Vuelvo del fútbol. Por Rome Clay @BenjaminTyreen

“… si esta vez no he disparado a un padre en la nuca delante de sus hijos, si no me he llevado por delante a dos hermanas de tres años con un coche bomba, esto de Alsasua es “pecata minuta”, una… pues eso, una “pelea de bar”, nada más”.

Pues qué quieres que te diga, Carmen, aparte de feliz cumpleaños ahora que todavía son las 11 de la noche, una noche en la que vengo de ver cómo Marcelino García Toral ha regalado 60 minutos de 90 al rival así, en plan gratis, por sus cojones morenos y asturianos, pero que eso no es lo importante, que las penas del fútbol son siempre tan efímeras como sus alegrías, pero lo que te quería comentar es que a mi no me parece mal que haya gente (ya sabemos todos quienes son) que considere esto que se juzga estos días de la paliza de Alsasua como una “pelea de bar”.

Y digo que no me parece mal porque cuando llegues a mi edad (aún te queda, aunque me persigues), apreciarás cada día más, y por encima de otras muchas virtudes, la de ser consecuente en la proporcionalidad de las opiniones, cualidad esta, típica de la penúltima madurez, que permite no llevarse sobresaltos, nada indicados para quienes hacemos vida sedentaria, fumamos y el último deporte que hicimos fue en el patio de 8º de EGB, y tampoco mucho, así que hay que apreciar la coherencia en las reacciones de cada cual, sin sorpresas ni giros bruscos que, en un momento dado, nos produzcan una repretera de la impresión, y luego todo son disgustos y gastos y rechinar de dientes.

Y te explico lo de la coherencia: casi mil asesinatos de hombres, mujeres y niños, con tiros en la nuca y coches bomba (la máxima expresión de la cobardía a la hora de matar inocentes) y multitud de secuestros que ponen en práctica las más refinadas técnicas de tortura, son considerados por mucha, demasiada gente no como tales, sino como defensa ante un “conflicto”, un conflicto provocado por el estaospañol. No se arrepienten de ello, se enorgullecen, incluso lo celebran con fiestuquis de pijama, flauta y tambor cuando salen de la cárcel, y se ríen las gracias entre ellos y, como diría Harvey Keitel, el señor Lobo, se comen las pollas unos a otros, con fruición y disfrutando el momento, con la satisfacción del trabajo bien hecho y que les ha comportado los frutos pretendidos…

Pues entonces, lo que pasó aquél día en Alsasua, brutal paliza, lo que quieras, pero sin muertos destripados por las bombas o con la cabeza reventada por una parabellum de esas, para ellos, para esta gentuza, es “una pelea de bar”. Es sólo eso, lógico, son coherentes. Sí, sí, ya sé que me dirás que tienen el alma podrida, los que la tengan, y que el pedo de cualquier alimaña vale más que un minuto de su triste, dañina y prescindible existencia. Es cierto. Pero reconóceme al menos que su argumentario tiene un toque consecuente: si esta vez no he disparado a un padre en la nuca delante de sus hijos, si no me he llevado por delante a dos hermanas de tres años con un coche bomba, esto de Alsasua es “pecata minuta”, una… pues eso, una “pelea de bar”, nada más.

Y hay quien se sorprende de que ciertas formaciones, de más o menos reciente aparición en la vida política, compartan ese argumento y no condenen todos esos actos deleznables, digan que bueno, que hay que pasar página y tal, se hagan fotos sonrientes con los asesinos, secuestradores y agresores, acudan a sus homenajes, los inviten a sus reuniones…

Pero no: no hay que extrañarse. No condenan ni condenarán nunca, no por cálculo político, no por incoherencia, no por esa hemiplejia moral que te lleva a aplaudir a los tuyos, hagan lo que hagan, y condenar a los demás, hagan lo que hagan. Son absolutamente coherentes, y sólo tienen un criterio moral, no doble, uno solo, enfermo de podredumbre, pero uno solo y coherente, porque si no condenan esos asesinatos, si comparten espacio, fotos y sonrisas con los asesinos y sus representantes, es porque se encuentran con ellos en la puta gloria, en su ambiente, les parece cojonudo todo lo ocurrido, y a lo mejor hasta no les es suficiente, que bien podía haber durado un poco más. Así que nada de escandalizarse por ello.

Y también hay quien se extraña de la ausencia de manifestaciones, proclamas, concentraciones, marchas y lazos del color que toque, por parte de las feministas más concienciadas y aguerridas, que al fin y al cabo dos de las personas que recibieron esa paliza cobarde, en ese bar de mierda de una localidad de mierda, eran mujeres, sí, de esas de las que aquéllas dicen que mandan en su coño por eso, por ser mujer. Pero no, tampoco hay aquí que sorprenderse ni rasgarse las vestiduras por la descarada contradicción, porque no se da tal, y además les importa poco o nada. Hay una coherencia interna y ciega: el odio; el odio que une al terrorista asesino, al agresor, a los amiguetes comepollas de los anteriores, pegados a ellos cual mocosecos, y a las feministas radicales; el odio que justifica esos ataques cobardes, incluso a mujeres, y a cajeras embarazadas del Mercadona por parte de piltrafillas que rozan (seguramente traspasen) la línea de la anormalidad intelectual.

Es el odio hacia quienes consideran “los demás” lo que les une en su coherencia interna, porque —en feliz frase de no me acuerdo ahora su autor— no es el qué, no es el acto asesino, agresor o de humillación; es el quién, hacia quién se dirige. Ahí está la medida para ellos, la separación entre lo aceptable y lo inaceptable de cara a la galería.

E insisto: no es una doble moral, es sólo una, más fría y estremecedora que el hielo negro: la ausencia total de interés por la vida humana, por la integridad física de las víctimas, sean quienes sean, “de las suyas” o “de los otros”. Lo que pasa que con las que consideran “sus” víctimas (las que no son “de los otros”) disimulan, hacen como que les importan, por una cuestión de conveniencia política y porque de alguna movida indignada te has de servir para vivir si cuentas únicamente con “estudios de activista social”.

Por eso, y justo antes de terminar el día de tu (espero) feliz cumpleaños, y a pesar de lo desagradable (“repunante”, diría aquél de Lóuzara) del tema con el que te estoy dando la lata, quiero acabar con un mensaje, si no positivo, al menos de tranquilidad y reposo: no nos indignemos ni sorprendamos por el silencio cómplice ante el mal, por las risas de y junto a los asesinos, por los eufemismos groseros e insultantes, por la falta de humanidad ante los agredidos brutalmente; no son contradicciones (y si ellos lo vieran así, se la soplaría, les daría igual), sino que forman parte de su coherencia.

Y ya que no podemos librarnos del asco que nos provoca su existencia vil, al menos no perdamos ya ni un minuto más en análisis, argumentos o búsqueda de explicación a lo que no tiene otra que el odio que nace, crece, se desarrolla e infecta en sus retorcidas y corrompidas (hasta el tuétano) trayectorias vitales.

A ver si este fin de semana en Balaídos Marcelino espabila, aprende de los errores de hoy, me hace una alineación a modo, y aseguramos la Champions cuanto antes. Un beso, Carmen, cumpleaños feliz.

Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

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