Diáspora vasca VI. El ámbito rural. Texto de Eugenio Narbaiza @eugenionarbaiza

“En aquellos años, el nacionalismo se hizo dueño de todo, su influencia social era absoluta con reivindicaciones sobre la lengua, tradiciones y ejercía una presión absoluta hacia todo aquel que no se sentía nacionalista. Esta presión se ejercía desde la Iglesia, dada la condición mayoritariamente católica de la sociedad vasca, dirigiendo las opiniones y planteamientos de muchos ciudadanos de edad avanzada.”

 

En esta sexta entrega de Diáspora Vasca nos vamos a centrar en las condiciones de vida que los no nacionalistas han tenido en el País Vasco desde los inicios de la democracia hasta la fecha, pero distinguiendo lo que es el ámbito rural de la convivencia en las ciudades, teniendo en cuenta los diferentes parámetros sociológicos existentes.

Aunque voy a contar situaciones que han vivido los no nacionalistas a lo largo de los años, voy a iniciar el relato con un hecho que ha sucedido en este mismo año, concretamente en el mes de mayo pasado. Tengo una enorme amistad con una ex concejal del PP en la localidad guipuzcoana de Azcoitia, mi pueblo natal, desde niño. Ella es Pilar Elías, mujer brava donde las haya y de 74 años de edad, que sigue españoleando y defendiendo sus ideas, a pesar de su condición de viuda de asesinado por Eta y de estar amenazada constantemente por el mundo radical. Para quien no se acuerde de ella, os diré que el asesino de su marido, le puso una cristalería debajo de su casa.

Pues bien, en una conversación telefónica de las muchas que mantenemos, Pilar me contaba que había recibido este mayo la visita de dos cargos del PP del País Vasco en su pueblo, a fin de ver en que condiciones se encontraba después de la retirada de escoltas por parte del Ministerio del Interior. Llevó a estas dos personas a una cafetería del centro de Azcoitia para obsequiarles con un café y se encontró con que, después de haber transcurrido cerca de veinte minutos desde que pidiera la comanda, el encargado de la cafetería les invitó a abandonar la misma porque no eran bien recibidos. Esto ha pasado en mayo de 2017 en una población guipuzcoana, en un momento en el que supuestamente Eta no mata, el nacionalismo radical se dice que está controlado y cuando se vende una falsa normalidad en las calles del País Vasco.

Retrotrayéndonos a la década de los 70 en donde yo era un preadolescente, recuerdo cómo al abandonar el País Vasco y concretamente Azcoitia por razones profesionales paternas, cuando regresábamos a nuestro pueblo, generalmente en navidades, amigos de la familia solían preguntarme con cierta malicia: “ Eugenio ¿que prefieres, el lugar donde vives ahora o este que es tu pueblo y a esta que es tu gente?” También solían requerirme a que no olvidara el vascuence, idioma que hablo desde la cuna, ni el hecho de ser vasco, y a pesar de que con mi inocencia juvenil, les decía que quería a mi pueblo, pero que me encontraba tremendamente a gusto donde residía, lugar que hoy en día, considero mi pueblo real, mi sentimiento de pertenencia es a él y mis raíces infantiles están en esa maravilla cántabra de Laredo, lugar que me emociona, me enamora y me encanta.

Tampoco puedo olvidar que en esa época en la que Franco había fallecido y la democracia se abría camino, no con pocas dificultades debido a los asesinatos de ETA, ver a un coadjutor de la parroquia de mi pueblo, amigo personal de mi padre y de sentimiento español, contarle como intentaban por todos los medios advertir a los jóvenes que acudían a estudiar fuera del ámbito local que tuvieran cuidado con las compañías porque podían verse envueltos en jaleos al intentar ser captados por grupos cercanos a ETA u organizaciones pertenecientes al nacionalismo vasco.

En aquellos años, el nacionalismo se hizo dueño de todo, su influencia social era absoluta con reivindicaciones sobre la lengua, tradiciones y ejercía una presión absoluta hacia todo aquel que no se sentía nacionalista. Esta presión se ejercía desde la Iglesia, dada la condición mayoritariamente católica de la sociedad vasca, dirigiendo las opiniones y planteamientos de muchos ciudadanos de edad avanzada. Por otro lado, al ser concretamente mi lugar de nacimiento una zona de cierta importancia industrial con la existencia de pequeños talleres, empresas de fabricación del sector del mueble y una gran empresa de acería, existía un importante grupo de personas que habían acudido allí desde otras provincias españolas a ganarse la vida sin otro objetivo que prosperar. A esta emigración, se les denominaba como “castellanos” y se les sometía a una presión inimaginable para que, de una u otra manera, se fueran adaptando a las circunstancias de vida de la zona y se les “integraba” reconvirtiéndoles en nacionalistas, para sentirse iguales que los nativos del lugar. Esta situación de denominar “castellanos” a todo aquel que  no fuera nativo, llegaba hasta el extremo de que por ejemplo, mi madre, navarra de nacimiento, concretamente de la Barranca, hoy en día un lugar infectado por el nacionalismo abertzale, era calificada como “castellana” a pesar de estar casada con un nativo por el mero hecho de no hablar ni conocer el vascuence.

Este era a grosso modo el ambiente que se vivía en un pequeño pueblo guipuzcoano de apenas diez mil habitantes, rico desde el punto de vista económico, pero miserable desde el comportamiento social hacia los demás. Todavía nos queda por analizar la manera de vida en las grandes capitales y la influencia del nacionalismo para dificultar la vida de los no nacionalistas, salvo que accedieran a reconvertirse, pero eso será ya la semana que viene en otro capítulo de nuestra DIÁSPORA VASCA. Confieso que me siento orgulloso de ser vasco, pero que cuando analizo la vida que hemos llevado los no nacionalistas, creo que es imprescindible que lo conozca nuestra querida España.

Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

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