Cierren las compuertas. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

"... a España ya solo le queda una opción, que es cerrar las compuertas y arbitrar todos los medios necesarios para que los daños se limiten, en la medida de lo posible, a la región desleal y no se extiendan al resto de España".

 

Los catalanes hemos tenido ocasión de votar y lo hemos hecho. Antes, un 155 experimental, un presidente fugado cobardemente, miles de empresas huidas, varios políticos sediciosos en la cárcel, la banca en fuga, Europa advirtiendo que Cataluña quedaría fuera, nulo apoyo internacional, pantomimas de declaración unilateral… Con todo eso en marcha, y con elecciones en día laborable, se ha registrado una participación masiva y se han producido una serie de consecuencias:

  1. Por primera vez un partido constitucionalista ha ganado las elecciones en votos y escaños.
  2. Los dos partidos nacionales tradicionales, por decirlo así, PP y PSOE, han cosechado sendos fracasos. En especial el primero, auténticamente escandaloso.
  3. Los partidos separatistas han reeditado mayoría absoluta en el parlamento, aunque con dos escaños menos que en la anterior legislatura.
  4. Los radicales de la CUP han perdido muchos votos y escaños. Lógico por otra parte, si los partidos más tradicionales se han radicalizado ya hasta el extremo de la sedición: ¿para qué votar a una banda de gamberros si el propio gobierno y parlamento se han convertido en gamberros?
  5. El llamado catalanismo moderado, la antigua Convergència, ha desaparecido como tal: se ha pasado con armas y bagajes al separatismo, y sus votantes con ella.
  6. Cataluña está definitivamente fracturada en dos bloques absolutamente opuestos en todos los aspectos. Rural frente a urbano, catalanoparlante frente a hispanohablante, subsidiado frente a generador de riqueza, interior frente a costero,… Ahora están claras las fuerzas con que cuenta cada cual.
  7. El bloque independentista es absolutamente impermeable a cualquier argumento, razón o dato. Con la que ha caído, y no ha sufrido el menor castigo electoral. Los dos escaños menos se deben a la mayor participación de los no nacionalistas.

Esta suma de elementos solo puede augurar un futuro a corto plazo: la ingobernabilidad y el caos político. Va a ser francamente difícil formar un gobierno mínimamente estable, con lo cual la inseguridad jurídica está garantizada. A medio plazo, el empobrecimiento y la tensión creciente entre ambos bloques: la inestabilidad provocará que continúe la fuga de empresas y de capitales, el retraimiento del consumo, del turismo y el aumento del paro; la tensión ambiental derivará con toda probabilidad en enfrentamientos. Y a largo plazo, si no se toman medidas importantes, la independencia.

Los ciudadanos de Cataluña hemos tenido la oportunidad de devolver la normalidad a su comunidad, volver a la gestión ordenada de su riqueza y de su administración, que goza de unas competencias amplísimas. De recuperar el respeto a la ley. De interpretar los mensajes que les han llegado de todas partes del mundo, desaconsejando la aventura insensata que sus dirigentes políticos iniciaron en la pasada legislatura. Y la hemos desaprovechado. Hemos decidido perseverar en el disparate y en el desafío, y seguir apoyando a unos líderes que están siendo encausados por delitos gravísimos, sin considerar siquiera a efectos prácticos lo absurdo de votar a personas que probablemente pasarán muchos años en prisión, premiando incluso al cobarde que huye frente al coherente que, errado o no, se queda. Pienso que a España ya solo le queda una opción, que es cerrar las compuertas y arbitrar todos los medios necesarios para que los daños se limiten, en la medida de lo posible, a la región desleal y no se extiendan al resto de España.

Por una parte frenando en seco, con todos los medios disponibles, el descarado, inquietante e intolerable expansionismo del nacionalismo catalán por Valencia, Baleares y Aragón. Hay que hacer todo lo que sea necesario porque ha pasado a ser un asunto de seguridad nacional. La Generalidad lleva muchos años invirtiendo en subvencionar entidades y actividades pancatalanistas: hay que contrarrestarlo.

Y por otro lado garantizando que el suicidio colectivo al que parece dispuesta buena parte de la sociedad catalana, que controla además prácticamente todos los resortes del poder autonómico y local, muy por encima de su representatividad real, no arrastre al conjunto de la sociedad española, su economía, su convivencia, su libertad y su prosperidad. Hay que decirlo con claridad: a una región desleal se la ha de tratar como tal. Ya está claro a estas alturas que no se va a comprar lealtad con concesiones de cualquier tipo. Ya se ha demostrado la contumacia en la vulneración de las leyes, en el engaño del que incluso se alardea, en el despilfarro de los recursos públicos, en el desprecio a la oposición y a los mínimos usos parlamentarios (¿algún partido separatista ha felicitado, como es norma de cortesía, a la vencedora de las elecciones?), a la democracia misma. Abandonemos la leyenda de que “el gobierno de España es una máquina de fabricar independentistas”. No es más que una invención interesada para incentivar precisamente la inacción, so pretexto de que la acción alimenta el separatismo. Ni una cesión más. Limitar los daños al territorio enfermo.

Evidentemente que el cierre de compuertas atrapa a muchos que no deberían verse en esa situación. De igual modo que les atraparía una declaración de independencia. Con la diferencia de que si se produce ahora no es irreversible. La ruina de Cataluña va a producirse en todos los ámbitos, no cabe duda. Es dolorosamente necesario que quienes votan por la ruptura perciban desde ya en sus propias carnes que lo que se les viene advirtiendo es una realidad. No nos vale que lo descubran una vez independizados, porque entonces todos sabemos que la nueva república catalana, totalitaria en su diseño, no permitiría una vuelta atrás. En definitiva, buena parte del objetivo del proceso es lograr la impunidad para sus políticos, con lo cual la reversión está descartada. La única posibilidad reside en la posibilidad de que, antes de producirse el hecho irreversible, los catalanes perciban las consecuencias en forma de crisis económica, paro, decadencia cultural y empresarial… ¿Significa esto que haya que incentivar por ejemplo la huida de empresas? No, pero sí hay que facilitar que quien quiera irse lo pueda hacer. A fin de cuentas eso puede ayudar a desarrollar otras zonas de la geografía española. Significa por ejemplo que hay que dejar en cuarentena cualquier inversión importante en infraestructuras en Cataluña: ¿qué sentido tiene que el Estado invierta en una región que manifiesta reiteradamente su voluntad de largarse y quedarse por tanto con los frutos de esa inversión?

Lo cual no quiere decir que el Estado abandone sus responsabilidades en Cataluña, todo lo contrario. Ha de hacerse más y más presente, ha de marcar territorio y exigir el cumplimiento cotidiano de la ley hasta en el último rincón. Pero de forma eficaz. Si no, con cuatro promociones de alumnos adoctrinados que accedan a la edad de voto la balanza se inclinará del lado del separatismo y entonces sí estará todo perdido.

Se trata simplemente de hablar claro. De que los empresarios y trabajadores entiendan que si Cataluña no es leal al proyecto nacional español recibirá un trato proporcionado a su actitud. Y que lo entiendan también los empresarios y trabajadores valencianos y baleares. Queremos un Estado fuerte que actúe, y no que reaccione. Que tome la iniciativa y que no vaya a remolque. Y ahora la iniciativa pasa por cerrar las compuertas e impedir que la inundación alcance otros compartimentos. Para los que siguen dentro habrá que buscar soluciones que les defiendan en lo posible: son ciudadanos españoles. Pero el deber del Estado es proteger al conjunto de la Nación, no solo a una parte de ella en detrimento del resto. No hay que intentar contentar a quien nunca se va a dejar contentar, y además va a aprovechar las cesiones para perseverar en su empeño.

La única fábrica de independentistas es la debilidad y la cesión continuada.

Cierren las compuertas.

Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

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