República frente a 155. El día después. Por Daniel Brand @DaniielBrand

“Son muchos años de inexistencia del Estado en Cataluña para poder aplicar con éxito ahora el 155: la mayoría de puestos clave, la mayoría de cargos influyentes, a todos los niveles, están regentados por independentistas”.

 

 

Este es el primer artículo que escribo desde la nueva y flamante República independiente catalana. Así, como lo leen. Entiendo que a algunos, sobre todo a aquellos que viven por Madrit, les entre la risa al leer esto. Pero me gustaría hacerles saber que ayer, 27 de octubre de 2017, el Parlament de Catalunya surgido de las elecciones autonómicas del 27 de septiembre de 2015 proclamó la República catalana. Es decir: ayer, una parte del Estado, porque la Generalitat es Estado, conviene recordarlo, de la misma manera que el President de la Generalitat es la máxima autoridad estatal en Cataluña, decidió separarse unilateralmente del mismo.
Y se lo explico con toda la seriedad del mundo, la misma con la que los independentistas se han tomado el procés ©, la creación de las estructuras de estado (he visto a algunos de mis profesores de ESADE en TV3 explicando su creación, planificación y financiación con total impunidad), el adoctrinamiento en las aulas desde la más temprana edad o la propaganda mediática del régimen catalán, ese que tiene medios públicos y subvencionados, que no privados; ese que firma editoriales conjuntos, ese mismo.
La misma seriedad con la que me hubiera gustado que ciertos eruditos profetas de Madrit hubieran enfocado este tema: nunca quisieron ver la realidad, siempre pensaron que esto se arreglaba con más dinero o más competencias… como si del primero hubiera a espuertas y de las segundas quedara algo más que ceder a parte de Justicia y Hacienda.

Ayer nuestros representantes democráticos votaron la proclamación de la República con menos quórum del que fue necesario para aprobar el Estatuto de autonomía de Cataluña. Unos diputados, los que se quedaron para votar a favor de la independencia, que no suman ni siquiera la mitad de los votos emitidos en las últimas elecciones catalanas. Ayer, una vez más, porque el Parlament está secuestrado desde el 6 de septiembre, se votó saltándose el reglamento de la propia cámara, algo que desgraciadamente se ha convertido en la tónica habitual en los últimos meses.
Ayer se votó sin razón y sin vergüenza. Sin dar la cara. Decía Anna Gabriel en sede parlamentaria que ellos, los anarquistas anticapitalistas de la CUP, siempre han sido muy transparentes en todas sus votaciones pero que iban a hacer una excepción esta vez e iban a apoyar la propuesta de Junts pel sí de votar en secreto. La razón, argüía, no era otra que “evitar la brutal represión del estado español opresor”. Si no lo entienden no se preocupen, que yo se lo traduzco: votemos en secreto para evitar cualquier responsabilidad penal por parte del Estado del que nos acabamos de separar y que ya no reconocemos… solamente por si acaso. Y estos son los valientes que nos han llevado a Ítaca.
Por cierto, al aprobarse la votación de la resolución en secreto los diputados votaron “sí” o “no” en una urna, ese recipiente cuadrado (transparente esta vez) que los independentistas suelen equiparar y confundir (a propósito) con la democracia. En efecto, volvieron a poner las urnas porque, no lo olviden, ellos son muy demócratas. De hecho, creen ser los más demócratas de Europa (help Catalonia!), esa entidad que últimamente ya no es tan de su agrado porque no les quiere reconocer como estado soberano.

En definitiva, ayer volvieron a demostrarnos a todos que, de la misma manera que gritan exaltados en la calle “las calles serán siempre nuestras” o “TV3 será siempre nuestra” (para vosotros toda, que la disfrutéis), la democracia que dicen defender tan sólo es su democracia, no la de todos los catalanes.
Seguro que alguno de mis amigos de Madrit estará pensando que qué van a hacer ahora los independentistas, que ya no tienen salida, que les va a caer encima todo el peso de la ley y de tres números: un 1, un 5 y otro 5. Son los mismos que decían que no habría 9N (y lo hubo); los mismos que decían que no habría referéndum el 1O (y lo hubo, aunque en mi opinión fue más un butifarrèndum que otra cosa); los mismos que decían que el 10 de octubre no se firmó la proclamación de la República catalana (y se hizo, fuera del Parlament, pero se firmó, aun estando “suspendida”).
Se lo voy a explicar. Aquí, en Cataluña, los independentistas tienen muy claro que no han recorrido todo este camino para acabar negociando algo más de autonomía, dinero o incluso una reforma constitucional. Tienen incentivos para pensar así, además, ya que ese malvado estado opresor del que se separaron ayer les ha dejado llegar tan lejos que ahora no entienden de qué se queja. Es como el niño al que sus padres se lo consienten todo: el día que le prohíben algo no entiende a qué se debe tal cambio de actitud.
Así pues, el gobierno de la nación intentará aplicar la batería de medidas aprobadas ayer en el Senado pero, de la misma manera que el 1O eran los mozos de escuadra los encargados de retirar las urnas, ahora serán los funcionarios catalanes los encargados de ejecutar todas esas medidas. ¿Entienden ustedes por dónde va a ir esto, verdad? De la misma manera que algunos mossos cumplieron pero la gran mayoría no lo hizo, el govern ya cesado desde Madrid confía en la gente, en su gente, para rebelarse contra los dictados de su ahora estado vecino. Habrá quien diga que esto se acaba en cuanto el gobierno suspenda de empleo y sueldo a los funcionarios díscolos, como recordó ayer Soraya Sáenz de Santamaría. Veremos. También había quien decía que los mossos cumplirían las resoluciones judiciales o que el operativo de Guardia Civil y Policía nacional bastaría para que no se pudiera realizar un referéndum. Los golpistas están entrenados en este tipo de situaciones, más de lo que ellos hubiesen podido imaginar, porque el Estado les ha dejado realizar muchos ensayos previos a la gran obra final.
Recuerden lo siguiente: los funcionarios catalanes y los alcaldes serán claves en la aplicación del 155 en Cataluña. Con 600 alcaldes comprometidos con la República catalana y su legalidad paralela, sumados a un alto porcentaje de funcionarios independentistas dispuestos a perder su empleo en la promesa de recuperarlo tras una amnistía, Rajoy no lo va a tener fácil. Son muchos años de inexistencia del Estado en Cataluña para poder aplicar con éxito ahora el 155: la mayoría de puestos clave, la mayoría de cargos influyentes, a todos los niveles, están regentados por independentistas. Ellos creen que el 1O quedó patente que España no tiene el control efectivo del territorio en Cataluña.

Recuerdan que la gente, su gente, fue a votar y resistió las “brutales cargas policiales”. “Es nuestra gente la que hace la República, la que controla el territorio”. La estrategia es la de siempre: la gente contra la ley; o Catalunya contra España; o la República contra el 155.

Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

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