A PAMPLONA HEMOS DE IR. Por Miguel Cornejo @MiguelCornejoSE

“Esto es lo que queremos evitar el día 2. La imposición, por embudo, de una identidad y un idioma sobre toda la población de una región, y la exclusión del resto del país del que forma parte”.

Ante la manifestación del 2 de Junio en Pamplona hay que entender tres cosas. Porque si las entendemos, podremos decidir con fundamento si tenemos o no tenemos que estar ahí.

La primera es que la protesta es defensiva. Un grupo de partidos nacionalistas, con apoyo populista, está cambiando el marco normativo navarro para promover el euskera de un modo que discrimina a los que no lo hablan en el acceso a empleo público e incluso privado, así como a otros servicios. Los manifestantes no se oponen al euskera, sino a su utilización como herramienta para forzar un cambio en la identidad navarra a costa de los derechos de los no vascoparlantes.

La segunda es que Navarra no habla euskera. Aunque el idioma sea “cooficial” legalmente, no lo es del mismo modo que en el País Vasco o en Cataluña. Aquí hay tres grandes franjas de territorio y población, o “zonas”, en las que se trata de forma diferente, y sólo en la menor de ellas (por población) es plenamente cooficial. E incluso donde es “cooficial” no es universal: no lo conoce buena parte de la población. Lo habla de hecho menos del 7% de los navarros.

La tercera es que no afecta sólo a los navarros. Durante años, las oposiciones a empleo público de Navarra fueron de las más concurridas, porque gracias al régimen foral eran también de las mejor dotadas. Navarra es pequeña pero históricamente ha cuidado bien a los que trabajan para ella. Personas de toda España han concurrido y logrado plazas aquí. Del mismo modo que el talento y las empresas de toda España han tenido oportunidad de concurrir en igualdad en Navarra.

Los partidos nacionalistas quieren cegar el debate hablando de los “derechos de los hablantes” o incluso “del idioma” a un trato de igualdad plena, pudiendo hacer las mismas cosas en euskera que se pueden hacer en castellano El hecho es que garantizar ese presunto derecho (del modo en que lo pretenden hacer) es incompatible no ya con la igualdad de derechos de todos los españoles sino con la igualdad de derechos entre los propios navarros.

En concreto, los nacionalistas vascos están implantando valoración y exigencia de vasco en ofertas públicas de empleo navarro, y recientemente se han dotado de las herramientas para exigirlas incluso en las empresas privadas que optan a contratos públicos. Lo que es mucho más grave, están poniendo los medios para que esto pueda hacerse legalmente no sólo en la zona más vascoparlante sino en toda Navarra, incluyendo zonas que no lo escuchan desde la Edad del Hierro, si lo oyeron alguna vez.

Nadie tiene la menor duda de que estas medidas están orientadas a fomentar el aprendizaje de euskera, por el camino de hacerlo rentable e incluso imprescindible. Pocos dudan de que el objetivo es crear una conciencia de sociedad diferente de la española y asimilable a la vasca (Alava ha pasado por el mismo tratamiento). El debate está en si es legítimo emplear este nivel de coacción y privilegio para forzar la elección del aprendizaje de un idioma.

Porque una cosa es “normalizar” el uso de un idioma, eliminando obstáculos, y otra cosa es forzar su adopción. Una cosa es facilitar acceso a su aprendizaje o a contenidos en él, y otra cosa crear industrias a medida de una demanda que sólo existe en el programa de los partidos nacionalistas. Una cosa es hacer lo posible porque los funcionarios de zona vascoparlante aprendan euskera, y otra cosa es exigir que vengan aprendidos de casa, porque eso discrimina entre españoles y entre navarros. Una cosa es facilitar, o incluso fomentar, y otra es imponer y coaccionar.

En resumen, lo que se ha venido haciendo en Navarra en materia de euskera es debatible y mejorable; los límites legítimos de la promoción de un idioma y una identidad son muy debatibles. Pero no se puede decir que no se viniera apoyando. No se puede decir que no hubiera oportunidades para sus hablantes (tantas que la cantidad de profesores guipuzcoanos en Navarra es notable). Lo que se puede decir, porque es un hecho, es que los navarros, en su inmensa mayoría, en su día a día y hasta en su casa, no lo hablan.

Es fácil ponerse melodramático con este tema. Una ideología minoritaria, apoyada en un grupo de populistas que dicen “defender a los trabajadores” pero se prestan a traicionarlos para privar de poder a sus rivales, pretende forzar cambios legales que privarían de igualdad de derechos a la inmensa mayoría de los navarros, encerrándoles en un gueto en el que no se puede competir ni vivir en igualdad sin hablar euskera. Basta con ponerle adjetivos o buscar referentes históricos y ya tenemos los eslóganes lanzados.

Pero lo triste es que es cierto. Es real. Está pasando. Mañana, el hijo de un vallisoletano no podrá trabajar en la administración pública navarra ni siquiera en la Ribera, donde no habla euskera ni el que lo sabe. Porque se lo exigirán. Mañana, las empresas de fuera de País Vasco y Navarra se lo pensarán dos veces antes de optar a trabajar para la administración navarra, porque sabrán que hacerlo conlleva asumir peajes lingüísticos (entre otros). Mañana, los navarros no sólo no podrán evitar aprender un idioma que para el 80% de ellos no es materno (por muy histórico que digan que es) para poder competir en su propia tierra, sino que tendrá que conformarse con médicos, profesores y arquitectos municipales (hasta exterminadores de plagas) que hablen euskera pero no sean los mejores del mercado español, porque su administración exige euskera o lo valora más que doctorados.

Hoy, ya, estamos en el punto en que he visto a gente no vascoparlante plantearse pedir a su colegio concertado que incluyan clases en euskera por miedo a privar a sus hijos de esas oportunidades reservadas para vascoparlantes. Como si fueran ellos y no los nacionalistas vascos los que les cierran puertas.

Y cada paso que estos nacionalistas consiguen dar, cada convocatoria de empleo que consiguen lanzar, cada cambio legal, es un ladrillo puesto que va a costar deshacer para volver a la sensatez.

Esto es lo que queremos evitar el día 2. La imposición, por embudo, de una identidad y un idioma sobre toda la población de una región, y la exclusión del resto del país del que forma parte. Navarra es hoy el frente en la lucha política entre los populismos nacionalistas y los que defienden la igualdad de derechos entre los españoles. Pamplona es donde hay que estar el 2 de Junio para defender la igualdad y la libertad.

Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

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