Penalti y expulsión. Pero el partido continúa. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

“Para el día 21D no hay izquierda ni derecha: hay separatismo frente a voluntad de construir juntos; hay supremacismo frente a igualdad; hay mezquindad frente a solidaridad; hay violación de toda ley frente a legalidad; hay fractura frente a fraternidad”.

 

Hace un par de semanas, después de las continuadas marrullerías, juego sucio, violaciones de la legalidad y trampas, el gobierno central echó mano del silbato y detuvo el partido, señalando pena máxima contra el gobierno catalán y expulsando del terreno de juego a los principales artífices de tanto abuso. Esto sucedió cuando quedaba apenas un minuto de partido y el bando separatista albergaba serias posibilidades de al menos empatar y, tal vez, aprovechando la hasta ahora sorprendente tolerancia arbitral, acabar metiendo un gol en el último instante.

El árbitro, por tanto, ha puesto las cosas en su lugar al dar al equipo constitucionalista la oportunidad, una vez expulsados los jugadores más violentos y marrulleros, de lanzar un disparo a puerta que le dé la victoria sobre el pitido final.

Ahora bien, con ese gesto imprescindible y de estricta justicia lo que el árbitro ha hecho es lo más limpio y escrupuloso que podía hacer, que es dejar en las botas del equipo constitucionalista la posibilidad de ganar el partido dentro del más estricto cumplimiento del reglamento. La posibilidad. Una sola posibilidad. El árbitro no puede ganar el partido, solo puede equilibrar las fuerzas que los del juego sucio habían desequilibrado de forma ilícita. Solo los jugadores constitucionalistas pueden introducir el balón en la portería separatista y ganar definitivamente el partido.

Por lo tanto, lo que ha hecho Rajoy es lo que tenía que hacer. Pero al propio tiempo (y no es un reproche) ha colocado al pueblo catalán, a esa famosísima (y quién sabe si mitológica, ahora lo sabremos) mayoría silenciosa frente a su destino. La jugada es audaz y temeraria, y eso es francamente raro en Rajoy. Con lo cual no sabemos si todo es fruto de un elaborado plan o pura casualidad, pero a estos efectos tanto da: el balón está en el punto de penalti y nos toca lanzar. El estadio mediático ruge en contra, los rivales que permanecen sobre el terreno hostigan al lanzador, pero hay un balón y una portería y toca chutar.

La traducción de todo esto es que el 21D hay que ganar, sí o sí. Si esta vez no ganamos, sinceramente, no vamos a poder quejarnos. Sé que muchos no lo comparten porque sostienen que después podrá volverse a aplicar el 155 tanto como sea necesario y que en definitiva, si el nuevo parlamento surgido de las urnas reedita una mayoría separatista más o menos exigua, el gobierno resultante seguirá obligado a cumplir la legalidad. Cierto sobre el papel, pero ellos habrán ganado legitimidad y nosotros habremos perdido la vitola de mayoría silenciosa. O mejor dicho: la de mayoría, porque la de silenciosa la habremos confirmado.

Hemos de ir a votar todos los que no compartimos el proyecto separatista y fracturador de la propia Cataluña, y de esta respecto a España y a Europa. Luego ya discutiremos qué tipo de sociedad, dentro del marco constitucional, preferimos: socialista, liberal (es broma, ya…), conservadora o eso absolutamente difuso que se denomina “de centro”, con más autonomía o con menos. Pero eso solo podremos discutirlo de forma pacífica y democrática si ahuyentamos y erradicamos definitivamente el espantajo separatista, supremacista y excluyente.

Para el día 21D no hay izquierda ni derecha: hay separatismo frente a voluntad de construir juntos; hay supremacismo frente a igualdad; hay mezquindad frente a solidaridad; hay violación de toda ley frente a legalidad; hay fractura frente a fraternidad.

En el bando constitucionalista hay opciones de izquierda, de centro y de derecha. Nadie tiene excusa para quedarse en casa. Los que votan en las generales pero se quedan en casa en las autonómicas ya no tienen argumento: vamos a votar y convenzamos cada uno de nosotros a un indeciso, a un desencantado o a un vago.

Esta vez sí, aquel viejo eslogan del PSC dedicado al PP tiene más sentido que nunca: “si tú no vas, ellos vuelven”.

Vamos a lanzar el penalti, meter el gol y ganar el partido.

Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

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