EL CIRCO DE PUIGDEMONT. Por Josep Danon @DanonJosep

Dicen que nadie es profeta en su tierra, aunque en el caso de  Charles Puigdemont (así fue presentado en Copenhague, sin atisbo de protesta lingüística, ni tuit de Rufián al respecto), el dicho  podría ser aplicado justo a la inversa: lo tienen calado en todas partes menos entre sus propios seguidores.

La Profesora Marlene Wind lo dejó claro, cuando fue interpelada sobre la presencia de Charles en tierras danesas: “Nosotros (la Universidad), ni siquiera lo hemos invitado. Nos ha tomado como rehenes para montar su circo”.

El Juez del Tribunal Supremo, Pablo  Llarena, sabe mucho de circos. No en vano detrás de cada estrategia procesal hay un malabarista del Derecho. Aspavientos, cortinas de humo, equilibrios, cabriolas jurídicas. Un Magistrado debe lidiar con ello cada día.

Llarena ha calado también a Puigdemont.  Charles es un experto en juegos malabares y maniobras de distracción. En cambiar de coche bajo un puente, en esconderse en maleteros, en mover los brazos para aparentar que sabe nadar, como esos niños malcriados del cursillo de natación, que chapotean mientras tocan de pie para que sus padres elogien sus progresos al regresar a casa.

Pero Llarena se las sabe todas. No va a consentir que nada ni nadie le trastoque su instrucción. Quiere tener lista la causa para antes el verano, y llevar a juicio oral cuanto antes a los investigados, reduciendo así el impacto de la prisión preventiva   y evitando dilaciones que pudieran hacerse valer como causa de nulidad o en su caso,  ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

En este sentido, el artículo 324 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal  dice en primer lugar que: “Las diligencias de instrucción se practicarán durante el plazo máximo de seis meses desde la fecha del auto de incoación del sumario o de las diligencias previas…”, cuestión “matizada” en el siguiente párrafo que establece que “No obstante, antes de la expiración de ese plazo, el instructor a instancia del Ministerio Fiscal y previa audiencia de las partes, podrá declarar la instrucción compleja a los efectos previstos en el apartado siguiente cuando, por circunstancias sobrevenidas a la investigación, ésta no pudiera razonablemente completarse en el plazo estipulado o concurran de forma sobrevenida algunas de las circunstancias previstas en el apartado siguiente de este artículo.

El siguiente apartado del citado precepto hace referencia a la declaración de complejidad de la causa en cuyo caso, el plazo de duración de la instrucción será de dieciocho meses, que el instructor de la causa podrá prorrogar por igual plazo o uno inferior a instancia del Ministerio Fiscal y previa audiencia de las partes.

Los casos en los que puede declararse la complejidad de la instrucción,  son los siguientes:

a) recaiga sobre grupos u organizaciones criminales,

b) tenga por objeto numerosos hechos punibles,

c) involucre a gran cantidad de investigados o víctimas,

d) exija la realización de pericias o de colaboraciones recabadas por el órgano          judicial que impliquen el examen de abundante documentación o                            complicados  análisis,

e) implique la realización de actuaciones en el extranjero,

f) precise de la revisión de la gestión de personas jurídico-privadas o públicas,  o

g) se trate de un delito de terrorismo.

Dentro de esas causas no se halla incluido el hecho que las partes puedan torpedear la instrucción con sucesivos recursos.

Muchos neófitos en la materia han criticado con intención política la rapidez con que el Supremo ha tramitado la declaración de los imputados, su detención, y ha resuelto los recursos planteados. El Supremo, sin embargo,  no da puntada sin hilo, y quiere evitar a toda costa sobrepasar el plazo ordinario de seis meses al que me he referido anteriormente.

Llarena, pues,  no quiere correr riesgos.  Quiere una  instrucción rápida y limpia, sin incidentes procesales, recursos, y argumentos que puedan alimentar peticiones de nulidad de la causa.

Charles, por el contrario, quiere, en primer lugar,  que el Supremo asuma riesgos, y adopte decisiones que le permitan iniciar una batería de recursos e impugnaciones.

Es su única estrategia jurídica, ya que, en cuanto al fondo de lo que se le va a imputar, sabe que lo tiene francamente difícil y que tarde o temprano el brazo de la Justicia recaerá sobre él.

Por otro lado, El Prófugo desea algo que todavía no ha conseguido:   internacionalizar su causa, y granjearse la simpatía de la opinión pública internacional.  Imagínense lo que da de sí una detención a la salida de una conferencia universitaria.

A Llarena lo segundo le trae sin cuidado, pero no va a asumir ningún riesgo innecesario en SU INSTRUCCIÓN. De ahí que haya decidido no cursar la euro como sin embargo le ha solicitado el Fiscal.

El argumento principal de Llarena para negarse a cursar la euroorden ha sido, en principio, evitar que Charles pueda instrumentalizarla a su conveniencia.

Me parece no obstante que el redactado del Auto emitido por el Instructor no ha sido todo lo brillante ni explícito que debiera haberlo sido, sabiendo que iba a ser objeto de toda clase de críticas y análisis.

¿Tiene que importarle a la Justicia su instrumentalización, si, en el fondo, lo que debe de perseguir en todo caso, es la aplicación de la Ley?

Pues, a mi juicio, sí debe de importarle si, con la instrumentalización,  el imputado, en este caso, puede llegar a evitar que dicha Ley se aplique en base a una estrategia pre definida.

Es una lástima que Llarena no lo haya expuesto así en su Auto,  pero me parece evidente que la lectura entre líneas lleva a esa conclusión, pues de otro modo la fundamentación del auto sería surrealista: no detener al delincuente porque es esto lo que quiere precisamente, no tiene sentido alguno.

Llegados a este punto, cabe preguntarse  por un lado ¿de qué manera podría Charles Instrumentalizar el proceso? y  por otro lado ¿por qué  si Charles quiere hacerse detener, no viaja directamente a España?

Respondiendo a la segunda pregunta, se responde, de hecho, a la primera.

Puigdemont se halla en Dinamarca realizando actividad parlamentaria: imparte una conferencia política por un lado, y, por otro, se reúne con parlamentarios de otro país.

Por lo tanto, si fuera detenido, podría argumentar que se ha violado su estatuto de Diputado, impidiendo que lleve  a cabo actividades como parlamentario, y vulnerándose su inmunidad parlamentaria, ya que la detención se llevaría a cabo en el ejercicio de sus funciones.

Ya tenemos recurso de nulidad al canto, e interferencias seguras en  toda la instrucción.

Por otro lado, si Puigdemont fuera detenido en este momento,  solicitaría dejar sin efecto las medidas cautelares que se pudieran acordar (prisión preventiva) al objeto de poder asistir al Pleno de Investidura, y posteriormente, para poder ejercer las funciones para las que habría sido investido. No se trataría ya de un tema de delegación de voto, si no de pleno ejercicio de sus derechos políticos y, por consiguiente, del derecho a ser investido como Presidente y de representar a  la Soberanía Popular.

Y una vez fuera investido Presidente, la Generalitat de Catalunya e incluso el Parlament de Catalunya, al trascender la medida del ámbito estrictamente personal, y convertirse en un asunto institucional,  podrían mostrarse como partes en el procedimiento penal, e incluso,  tener acceso al recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional, alegando vulneración de los derechos políticos  de los diputados que le hubieran dado su apoyo.

Sé que todo esto es hilar  muy fino, y no es cuestión de pura matemática.

Pero entiendo que Llarena no quiera arriesgarse inútilmente, teniendo cualquier otro momento para poder cursar la orden de detención.

Incluso si se diera el caso de una comparecencia voluntaria de Charles en España, la situación no sería la misma.

Por un lado, se trataría de algo voluntario (ergo, no podría alegarse actuación impropia del Estado) y, por otro lado, se le privaría a tal comparecencia del carácter  de actividad Parlamentaria que pretendía dársele desde Dinamarca.

En cualquier caso, estoy convencido que el Circo de Puigdemont nos tiene reservados todavía muchos más números en las próximas fechas.

Tomen asiento y contemplen el maravilloso mundo del espectáculo.

puchi cartel

Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

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