Derechos e intereses. Por @BenjaminTyreen

Y sin derechos e intereses, sólo queda ese profundo cansancio, apático, como el del soldado de (otra vez) Napoleón, que huye de los cosacos por la estepa helada, ya nada importa, hace tanto frío, quiere dormir, se rinde al sueño, al agotamiento y a la desazón, y acepta su destino resignado, sería de ilusos seguir insistiendo, salvo que, como el de “Big Fish” sonando Buddy Holly de fondo, seas un iluso integral, de los ilusos de toda la vida.

Es cansado, que decía Alberto Pérez. Este intercambio de cromos, sile sile, nole nole, ayuntamientos, mesas de parlamentos, consejerías, gente sin acta a la que hay que colocar, ministerios… Como al final de aquella de romanos de Anthony Mann, con todo el imperio podrido, en que tras ser rechazado el poder por Stephen Boyd (prefiere irse con Sofía Loren, que no es tampoco mal plan) se oye a los senadores ofrecer dos millones de dinares, dos millones setecientos mil, ochocientos, novecientos… por el trono. (Que ahora vendrá alguien de Twitter a decir que no había dinares en el Imperio romano, y que los emperadores no tenían trono, ni cómodo ni otro, pero eso es lo que dicen en la película, echadle una instancia a Samuel Bronston si eso y a mí dejadme en paz).

Y decía Napoleón, no Alberto Pérez, que nos batimos más por nuestros intereses que por nuestros derechos, lo que se ve cada día en esta continua, como un bucle sin fin, campaña electoral que padecemos ciudadanos que somos ninguneados, burlados, esquivados, subastados, a cambio de sardinas que arrimar al ascua. Y esos, sólo esos, son los intereses que interesan, perdida ya la guerra de los derechos a base de derrotas en las batallas de la unidad de nuestra vieja nación, porque únicamente ésta acaba garantizando aquéllos.

Y sin derechos e intereses, sólo queda ese profundo cansancio, apático, como el del soldado de (otra vez) Napoleón, que huye de los cosacos por la estepa helada, ya nada importa, hace tanto frío, quiere dormir, se rinde al sueño, al agotamiento y a la desazón, y acepta su destino resignado, sería de ilusos seguir insistiendo, salvo que, como el de “Big Fish” sonando Buddy Holly de fondo, seas un iluso integral, de los ilusos de toda la vida.

No pido, no me queda esperanza, alta política, que no se trata de ser Adenauer, sólo espero inteligencia y dignidad bastantes como para ser capaz de  —respectivamente—  atarse el nudo de los zapatos y batirse en buena lid (dentro del cuadro que forman los escudos) por tus paganos conciudadanos, sus derechos o sus intereses, incluso por ambos.

Pero no, se alejan Livio y Lucila, y es cansado, pero al llegar la noche ella descansa a su lado, mi voz en su costado.

Música: PINK FLOYD – GRANDEZA. Por @opicar

Sí pretendo reivindicar a una banda distinta, única e irrepetible, con una personalidad propia tan fuerte y una originalidad tan desbordante que ni siquiera ha sido posible que crearan escuela, personalmente creo que si ha existido un grupo inclasificable en la historia del rock, ese es Pink Floyd.

No pretendo en este pequeño comentario centrarme en los datos biográficos de los componentes de la banda, ni tampoco realizar un análisis pormenorizado de la discografía de Pink Floyd; existe un amplio inventario de documentales, artículos y libros a los que acudir si se tiene interés en esas cuestiones.

Sí pretendo reivindicar a una banda distinta, única e irrepetible, con una personalidad propia tan fuerte y una originalidad tan desbordante que ni siquiera ha sido posible que crearan escuela, personalmente creo que si ha existido un grupo inclasificable en la historia del rock, ese es Pink Floyd.

Hablar de Pink Floyd en sus inicios es hablar de Syd Barrett, líder indiscutible del grupo, en un Londres de finales de los sesenta marcado por el rock y el pop  él convirtió a la banda en el mayor exponente de la música psicodélica, un Syd brillante como letrista y distinto a todos como compositor y guitarrista.

Pero Syd fue una estrella fugaz, al punto que la banda tuvo que prescindir de él. Posiblemente la esquizofrenia habitó en su mente siempre y un abuso excesivo de ácidos hizo el resto, su expulsión conformó la formación de la banda con tres de sus miembros originarios Roger Waters, Nick Mason y Richard Wright, y la acertada y bendita incorporación de David Gilmour en sustitución de Syd.

Es imposible no hablar de “The dark side of the moon” no solo si hablamos de Pink Floyd, sino si hablamos de la música rock; baste reseñar que es el tercer álbum más vendido de la historia, una obra maestra intemporal, simplemente inclasificable, nunca he podido abstraerme del torrente de sensaciones y emociones que me produjeron aquella música y aquellas letras allá por el año 1973, ya entonces sabíamos que aquello era distinto a todo, algo que te envolvía y que formaría por siempre parte de nuestras vidas.

El listón no podía estar más alto para la banda, pero su creatividad era un milagro, y nos encontramos acto seguido con “Wish you were Here”, otra barbaridad de álbum, en el que la figura de Syd estaba presente en las letras escritas por Waters. Sin embargo, el germen de la destrucción del grupo estaba servido, aún a pesar de que el posterior  “The Wall” tuvo un éxito que a día de hoy perdura, obra muy personal de un intransigente Waters que incluso acabo  enfrentándose con sus compañeros en interminables pleitos legales por la utilización del nombre del grupo cuando trató de disolver la banda.

Pink Floyd es ya un clásico de la música de todos los tiempos, no solo del rock, he de reconocer que después de décadas de oír una y otra vez su música, sigo sin poder abarcar toda su grandeza, todavía me abruman y me sobrepasan como si fuese la primera vez que tuviera la oportunidad de escucharlos. Su lirismo y su capacidad de descubrirme partes de mi propia alma que yo mismo desconocía tener, hasta que por ejemplo escuche la suite de “Atom Heart Mother”,  han despertado siempre en mí un enorme sentimiento de gratitud.

Relato: Aurículas acrílicas. Por Francisco Javier Sánchez Palomares @Pacurll

Después del reencuentro, la convivencia resultó compleja, pero ella acabó asumiendo mi comportamiento disperso y yo logré que no ejecutase a nadie en casa. Mantuvimos la relación en secreto, incluso para Lou, debido a su oficio algo peligroso. El equilibrio duró hasta que logramos alcanzar la dicha y volví a desbaratarlo todo. El vértigo a ser feliz.

Ursula Malin vestía pantalones asustados, tenía las aurículas acrílicas y los ventrículos de muñeca. Solía cumplir años el mismo día que nació y no tenía ninguna gargantilla de perlas que le blanquease la conciencia.

Siempre vestía un abrigo chesterfield negro amueblado con dos Colt Cobra que le proporcionaban una docena de posiblidades más en el cuerpo a cuerpo. Hecho que desconocía por completo la noche que volví a verla, de otro modo no la habría tratado con tanto descaro. Por suerte, ella solo buscaba atención, antes detestaba no pasar desapercibida y ahora pasarlo, aunque entonces no supusiese un riesgo y ahora sí.

Había sido portada de Vogue hacía 20 años. En aquella época se sentía segura, poderosa, inteligente y sin embargo solo era una preadulta guapa con mucha energía potencial. Ahora se veía a sí misma dubitativa, ajada y torpe, pero en realidad era una mujer excepcional. La inflamación de ego que sufrió con la fama unida a la inexperiencia y varios sucesos empapados en sangre hicieron que la atrapase un entorno en el cual la única manera de sobrevivir era a tiro limpio.

De joven, se ansía tener los medios para conseguir los objetivos deseados, pero, con el tiempo, se descubre que depender de uno mismo es peor que depender de nadie y que a menudo los anhelos son tóxicos.

Después del reencuentro, la convivencia resultó compleja, pero ella acabó asumiendo mi comportamiento disperso y yo logré que no ejecutase a nadie en casa. Mantuvimos la relación en secreto, incluso para Lou, debido a su oficio algo peligroso. El equilibrio duró hasta que logramos alcanzar la dicha y volví a desbaratarlo todo. El vértigo a ser feliz. Ella desapareció varios años y se oyeron algunos rumores malos y otros peores.

Aquel día bajé al bar con las mismas expectativas de quien arregla unas judías verdes para cocerlas con patata y sazonarlas poco. Es común no conceder mérito alguno a lo hecho cuando se dialoga con uno mismo, donde no es necesario fanfarronear porque se está solo, y en ocasiones ni eso, pero yo me sentía orgulloso de confundir la diversión con el placer y me atreví a invitar a un Martini a Ursula, que había vuelto de repente tras una temporada a la sombra.

—Lou, sirve otro Martini a Ursula y huye de la moderación en la medida de ginebra, por favor.

Lou sirvió de oído una copa larga a Ursula mientras me miraba intentando transmitirme cautela.

—Lou, no me mires así, ya sé a qué se dedica ahora la señorita Malin y, sea cual sea su próxima maniobra, me vendrá bien, no tengo nada que perder.

La situación era embarazosa como encontrarse con tu víctima en el psiquiatra. Pero Ursula abrió la boca para ventilar la tensión.

—Trevor, vas a tener suerte, aun sin ser responsable de ella. Sabes que unos tanto y otros tampoco, pero tú no estás en ninguna de esas dos mitades. Agradece que tengo una memoria imprecisa y un recuerdo precioso, aunque no olvides que un día perderás a todos a quienes quisiste y te sentirás desgraciado por no haber aprovechado el tiempo.

—Y al día siguiente se me olvidará, como se me olvidan todos los elogios.

Villacís en el prado, la periodista y su tweet. Por Carlos García-Mateo @barcelonerias


Sería desatino, crimen contra el romanticismo, que esta informante Mendizábal hubiera cometido un error fundamental de escritura, debido quizás al corrector político que asola a la profesión, y en lugar de escribir “protesta legítima” debiéramos leer “violencia legítima”.

Los acontecimientos, de común, se complacen en la multiplicación. Serían estas derivadas, estos hijos de los hechos primeros, quienes dan un sentido afectivo, cultural si se quiere, a lo acaecido. Puede pensarse que los hechos aparecen, milagrosamente, en primera instancia. Nada más ingenuo: se deben siempre a antigüedades, a oxidaciones propias del gusto morboso. 

La gracia, el clasicismo guerrero, por tanto, de cualquier cosa que suceda y sus capacidades informativas, sensuales, reluce a posteriori y en dependencia de. Se nutre de todas las fatalidades anteriores, posteriores y falaces, ideológicas, como sabemos y comprobamos a diario.

(Metodología feroz. Una piedra cae de un risco. Puede parecer algo trascendental al poético geólogo que observa con sus ojos arcaicos, su cronología deal. Sin embargo, si la piedra golpea la cabeza del campesino que justo pasaba por allí, los amantes de las pesquisas comenzarán a generar literatura. Incluso, en la circunstancia de que en el escenario se encontrara también un buitre llevado por su apetito carroñero, podría, en esta España autonómica, hallar su fama informativa como fauna nacional (catalana, al ejemplo). Y no digamos si se descubre que el campesino tiene algún asunto biográfico oscuro, afiliado a uno de esos partidos fascistas que tanto han proliferado en el parlamento.)

La constatación de que un acontecimiento se multiplica y hace historia viene a cuenta del acoso al que se vio sometida la candidata Begoña Villacís, ayer en la Pradera de San Isidro, Madrid. Y se refiere, en particular, a un comentario (tweet) que la periodista Mamen Mendizábal escribió. Decía así: “Encuentro innecesario hacer pasar este momento a Begoña Villacís. La protesta es legítima. El objetivo elegido erróneo.” 

No voy a referir los detalles estéticos, fílmicos, del hecho. Están a disposición de cualquiera que disponga de un dispositivo con pantalla y red wifi. No habría, por tanto, controversia sobre cómo cayó la piedra. Lo hizo con una determinación inquebrantable, dibujando una trayectoria que, incluso para los agnósticos, resultaría indiscutible. Tampoco me apetece, por no contribuir a una saturación del lenguaje, aludir a los detalles morales. He aquí una señora, Villacís, rodeada por una turba enfurecida con el mundo. Una turba paródica del jacobinismo, la inmortalidad del manipulado y feliz. En términos y usos del Ancien Régime, el acontecimiento sería susceptible de una pintura, pero ni las turbas son ya tan cruentas, ni aquí hablamos del peso del Cielo. Villacís está en estado de buena esperanza, y esto, volviendo al primer párrafo, sí ha sido subrayado por los amantes de las pesquisas. Son los intersticios del periodismo, que Espada, por ejemplo, ha trazado con insistencia. Volvamos al tweet. “La protesta es legítima”, afirma. Mas en el video se aprecia no ya protesta huérfana de cualquier agresividad, aquellos anglosajones que caminan civilizados con un cartelito de protesta en mano y reposan a la hora del sandwich. ¿Mendizábal ha visto la filmación o percibe quizás algo que yo, humilde antiperiodista, no veo? 

Sería desatino, crimen contra el romanticismo, que esta informante Mendizábal hubiera cometido un error fundamental de escritura, debido quizás al corrector político que asola a la profesión, y en lugar de escribir “protesta legítima” debiéramos leer “violencia legítima”. O igual tan solo surge aquí una perversión: “La voluntad de deprimir aquella partícula de inteligencia que alberga en todos”, en palabras de Siciliano. De lo de Eguiguren con Josu Ternera, hablaremos mañana.

Relato: DESVELADO. Por Francisco Javier Sánchez Palomares @Pacurll


—Lou, Gianni Tres Manos tiene destreza técnica, nada más. Y tiene todas esas virtudes que adornan a las personas detestables: tenacidad, memoria, activismo y una absoluta falta de frivolidad.

Gianni Tres Manos Bandicot hablaba con acento japonés, sin embargo tocaba el piano sin él. Nunca quedó claro si el apodo hacía honor a sus virtudes musicales o a su capacidad para sisarte la cartera mientras aplaudía su propia actuación. Tampoco era posible saber con certeza cuándo comenzó a tocar el piano en el bar de Lou; unos dicen que fue de repente y otros que poco a poco, nadie podía precisarlo, de la misma manera que no es posible saber el momento exacto en el que uno deja de estar despierto y comienza a estar dormido.

—Estoy peor, Lou, ahora tengo ansiedad.

—¿Y la ansiedad empeora tu estado, Trevor?

—Sí, Lou. Antes estaba mucho mejor, solo quería morirme. Me siento como si me hubiesen enterrado debajo de mí mismo.

—Vaya, me dejas más tranquilo, Trevor. ¿Quieres tomar algo o llamo al sacerdote?

—No, hoy tengo pensado seguir aquí, pero si le llamases para aplicarle la extremaunción al pianista me alegrarías el día.

—Cuánto aprecio emana de tus palabras, Trevor.

—Lou, hay dos tipos de música que no quieres escuchar: la que no te gusta y la inoportuna. Gianni Tres Manos toca ambas a la perfección. Su música suena igual que una inyección de café en el duodeno un domingo por la tarde sin los deberes hechos.

—Muchos pensamos que es un virtuoso.

—Ese es el problema, Lou.

—Vamos mejorando, Trevor. También es malo ser bueno.

—No seas demagogo, coño.

—No sé ni cómo calificarte.

—Lou, Gianni Tres Manos tiene destreza técnica, nada más. Y tiene todas esas virtudes que adornan a las personas detestables: tenacidad, memoria, activismo y una absoluta falta de frivolidad. Nunca se rinde, eleva a categoría la anécdota. Te acusa de no hacer nada, pero lo que en realidad te achaca es no hacer lo que él quiere. No es capaz de sentir la paz que se siente cuando sucede lo que no quieres que ocurra, por lo que no puede evolucionar, está estancando en el año que salió a la venta su coche favorito de cuando era niño. A veces es necesario sentir que todo el mundo se ha puesto a pensar en aquello que solo tú recuerdas y te da tanta vergüenza.

—¡Pero si ya ni siquiera habla! Como sigas así, Trevor, voy a empezar a beber yo también.

Gianni Tres Manos Bandicot vivía en un edificio con mucho ladrillo y poco oxígeno. Tal vez por eso ahora era suicida, pero daltónico y siempre se saltaba los semáforos en verde.

Se mudó allí a hace unas semanas porque perdió el habla. Las malas lenguas dicen que era un chivato y alguien se encargó de mutilarle la sinhueso con un peine de nácar.

Al día siguiente de aquella conversación con Lou, Gianni Tres Manos Bandicot apareció ahorcado en el almacen del bar, aquello se llenó de policía y no pude beber en todo el día. Parece ser que Gianni había desvelado tantos secretos que no podía conciliar el sueño y decidió colgarse.

Series: DEAD TO ME – MENTIRAS. Por @opicar


Creo que hay algo que destaca en la serie sobre cualquier otro aspecto de la misma, y es el trabajo de Christina Applegate y Linda Cardellini, las dos forman un todo indisoluble, no se entiende el trabajo de la una sin la otra, son las absolutas dueñas de la serie, y la química existente entre las dos es una especie de pequeño milagro, al punto de que cuando la serie remata te quedas con un vacío provocado por el deseo de saber más de sus personajes.

Serie de diez capítulos de media hora de duración cada uno y que ha estrenado Netflix este mes de Mayo, no resulta fácil encuadrarla en un género concreto, por momentos estamos ante una comedia negra y por momentos prevalece el thriller como estructura narrativa.

El hilo argumental se basa en la amistad de dos mujeres absolutamente distintas, una de ellas acaba de perder a su marido de forma trágica; la otra es un personaje anárquico y que no va a dejar de sorprendernos continuamente a lo largo de la narración.

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Quita, gordi. Por Carmen Álvarez


Monumento al macho alfa. VuELve. Adanismo en estado puro. Él es la esencia podemita, y sólo él. Irene ha quedado como telonera.

“Quita, gordi”, “déjame a mí, cari” o “aparta bonita, que ya llego yo”, debió de ser más o menos lo que Pablo Iglesias le dijo a Irene cuando acabó la baja de paternidad autoimpuesta para ejemplo de todo macho ibérico que por la piel de toro -espero que nadie se sienta ofendido por decir “toro”- se mueve.

Ahora es fácil entender el mal carácter que Irene se gasta en el Congreso o cuando tiene un micrófono delante; esos chillidos, esa cara desencajada, esa arruga de expresión en el entrecejo, esa mala leche sólo se incuba en casa. No voy a entenderlo yo. Todas aquellas que en algún momento de nuestra vida hemos sufrido el “déjame a mí, bonita” -con su implícito que “tú no sabes”- envuelto en un tono aparentemente cariñoso y condescendiente, sabemos que pone de peor humor que unos cuernos una noche de farra.
Me creerán exagerada, pero ese machismo del feminista militante que luego va de aliado, saca de quicio.

Sí, Pablito se ha lucido. Comentaba el ínclito el otro día sin sonrojo que las encuestas que tan mal resultado le dan, se habían realizado “antes de volver yo”. Monumento al macho alfa. VuELve. Adanismo en estado puro. Él es la esencia podemita, y sólo él. Irene ha quedado como telonera.

Además, viene en mejor forma que nunca, porque “limpiar culos” -bonito resumen de la paternidad full time– proporciona una preparación intelectual, una madurez ideológica, una comprensión de los problemas de la gente que, lamentablemente, su paso por la universidad no le dio. Otra cosa es que deseemos que no tenga oportunidad de demostrarlo.

En fin, Irene, valga este breve comentario para expresarte mi sororidad -que no sé exactamente qué es- y decirte que un hombre así no te conviene. No tanto porque no tenga razón, que eso ya lo veremos en las encuestas y en las elecciones, sino porque no hay nada peor que ir de guayfeministaaliado por la vida y resultar un vulgar machista en el fondo y en las formas. No existe nada más despectivo que el machismo condescendiente. Porque a un hombre que te prohíbe algo lo mandas a por tabaco y cambias la cerradura, pero ese hombre que predica urbi et orbe las bondades del feminismo y se limita a cambiar el nombre al partido, poniéndole ¡Unidas Podemos!, no sólo es machista sino algo peor, un cursi irredento.

En esta vida, queridaIrenehazmecaso, se puede y se debe perdonar casi todo, pero la cursilería y la necedad, nunca.

P.D. Quedo a la espera de que alguna jovencita me diga que no sé nada de machismo.