Las muertes de la patria. Por Carlos García-Mateo (2019) @barcelonerias

 

“Morbidez universal, converge en este fallecimiento la pauta de elevar al ámbito de lo público los más íntimos detalles de vida privada, gustos, felicidades, miserias, a través de las redes sociales”.

 

Este que escribe todavía recuerda, pues hace pocos años de eso, uno de los caprichos de la praxis democrática: no verbalizar en público el voto, norma no escrita que se aplicaba con naturalidad. Muchas cosas han cambiado desde entonces, como un síntoma. La politización en la que nos hemos ido instalando, crisis mediante, ha hecho frágil esa pequeña y adorable costumbre. Mudanza de la discreción al exhibicionismo.

No echaré al proceso catalán todas las culpas de tal muerte de la patria, si bien Cataluña fue aventajada en el derribo de ciertos límites, hasta el actual señalamiento propio y ajeno: o llevas un lazo amarillo o no lo llevas. Morbidez universal, converge en este fallecimiento la pauta de elevar al ámbito de lo público los más íntimos detalles de vida privada, gustos, felicidades, miserias, a través de las redes sociales.

La politización excesiva, la penetración intelectual del anecdotario -ágapes conspirativos, viajes a costa del erario, visitas a puticlubs también a costa del erario, excesos parlamentarios, mítines leninistas en las puertas del Congreso- es de tal tamaño que ha comenzado, si no lo ha logrado ya, a colonizar los mundos del entretenimiento. En determinados aspectos, la situación recordaría a un fin de régimen, vía revolucionaria, bélica o parlamentaria. Todo lo que la política ha ganado a la crónica social se ve reflejado en la televisión, los formatos rosa adaptados al debate, por decirlo de un modo amable, celtibérico.

Vuelvo a la esfera catalana, pues en el derribo del bipartidismo (vivíamos tranquilos bajo el bipartidismo y los viajes a Madrid del president) tiene Barcelona un papel protagonista, de gusto inconfundible. Qué hubiera sido de los adversarios del Régimen (monárquico) sin un altavoz televisivo a su disposición, se han preguntado a veces los comentaristas políticos. Un burgués trotskista de Barcelona, fervoroso en los ritos de comprar dulces los sábados en Foix de Sarrià e ir al estadi, vio iluminada su tercera y pudiente edad gracias unos chicos instalados en la endogamia universitaria del marxismo inmortal, más o menos gramsciano.

Me refería antes a la muerte de la patria, aunque son muchas las muertes, acumulativas. No hemos inventado nada, pero brillamos como una especie de vanguardia mundial. El obstruccionismo parlamentario, hacer del hemiciclo un gallinero, no lo concibieron estos personajes de ahora. Fue práctica al uso de los enemigos internos del Imperio Austrohúngaro, por ejemplo. O cotidiano quehacer en la República italiana hasta hoy día. En 1998, Gambino escribía: “Cuando aquellos que se han quedado en minoría o no están de acuerdo con una sentencia o decisión de la Justicia, no se limitan a criticar, incluso duramente, aquello que consideran equivocado o injusto, sino que hablan inmediatamente de fascismo y amenazan con la fuerza de la calle.” Les suena, ¿verdad? Los decesos son variados y radiantes. Se han ido coleccionando, cromos de la desazón, entre una porción no desdeñable del electorado.

Y ya estamos en la arena, el territorio al que todos vitorean, sobre el cual las elites (gobernantes, oposiciones, furibundos expectantes) ponen sus groseros pies calzando cueros salvadores. Aquí, en Cataluña, sede parlamentaria, prohibieron los festejos taurinos algunos diputados habituados a ir a la Monumental cuando el cartel era bueno. La cosa, esa masa informe de agravios y orgullos, ya no va de toros, claro está: va de cómputos, pedazos desparramados de una vieja libertad. Para expresarlo de un modo más prosaico, evoco el poso de una mala leche, inmoderada, refractaria al liberalismo. Un leviatán sin estructuras ungido por los que, de una manera insolente, le han hecho la guerra, desde dentro, a la democracia y sus columnas: la oratoria, la humildad, el formalismo, la inmaculada fe en las libertades, en los derechos y en los deberes.

Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

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