quién es el verdadero beneficiario de la misma. Debates propios de otro contexto, profundidad y extensión. Sobre los aspectos médicos y bioéticos, sin embargo, por concernirme más, puedo atreverme a enunciar aquí algunas de mis dudas y objeciones. Leer más “Consideraciones médicas y bioéticas sobre la esterilización de una joven autista. Texto del @Senor_Fernandez”

¿Dónde has nacido?

“… resulta paradójico que en la época del bullying, en que se anima a los niños a denunciar cualquier acto de hostigamiento en el colegio, se permita a esta gentuza amedrentar a domicilio o en su lugar de estudio a niños y adolescentes impunemente. Pareciera que, por alguna razón que desconozco, estos niños no son iguales que los demás y no son dignos de ser protegidos”.

http://xyzdiario.com/opinion-destacada/opinion/donde-has-nacido/

Publicado el 25 de junio de 2017 en @XYZdiario

 

A por Navarra

“… al nacionalismo vasco le falta lo que ellos consideran la joya de la corona. En palabras del nefasto Jesús Egiguren, el tronco de Euskal Herria: Navarra. Los ojos del separatismo vasco siempre han estado puestos en la mítica Navarra, considerada una realidad vasca incuestionable y no sujeta a negociación. Su proyecto nacional se verá completo sólo cuando Navarra forme parte jurídicamente de Euzkadi”.

http://xyzdiario.com/analisis/a-por-navarra/

Publicado el 8 de junio de 2017 en @XYZdiario

Sánchez y el separatismo

“Finalmente, ha triunfado el cordón sanitario y acarreará muchas consecuencias. Pero de entrada, este repugnante sectarismo deja a España en una situación de indefensión terrible ante el inminente desafío separatista.”

http://xyzdiario.com/opinion-destacada/opinion/sanchez-y-el-separatismo/

Publicado en @XYZdiaro el  22 de mayo de 2017

Literatura nacional- catalanista para niños. Texto de @Mazelmind

La literatura para niños está en el candelero a cuenta de que alguien, ahora sí, después de que algunos llevamos años dando voces, ya ha querido enterarse de que los libros de texto catalanes ignoran a España, hablan de Cataluña como si no fuese parte de la misma e inducen a las criaturas a crecer […]

a través de Literatura nacional-catalanista para niños. — Ideas sueltas de una afortunada