La identidad servil. Por José Sánchez Tortosa @galonni

En memorable escena de la memorable Amanece que no es poco, el alcalde, a su llegada al pueblo acompañado por una resplandeciente dama, es recibido por los paisanos con gran alborozo. Uno de los asistentes reclama su derecho a disfrutar de la compañía de la moza al grito de “¡Queremos que la moza sea comunal!”. Pero la reivindicación debió de parecer insuficiente por lo que otro completó: “¡Y turgente!” A lo cual, el primero rectifica con énfasis: “¡Que turgente ya es!”

Pues parece que en análogo lío se enredan muchos cuando tienen que afirmar al mismo tiempo que somos iguales, pero diferentes. “¡Que diferentes ya somos!”, habría que recordar, sin necesidad de remitirse a los aforismos fulgurantes de Heráclito El Oscuro. Mientras no se precise con respecto a qué se es igual o diferente el enredo no se deshace.El asunto se complica en esta especie de festival de identidades, de espectáculo circense en el cual todo sujeto reclama para sí una condición sagrada, intocable, invocada bajo la etiqueta correspondiente: sexual, gremial, nacional, étnica, religiosa. Me siento así equivale a Soy así: el arbitrario capricho subjetivo del individuo elevado, vía santa metafísica postmoderna, a la categoría del Ser. Pero el sentimiento miente, como decía Lacan, jugando con las palabras. Penoso sarcasmo superar las cadenas del pensamiento grave y pesado de los “Grandes Relatos”, que Nietzsche pretendía demoler a martillazos con el pensamiento grácil del gay saber, para caer en la grotesca metafísica de saldo de las etiquetas postmodernas, en la servidumbre de las identidades más triviales y ridículas. El espíritu libre y saltarín, dionisíaco y trágico, apasionado esteta del eterno retorno y del devenir continuo, que no se somete a la rigidez esclava de los dogmas, de la corrección moral, sería censurado hoy por el puritanismo reinante. Los débiles, que no se soportan a sí mismos, que no se soportan libres, se aferran a la invención de un sentido para la vida, que carece de él, como la literatura arcaica griega ya anuncia abiertamente. Ese refugio impostado, que en vano aspira a cerrar la fractura fatal que es condición de lo humano, inocula la parálisis de la identidad, infecta la vida y la traiciona. A diferencia de la mediocridad servil que nos rodea, la afirmación de la diferencia irremediable y constante que diluye el yo, ese fantasma, esa condena, libera siquiera precariamente de la estupidez cotidiana: No soy, soy otro (Rimbaud), continuamente otro, que no se deja apresar por sí mismo, por el odioso yo (Pascal)… Le moment où je parle est déjà loin de moi (Boileau).

http://el-jardin-de-epicuro.blogspot.com/

Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

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