La commedia é finita. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

“… el artículo 155 vincula su aplicación al hecho de que una Comunidad Autónoma no cumpla las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actúe de forma que atente gravemente al interés general de España”.

 

Esta es la frase que cierra la ópera Pagliacci, mientras cae el telón. En escena hemos visto cómo Canio acaba de matar a su esposa Nedda sobre el escenario, mientras el público aplaude entusiasmado el realismo de un crimen que aparentemente forma parte del argumento de la obra, pero que por los celos del protagonista acaba convirtiéndose en un asesinato real a la vista de todos los espectadores.

Ayer la troupe independentista, a la que forzoso es reconocer un admirable afán de superación en generar nuevos y sorprendentes giros argumentales, hizo lo contrario: desarrollar en la escena parlamentaria un asesinato, revistiéndolo de drama solemne. El presidente de la Generalidad, tras dar mil rodeos, dijo algo tan vacuo como “asumo el mandato de que el pueblo de Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república”, para a continuación proponer que “el Parlament suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las próximas semanas emprendamos un diálogo sin el cual no es posible llegar a una solución acordada”. Como puede verse en la primera parte, no declaró la independencia, pero en la segunda propuso proponer la suspensión de esa declaración inexistente.

Ya hasta aquí resultaba rocambolesco. Pero es que a continuación, sin dignarse el presidente responder a los líderes opositores, se levantó la sesión y entonces una setentena de diputados firmaron fuera del hemiciclo (es decir, en el parlamento pero no en sede parlamentaria) un documento en el que, arrogándose una condición de representantes del pueblo catalán, declaran la independencia de Cataluña y su constitución como república, amén de otras banalidades. Este texto por supuesto no fue cometido a consideración ni mucho menos a votación del pleno, y por lo tanto tiene el mismo valor jurídico que el post it que ahora mismo cuelga de una esquina de mi pantalla. Ni el parlamento ni el presidente proclamaron ayer absolutamente nada y la prueba de ello es que de haberlo hecho, y dado que esa teórica suspensión aún no se ha producido, hoy Cataluña sería independiente y por lo tanto se habrían tomado los edificios oficiales, asumido el control de puertos, aeropuertos y fronteras, expedido documentos de identidad y pasaportes y los impuestos y cotizaciones se pagarían a las arcas catalanas. De eso nada, y por lo tanto ayer no se proclamó nada más que la enésima trampa para elefantes encaminada a que el gobierno de España golpee de una vez por todas y así, con suerte, podamos alimentar de nuevo el victimismo y atraer la atención de la prensa internacional.

Resumo: en base a los resultados de un referéndum nulo se activan los preceptos de una ley nula y se propone la suspensión por un plazo indefinido de una declaración que en ese momento no se ha formulado, pero que luego unos cuantos diputados firman en un papelito con el escudo de la Generalidad, antes de entonar el himno más lúgubre, triste y siniestro que los siglos han visto, que es Els Segadors.

Dicho lo cual, y manteniendo una vez más que ayer no se aprobó nada, no podemos permitirnos el lujo de olvidar el carácter esencialmente tramposo de la política catalana: lo que hoy no es ley puede serlo dentro de dos horas, los órdenes del día pueden modificarse arbitrariamente, las leyes pueden ser retroactivas y las declaraciones firmadas por un grupo de amiguetes en el bar del parlamento pueden adquirir carácter vinculante, aun sin haber sido publicadas en ningún boletín oficial, por el mero hecho de que alguien anónimo estampe un garabato al pie. Es decir, todo es trampa, artificio, cartón piedra y, por supuesto, traición y deslealtad.

Por lo tanto, lo que procede es apartar la hojarasca y volver a los orígenes, que son de una simplicidad absoluta y que se reducen a lo siguiente: el artículo 155 vincula su aplicación al hecho de que una Comunidad Autónoma no cumpla las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actúe de forma que atente gravemente al interés general de España. Pregunta: ¿está cumpliendo la Generalidad las obligaciones que la Constitución u otras le imponen? No, padre. ¿Está actuando la Generalidad de forma que atenta gravemente al interés general de España? Sí, padre. Pues ya está.

Hágase un resumen de las actuaciones de la Generalidad y de los delincuentes que la forman durante los últimos meses (por no ir más lejos), constátese la lesión al interés general de España y el desacato continuado y contumaz, y adóptense las medidas que sean necesarias para intervenir esa autonomía desleal y traidora. Deténgase a quien se tenga que detener, procésese a quien haya que procesar, césese a quien haya de ser cesado (sean decenas, cientos o miles en los tres casos) y procédase a desmontar meticulosa y despiadadamente el entramado de influencias, compra de voluntades, aleccionamiento de alumnos, manipulación de informaciones, gastos indebidos y conspiraciones permanentes. Ábranse las ventanas, ventílense las estancias y recúrrase si es preciso a una empresa de desinfección. Gobiérnese a partir de ahí durante tanto tiempo como sea preciso con sabiduría y la vista puesta en el ciudadano: que note que lo que se ahorra en embajadas revierte en camas de hospital; que lo que no se llevan Omniun y la ANC sirve para reducir las listas de espera; que el despilfarro que suponía TV3 y sus satélites permite mejorar las pensiones; que sin malbaratar en selecciones nacionales los proveedores cobran antes; que sin malgastar en lobbies que trabajen por la independencia se puede bajar el tipo de IRPF más alto de España que padecemos, etc.

Y luego, después, pasado tanto tiempo como sea necesario como para que los efectos devastadores de la propaganda nacionalista dejen de abatirse sobre las cabezas de los catalanes, y como para que estos noten los efectos beneficiosos de una gestión enfocada al ciudadano y no a la casta política, convóquense elecciones a un parlamento netamente autonómico, sin chaladuras.

Y remátese la jugada colocando en lugar visible del hemiciclo una lápida de mármol en la que se lea, simplemente, “10 de octubre de 2017. La commedia é finita”.

Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

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